Dormir con mascotas puede mejorar el bienestar emocional, pero también afectar la calidad del sueño

Mascotas

Compartir la cama con un perro o un gato aporta compañía, tranquilidad y sensación de seguridad. Sin embargo, los movimientos nocturnos, las alergias y los posibles riesgos sanitarios hacen necesario evaluar cómo influye este hábito en el descanso.

Dormir con una mascota es una costumbre habitual en muchos hogares y, para algunas personas, una forma de reforzar el vínculo con sus animales de compañía. La cercanía durante la noche puede proporcionar tranquilidad, reducir la sensación de soledad y favorecer el bienestar emocional. Sin embargo, los beneficios no son iguales para todos y compartir la cama también puede traer algunas dificultades.

Un estudio publicado en la revista científica Clocks & Sleep, titulado Pet Bedsharing and Wellbeing, encontró que los adultos que dormían con sus perros presentaban mayores niveles de bienestar psicológico que quienes no tenían mascotas. No obstante, la investigación no demostró que dormir con el animal mejorara directamente la calidad del sueño ni que esa convivencia fuera la causa del mayor bienestar observado.

Los resultados sugieren que la compañía del perro durante la noche puede generar una sensación de protección y apoyo emocional. Para quienes viven solos o atraviesan períodos de ansiedad y estrés, esa cercanía puede resultar especialmente reconfortante.

La psicóloga y terapeuta especializada en intervenciones asistidas con animales Ángela de la Fuente explica que el contacto con perros y gatos puede contribuir a la regulación emocional. El calor corporal, la respiración tranquila y el simple hecho de sentirse acompañado son factores que ayudan a algunas personas a relajarse.

Estas interacciones también pueden relacionarse con cambios en la respuesta fisiológica al estrés, entre ellos una mayor sensación de calma y modificaciones en los niveles de oxitocina y cortisol, hormonas vinculadas con los vínculos sociales y la respuesta al estrés.

No todas las personas ni todos los animales reaccionan de la misma manera. Mientras algunos disfrutan del contacto físico durante toda la noche, otros prefieren descansar con mayor independencia. Lo mismo ocurre con las personas: quienes tienen el sueño ligero pueden despertarse ante cualquier movimiento, mientras que otras encuentran agradable compartir el espacio con su mascota.

Cuándo dormir con una mascota puede perjudicar el descanso

El principal inconveniente aparece cuando la presencia del animal interrumpe el sueño. Los perros y gatos pueden cambiar de posición con frecuencia, despertarse durante la noche, roncar u ocupar una parte importante de la cama. Estas situaciones pueden provocar despertares repetidos y reducir la continuidad del descanso.

Las personas con alergias al pelo, a la caspa o a otras partículas que transportan los animales también pueden experimentar molestias respiratorias. En esos casos, compartir la cama puede agravar los síntomas y dificultar un sueño reparador.

Por eso, los especialistas recomiendan observar cómo se siente cada persona al levantarse. Si dormir con la mascota provoca cansancio durante el día, despertares frecuentes o molestias físicas, conviene considerar alternativas, como colocar una cama para el animal cerca de la habitación o en otro espacio cómodo de la casa.

Higiene y prevención de enfermedades

Otro aspecto que debe tenerse en cuenta es la posibilidad de transmisión de microorganismos. Los animales pueden transportar parásitos, bacterias y otros agentes infecciosos capaces de provocar enfermedades en las personas.

La Organización Mundial de la Salud reconoce la existencia de más de 200 tipos de zoonosis, es decir, enfermedades que pueden transmitirse de forma natural entre animales y seres humanos. El riesgo concreto depende del animal, su estado de salud, las condiciones de higiene y el contacto que mantiene con las personas.

Para reducir las posibilidades de contagio, es importante mantener al día los controles veterinarios, las vacunas y los tratamientos antiparasitarios, además de lavarse las manos después de manipular a los animales y mantener limpios sus espacios de descanso.

Esto no significa que todas las mascotas deban permanecer fuera del dormitorio. La decisión debe considerar las condiciones de salud de los integrantes del hogar y las características de cada animal.

Cómo acostumbrar a una mascota a dormir en otro lugar

En algunos casos, el problema no está en compartir la cama, sino en la dificultad del animal para permanecer separado de sus dueños. Algunos perros experimentan estrés cuando se quedan solos y pueden manifestar inquietud al intentar dormir en otro ambiente.

Ante esa situación, los especialistas aconsejan realizar una adaptación gradual, sin recurrir a castigos ni forzar separaciones que aumenten el malestar. Una cama cómoda, ubicada inicialmente cerca de las personas, puede ayudar a que el animal se acostumbre a descansar en su propio espacio.

Si la angustia es persistente o intensa, puede ser necesario recurrir a un profesional en comportamiento animal para establecer una estrategia adecuada.

Un hábito que depende de cada hogar

Dormir con una mascota no es, por sí mismo, un hábito perjudicial. Para muchas personas representa una fuente de compañía, afecto y tranquilidad. Para otras, en cambio, puede convertirse en un obstáculo para lograr un descanso continuo.

La clave está en encontrar un equilibrio entre el bienestar emocional y la calidad del sueño. Si tanto la persona como el animal descansan bien y se mantienen las condiciones de higiene y cuidado sanitario, compartir la cama puede ser una opción válida. Si aparecen molestias, alergias o interrupciones frecuentes, adaptar los espacios para dormir puede ser la mejor alternativa.

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