Caso Dalmasso: esta semana se definirá si hay condena o se cierra y queda en la impunidad

El martes, la fiscalía expondrá su acusación contra el viudo, Marcelo Macarrón, y la defensa pedirá su absolución; tras los alegatos, el jurado popular estará en condiciones de dar su veredicto el jueves
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Marcelo Macarrón con sus abogados

El juicio por el crimen de Nora Dalmasso transitará esta semana sus horas decisivas.

Este martes, el fiscal de Cámara Julio Rivero y Marcelo Brito, defensor del único imputado en el caso, el viudo Marcelo Macarrón, comenzarán sus alegatos ante los ocho jurados populares que, este jueves, estarán en condiciones de dictar sentencia y pronunciarla ante los tres jueces del tribunal que lleva adelante el debate.

En los cuatro meses de audiencias no hubo datos cruciales que permitan abonar la acusación de que Macarrón le pagó a un sicario para que asesinara a su mujer. Sí se multiplicaron las opiniones sobre las deficiencias de la investigación y, otra vez, sobre la vida privada de la víctima. En especial, sus relaciones íntimas.

A casi 16 años del conmocionante crimen, un veredicto absolutorio no solo permitirá que el viudo vuelva a su casa en Villa Golf, de Río Cuarto, como un hombre libre de culpa y cargo: también decretará el cierre definitivo del caso, con un punto final de impunidad. La causa prescribió, y si el autor material del crimen decidiera dar la cara, la Justicia ya no podría perseguirlo penalmente.

La madrugada del 25 de noviembre de 2006, mientras Macarrón participaba de un campeonato de golf en Punta del Este, Dalmasso fue asesinada en el dormitorio de su hija. Estaba desnuda, solo cubierta con una bata cuyo cinto estaba en torno de su cuello. Murió por asfixia.

El último de los cinco fiscales que pasaron por el caso elevó la causa a juicio con el viudo acusado de homicidio calificado por el vínculo y por precio o promesa remuneratoria; su predecesor lo había imputado como autor material del crimen, basado en las pruebas de ADN halladas en el cuerpo de Nora.

Según calificadas fuentes consultadas por LA NACION, el fiscal Rivero mantendría la acusación contra el viudo en su alegato. Pero lo haría para “salvar la ropa” ante la eventual endeblez probatoria. En el proceso no hay querella –la madre de la víctima, Nina Grassi, renunció a días de empezar el juicio–, por lo que si él no acusara, los jurados populares ni siquiera necesitarían deliberar para dar un veredicto absolutorio.

En el juicio, el fiscal se mostró convencido –por las expresiones que usó ante las declaraciones de los forenses– de abandonar la pista del ADN encontrado en el cuerpo de Dalmasso, que es de “linaje Macarrón”, según certificó el FBI.

En la primera acusación, que ponía a Macarrón en la escena del crimen, faltaba una pieza clave: cómo había hecho para cenar con sus amigos en Punta del Este, viajar durante la madrugada a Río Cuarto, matar a su mujer y regresar para desayunar y, luego, ganar el torneo de golf.

Otro fiscal cambió la imputación; omitió la prueba genética, sacó al viudo de la escena y le atribuyó la autoría intelectual del crimen. Rivero tiene que mostrar cómo lo hizo.

Marcelo Brito, defensor de Macarrón y exfiscal general de Córdoba, seguramente repetirá que no aparecieron pruebas porque “no existió” participación de su cliente y ratificará sus críticas a los fiscales del caso.

Testigos desmemoriados o fuera de tema

Ante los jurados populares y los jueces técnicos –Daniel Vaudagna, Natacha García y Gustavo Echenique Esteve– desfilaron testigos que no aportaron absolutamente nada y cuya relación con la causa era difícil de advertir. Para colmo, la Fiscalía y la defensa acordaron que no declararan el único amante reconocido de Nora y la examante de Macarrón.

En la elevación a juicio se planteó que el avance hacia el divorcio de la pareja, con la consecuente división de bienes, era el origen de las peleas entre la víctima y su esposo. Esos testigos podrían haber aportado algo; solo se sumaron sus declaraciones “por lectura”, no se los llamó.

Guillermo Albarracín vivía con su familia muy cerca de la casa de la víctima y la noche del crimen estaba en Punta del Este jugando al golf con Macarrón; llevaba una relación con Nora de menos de un año y fue el último que se mensajeó con ella antes de que la asesinaran.

Alicia Cid declaró después del crimen que llevaba hacía 20 años una relación paralela con el viudo. En esa testimonial, agregada por lectura al debate en las últimas semanas, calificó a Macarrón de “gringo re pijotero” y afirmó que “le gustaba alardear de su excelente posición económica en ese momento”.

Cuando le preguntaron cómo financiaba ese nivel de vida, señaló: “Supongo que haría algún tipo de negocio con sus vinculaciones […] Sus amigos, como [Daniel] Lacase o como ‘El Francés’ Miguel Rohrer”.

Rohrer –a quien el viudo y sus hijos señalan como el principal sospechoso del asesinato– sí declaró. Acusó al “clan Macarrón” de mentir por no tener “la conciencia limpia”, y señaló que “todos los caminos” conducen hacia el viudo a la hora de buscar responsabilidades por el crimen.

Los hijos de Nora, especialmente Facundo, invocó a terceras personas para afirmar que El Francés había sido amante de Dalmasso. Él lo negó categóricamente. También dijeron que había estado en Río Cuarto cuando ocurrió el crimen. Él replicó que estaba en Buenos Aires.

Obviamente, el caso Dalmasso fue el principio del fin de la amistad de Rohrer y Macarrón.

La falta de profundidad en los interrogatorios corrió de la mano de la ausencia de testimonios reveladores. Así como nadie pudo siquiera esbozar un sospechoso verosímil a la hora de teorizar sobre la autoría material del crimen, tampoco nadie llegó hasta el hueso a la hora de hablar del dinero de origen incierto que podría haber sido el disparador de las presuntas desavenencias en la pareja que explicarían el homicidio.

Cuando hubo testigos que hablaron de plata, las preguntas rápidamente los llevaron a otros temas. El fiscal Rivero dijo a la prensa que “hay pruebas suficientes” sobre el patrimonio del acusado, presunto móvil del crimen. En su alegato tendrá la oportunidad de demostrarlo y, sobre todo, de construir su hipótesis de que en el dinero está, justamente, el meollo de la cuestión.

Gabriela Origlia

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