Mora en alza: los bancos no bajan las tasas de interés de sus préstamos

La mora récord en el sistema financiero se consolidó como uno de los principales desafíos para el crédito en 2026. Aunque el Banco Central de la República Argentina (BCRA) adoptó medidas para reducir la volatilidad y empujar a la baja el costo del dinero, los préstamos personales y de consumo continúan en niveles elevados, afectando directamente a las familias y al ritmo de la economía.

El diagnóstico entre economistas y actores del sistema es coincidente: la baja de tasas resulta clave para reactivar el crédito, asistir a los deudores en dificultades y dinamizar la demanda interna. Sin embargo, ese objetivo choca con un escenario marcado por la incertidumbre y el deterioro de la capacidad de pago de los hogares.

En los últimos meses, la presión sobre las tasas se intensificó en paralelo con el aumento de la morosidad, que alcanzó niveles inéditos en las últimas dos décadas. La caída del salario real, el incremento de tarifas y el sobreendeudamiento configuraron un contexto complejo que impactó de lleno en las finanzas familiares.

En este marco, los bancos sostienen una postura defensiva. Argumentan que la volatilidad de corto plazo dificulta fijar tasas más bajas a mediano plazo, por lo que optan por cubrirse ante eventuales cambios bruscos en el costo del financiamiento. Esta lógica se replica tanto en préstamos personales como en otras líneas destinadas al consumo.

Así, se configura un círculo difícil de romper: la mora elevada impulsa tasas más altas para cubrir el riesgo de incobrabilidad, mientras que esas mismas tasas encarecen el crédito y complican aún más la capacidad de pago de los deudores.

Si bien el Banco Central de la República Argentina logró mantener las tasas de referencia en niveles relativamente bajos, ese descenso no se trasladó con la misma intensidad al costo del crédito. Entre julio de 2025 y abril de 2026, los préstamos personales se ubicaron mayormente entre el 65% y el 85% de tasa nominal anual, muy por encima de lo que los bancos pagan por los depósitos, lo que evidencia un amplio margen entre ambas puntas.

Para revertir esta dinámica, la autoridad monetaria reactivó instrumentos orientados a dar mayor previsibilidad al sistema, como la implementación de un corredor de tasas y la flexibilización de encajes, con el objetivo de liberar liquidez y fomentar el crédito a plazos más largos.

No obstante, las entidades financieras continúan priorizando la cautela. El temor a un mayor deterioro de la cartera, sumado a la falta de señales claras de estabilidad macroeconómica, las lleva a sostener tasas elevadas y a restringir el acceso al financiamiento, especialmente en los segmentos más riesgosos.

El impacto de esta situación se refleja en una demanda interna que se mantiene deprimida y en hogares que encuentran cada vez más dificultades para financiar consumos o reordenar sus deudas.

En este contexto, la evolución de la morosidad y la consolidación de la estabilidad macro serán determinantes para que, eventualmente, los bancos comiencen a trasladar la baja de tasas al crédito. Hasta entonces, el acceso al financiamiento seguirá siendo limitado y costoso para buena parte de la población.

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