Varados en la ruta, murieron congelados: dramático relato de una sobreviviente

Georgina Oñate (32), Francisco Herrera (57) y Daniel Venegas (24), se encontraban regresando a Plottier luego de haber participado de un encuentro religioso en una iglesia de Aluminé, provincia de Neuquén. Viajando por la ruta 13 la acumulación de nieve les impidió avanzar y la camioneta en la que se trasladaban quedó atascada. A la deriva, sin señal en los celulares -el último contacto había sido con el hermano de la mujer en la mañana del miércoles pasado-. Eran las 2 de la tarde, sin posibilidad de pedir socorro, ante el panorama desolador, los hombres decidieron salir de la Toyota Hilux e ir por ayuda. Georgina pasó esa noche de nieve y temperaturas bajo cero rezando a bordo del vehículo. Ella fue la única sobreviviente, sus compañeros fueron encontrados al otro día congelados.

“Muchos hablan y dicen que fuimos inconscientes, pero no había nada que nos avisara que no estaba transitable esa ruta, supuestamente estaba habilitada”, justificó Georgina entre lágrimas. Recién pasó una semana de la trágica vivencia y el lamento por sus compañeros fallecidos, la mantiene en un entendible duelo. En diálogo con LM Neuquén recordó a sus amigos de vivencias religiosas y brindó detalles de aquella noche fatal.

“El hermano Francisco era muy bondadoso, y como ‘Rulo’ (Daniel) no conocía nada de esa zona dijo que volveríamos por otra ruta para que él viera otros paisajes”, relató la sobreviviente desde su casa en Plottier. “Íbamos bien, agarramos la ruta de Primeros Pinos, que estaba habilitada, nadie nos dijo que no se podía pasar”, enfatizó explicando la decisión de tomar la ruta 13.

“Íbamos bien hasta la subida en la que la camioneta se quedó. Francisco dijo que la pasábamos, dio marcha atrás y subimos, pero la camioneta se corrió para un costado y ahí nos quedamos. Intentamos sacarla, saltamos arriba de la caja, no teníamos ni una pala, y no pudimos salir, ahí Rulo se acordó que habíamos pasado por un lugar donde había una máquina y dijo ‘voy hasta ahí, la sacamos, la usamos y la devolvemos”, recordó la mujer.

El joven de 24 años se fue mientras Francisco y Georgina se quedaron en la camioneta. Regresó a las dos horas, sin soluciones a la vista. “Cuando lo vimos venir me puse a prepararle unos mates para que tome algo caliente. Comimos unos sanguchitos y Francisco dijo que iba a salir, que sabía que cerca estaba la Gendarmería”.

Los dos hombres salieron a buscar ayuda, con poco abrigo, de hecho la mujer le prestó su campera a Francisco quien solo llevaba puesto una remera manga larga y un chaleco. “Me dijeron que vaya prendiendo la camioneta cuando tenga mucho frío y que me calefaccione con eso. Me quedé ahí adentro, ellos iban y volvían”, explicó Georgina.

“Cuando empezó a oscurecer me empecé a preocupar. Francisco me había dicho que mantuviera las balizas prendidas. Y cuando estaba oscuro empecé a tocar bocina, prender las luces, para que ellos escucharan si se habían desorientado. Lloraba, era lo único que podía hacer”, graficó la dramática experiencia.

El frío y el miedo le impidieron poder dormir. Georgina pasó toda la noche con los pies congelados, y a pesar de que tenía víveres en el vehículo, no quiso comer ni tomar agua para evitar salir de la camioneta a hacer pis. Amaneció y se ilusionó con la idea de que quizás sus amigos habían encontrado algún refugio. Intentó salir a buscarlos pero no encontró rastros que seguir y decidió volver.

“Tenía mucho frío, prendí la camioneta, y en esas prendidas y apagadas se quedó en contacto y se agotó la batería, y me entré a desesperar. Dije ‘voy a morir”, recordó la joven que luego apeló a la fe: “Le pedí a Dios que no quería morir, que necesitaba una oportunidad”. En un primer momento ella sintió que su plegaria hizo efecto: “Me quedé dormida, y al despertar miro por el espejo y veo a tres personas caminando. Pensé que podrían venir a robar, me quedé quieta hasta que vi que tenían uniformes”, era Gendarmería que logró encontrarla. “Pensé que lo había logrado, que Dios me había escuchado y me había salvado”.

Georgina se ilusionó pensando que los rescatistas ya habían hallado a sus compañeros de iglesia, pero cuando le dijeron que no, sintió: “se me vino el mundo abajo”.

“Fue la peor noche de mis 32 años. Más que miedo, era desesperación de no saber dónde estaban los chicos. Salieron a esa hora para volver temprano, pero no volvieron”, lamentó entre lagrimas. Al día siguiente del rescate de Georgina, Francisco y Daniel fueron encontrados sin vida cubiertos de nieve, a 40 kilómetros de donde se habían atascado con la camioneta.

“Esto que nos pasó a nosotros no se lo deseo a nadie, pero no fue culpa nuestra. No fue inconsciencia nuestra. Si alguien nos hubiera avisado no íbamos por ese lugar”, concluyó la mujer.

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