Tras la salida de Manuel Adorni del Gobierno, el presidente Javier Milei intentará reencauzar la agenda política y concentrar todos sus esfuerzos en un único objetivo: que la recuperación económica se convierta en el principal argumento de cara al calendario electoral de 2027. En la Casa Rosada consideran que, superado el escándalo que golpeó la imagen oficialista, la evolución de la inflación, los salarios y la actividad será determinante para recuperar respaldo social.
La decisión de aceptar la renuncia de Adorni marcó un punto de inflexión. Aunque el Presidente había resistido durante semanas la posibilidad de desplazar a uno de sus colaboradores más cercanos, el desgaste político provocado por las denuncias y las inconsistencias en la declaración jurada del exfuncionario terminó por acelerar su salida. El episodio volvió a instalar la preocupación por la corrupción entre los principales temas que reflejan las encuestas de opinión.
Con ese capítulo cerrado, el Gobierno busca transmitir una imagen de mayor estabilidad y enfocarse nuevamente en la gestión económica. La designación del economista Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial apunta justamente a reforzar ese perfil y a instalar un discurso centrado en las reformas económicas impulsadas por la administración libertaria.
En el oficialismo consideran que existen señales alentadoras. Diversas consultoras ubican actualmente la imagen positiva de Milei en torno al 40%, un piso que el Gobierno espera consolidar si continúan descendiendo la inflación y mejorando los ingresos reales de la población.
El cierre del primer semestre aporta algunos indicadores favorables. Las estimaciones privadas anticipan que la inflación de junio podría ubicarse por debajo del 2% mensual por primera vez en el año, consolidando la desaceleración de los precios. Aunque no se descartan leves repuntes en los próximos meses, la expectativa oficial es que el proceso de desinflación continúe.
En paralelo, el escenario internacional también ofrece cierto alivio. La baja del precio internacional del petróleo hacia la zona de los 70 dólares podría contribuir a moderar futuros aumentos en los combustibles, un factor que ayudaría a sostener la desaceleración inflacionaria.
Otro frente que sigue de cerca el Gobierno es el cambiario. Durante junio, el dólar oficial acumuló una suba cercana al 5%, superando la inflación prevista para el mismo período. Sin embargo, el Banco Central intervino para evitar movimientos bruscos cuando la cotización minorista se aproximó a los $1.500, utilizando operaciones en el mercado de futuros y bonos para estabilizar las expectativas.
La presión sobre el mercado cambiario continúa siendo significativa. Mientras disminuye el ingreso de divisas por exportaciones agrícolas, la demanda de dólares para ahorro permanece elevada y también crecen las remesas de utilidades al exterior autorizadas por el Gobierno. Aun así, el equipo económico sostiene que permitirá una depreciación gradual del tipo de cambio, evitando sobresaltos que puedan afectar la estabilidad financiera.
Los economistas coinciden en que la recuperación económica será gradual. El exministro Nicolás Dujovne definió el escenario esperado como una «reactivación mediocre», aunque reconoció que el programa económico mantiene una dirección consistente. En abril, los salarios registraron una mejora superior a la inflación, una tendencia que podría repetirse durante los próximos meses, aunque parte de ese incremento quedaría absorbido por los mayores costos de tarifas, salud privada y educación.
Con este panorama, la estrategia política del oficialismo queda claramente definida: dejar atrás el costo político del caso Adorni y apostar a que una inflación en descenso, un dólar relativamente estable y una recuperación paulatina del poder adquisitivo permitan fortalecer la imagen presidencial.
No obstante, en el Gobierno reconocen que el desafío electoral seguirá siendo complejo. Más allá de llegar competitivo a las próximas elecciones, uno de los principales objetivos será ampliar la diferencia sobre sus eventuales adversarios para evitar un balotaje, un escenario que los mercados consideran el de mayor incertidumbre y que podría volver a generar tensiones sobre el dólar y el riesgo país.
En definitiva, la administración de Milei inicia una nueva etapa en la que la economía vuelve a ocupar el centro de la estrategia política. El éxito de ese plan dependerá de que la mejora de los indicadores macroeconómicos logre traducirse en una recuperación perceptible del poder de compra y del bienestar de la población.






