Estados Unidos prepara una fuerte ofensiva económica contra Irán para presionar la apertura de Ormuz

Conflicto en medio riente

La administración de Donald Trump anunció nuevas sanciones financieras y comerciales contra Teherán. Washington busca limitar el acceso de Irán a divisas y aumentar la presión para recuperar la libre navegación por uno de los principales corredores energéticos del mundo.

El gobierno de Donald Trump prepara una nueva ofensiva económica y financiera contra Irán, con el objetivo de profundizar el aislamiento internacional de Teherán y ejercer presión para que se restablezca la navegación por el estrecho de Ormuz.

El paquete de medidas será presentado por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien anticipó que se tratará de una de las operaciones financieras más importantes impulsadas por Washington contra un adversario. La estrategia apunta principalmente a cortar las vías de financiamiento que permiten a Irán sostener su actividad económica y militar.

Entre las medidas bajo análisis aparece la posibilidad de ampliar las sanciones sobre empresas y entidades financieras que faciliten el comercio iraní, particularmente aquellas vinculadas con el movimiento de divisas desde China. Washington también evalúa aplicar medidas comerciales contra terceros países que mantengan operaciones con Teherán.

La intención de la Casa Blanca es incrementar el costo económico de las actividades iraníes sin avanzar, por el momento, con una nueva escalada militar directa. Trump habría optado así por utilizar las herramientas financieras y comerciales como mecanismo de presión para intentar abrir una instancia de negociación.

La disputa por el estrecho de Ormuz

El principal punto de tensión continúa siendo el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el transporte de petróleo y otros productos energéticos desde el golfo Pérsico hacia los mercados internacionales.

Cualquier restricción sobre el tránsito marítimo en esa zona tiene capacidad para repercutir rápidamente sobre el precio internacional del crudo y, en consecuencia, sobre los costos de los combustibles y otros productos en distintos países.

La situación también representa un desafío político para Trump. El incremento del precio del petróleo genera presión sobre la economía estadounidense y puede afectar las expectativas del Gobierno de cara a las elecciones legislativas de noviembre.

Por ese motivo, la Casa Blanca busca recuperar la circulación normal de los barcos por Ormuz sin recurrir, al menos por ahora, a una intervención militar de mayor escala.

Irán amenaza con responder

Desde Teherán, en cambio, ya surgieron advertencias frente a las nuevas medidas. Mohsen Rezaee, representante del líder religioso Mojtaba Khamenei en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, sostuvo que los países que colaboren con las restricciones estadounidenses podrían ser considerados enemigos por Irán.

La advertencia incrementó la preocupación entre los aliados árabes de Washington en la región, especialmente por la posibilidad de que una respuesta iraní alcance instalaciones o territorios de países del Golfo.

Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Arabia Saudita aparecen entre los posibles afectados ante una eventual escalada. Los gobiernos de esos países, además, buscan evitar que el conflicto entre Washington y Teherán derive en una confrontación militar de mayores dimensiones.

Trump enfrenta así un escenario complejo: mientras intenta utilizar la presión económica para conseguir una salida sobre Ormuz, debe evitar que las nuevas sanciones desencadenen una respuesta iraní que termine ampliando el conflicto.

Las nuevas medidas serán detalladas por Bessent durante una conferencia de prensa prevista para este lunes en Washington. La expectativa está puesta en el alcance de las sanciones y, especialmente, en el impacto que puedan tener sobre el comercio internacional y los mercados energéticos.

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