La fractura interna del peronismo atraviesa uno de sus momentos más delicados. Lejos de encontrar una estrategia común frente al gobierno de Javier Milei, el espacio se sumerge en una escalada de enfrentamientos que expone cada vez más las diferencias entre el kirchnerismo y el sector que responde al gobernador bonaerense Axel Kicillof.
Cruces públicos, discusiones en redes sociales, acusaciones entre dirigentes y enfrentamientos en la Legislatura bonaerense reflejan un clima de tensión creciente que preocupa incluso a referentes históricos del justicialismo. La sensación predominante dentro del espacio es que la disputa interna se ha convertido en el principal obstáculo para reconstruir una alternativa de poder de cara a las elecciones de 2027.
La última sesión en el Senado bonaerense dejó una nueva muestra de esa crisis. El senador Sergio Berni cuestionó duramente a Kicillof durante su intervención y recordó las diferencias ideológicas que el actual gobernador mantuvo en el pasado con las políticas económicas impulsadas durante los gobiernos kirchneristas. El intercambio derivó en un fuerte cruce con la vicegobernadora Verónica Magario, quien terminó interrumpiendo su exposición.
A las críticas de Berni se sumaron las del senador e intendente en uso de licencia de José C. Paz, Mario Ishii, quien reclamó la falta de tratamiento de proyectos vinculados a la emergencia alimentaria y cuestionó la situación social que atraviesa el conurbano bonaerense.
El episodio legislativo se produjo pocos días después del acto encabezado por Máximo Kirchner en Parque Lezama, cuyo discurso fue interpretado por sectores cercanos a Kicillof como una nueva señal de confrontación interna. Lejos de apaciguar las diferencias, la intervención del líder de La Cámpora terminó profundizando las tensiones existentes.
La disputa también se trasladó a las redes sociales. El ex jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina, alineado actualmente con el kicillofismo, criticó el tono del acto y consideró que estuvo excesivamente enfocado en las internas partidarias. Sus declaraciones provocaron una dura respuesta de dirigentes camporistas como Emanuel González Santalla y Facundo Tignanelli, quienes lo acusaron de actuar como un factor de división dentro del peronismo.
La discusión escaló rápidamente con intercambios de descalificaciones personales que dejaron al descubierto el nivel de deterioro en la convivencia interna. Lo que comenzó como una diferencia política derivó en una confrontación abierta que evidencia la falta de una conducción capaz de ordenar al espacio.
Mientras tanto, el peronismo observa cómo sus conflictos internos ocupan el centro de la escena política. En un contexto económico y social complejo, dirigentes territoriales admiten en privado su preocupación por la incapacidad del movimiento para construir una agenda común y aprovechar las dificultades del oficialismo nacional.
Con Cristina Kirchner fuera de la competencia electoral y Axel Kicillof proyectándose como una de las principales figuras del futuro peronista, la disputa por el liderazgo parece recién comenzar. Sin acuerdos claros ni una estrategia compartida, la interna amenaza con profundizarse y condiciona seriamente las posibilidades del justicialismo de reorganizarse con vistas a la carrera presidencial de 2027.







