El proyecto de eliminar las PASO suma rechazos en varias fuerzas políticas

PASO

Jaldo, el ministro Santilil y el salteño Gustavo Sáenz y el catamarqueño Raúl Jalil

El rechazo del gobernador tucumano Osvaldo Jaldo a la reforma electoral impulsada por Javier Milei marca un punto de inflexión en la relación entre la Casa Rosada y los llamados “aliados dialoguistas”. No se trata de una crítica aislada, sino de una señal política que empieza a replicarse en otros actores clave del escenario federal.

Jaldo cuestionó con dureza el corazón del proyecto: la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). Desde su mirada, estas primarias no solo ordenan la competencia interna de los partidos, sino que también amplían la participación ciudadana. Al calificarlas como una herramienta útil, contrapuso directamente el argumento del oficialismo, que sostiene que suprimirlas reduciría costos y simplificaría el calendario electoral.

Pero el planteo del mandatario tucumano fue más allá. Al hablar de un “traje a medida”, dejó entrever una sospecha compartida por varios sectores: que la reforma no sería neutra, sino diseñada para favorecer a La Libertad Avanza en futuros comicios. Esa lectura es la que empieza a generar ruido incluso entre dirigentes que, hasta ahora, venían acompañando varias iniciativas del Gobierno.

En ese mismo sentido, también surgieron reparos desde otros gobernadores como Raúl Jalil, lo que complica el panorama en el Senado, donde el peso de las provincias resulta determinante. La resistencia no se limita al peronismo: espacios como PRO y Unión Cívica Radical coinciden en que las PASO pueden requerir ajustes, pero no necesariamente su eliminación total.

El proyecto oficial incluye además otros puntos sensibles —como la boleta única y cambios en el financiamiento partidario— que, al estar agrupados en un mismo paquete, dificultan aún más la construcción de consensos. Incluso la Coalición Cívica planteó objeciones al considerar que iniciativas como “Ficha Limpia” deberían tratarse por separado.
En este contexto, la reforma electoral dejó de ser un trámite legislativo más para convertirse en un foco de tensión política. La clave estará en si el Gobierno logra desarmar este bloque heterogéneo de resistencias o si, por el contrario, la discusión termina empantanándose en el Congreso.
Lo que ya quedó claro es que la eliminación de las PASO toca intereses profundos: redefine el modo en que los partidos construyen liderazgo, altera estrategias electorales y reconfigura el equilibrio entre Nación y provincias. Y eso explica por qué incluso aliados circunstanciales empiezan a tomar distancia.

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