Un cambio de nombre y un trágico final en Recoleta: los días de Guy Williams, el Zorro, en la Argentina

Conquistó el país con su justiciero personaje y rompió corazones durante los 80; su vida en Estados Unidos y el destino de sus restos
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Un cambio de nombre y un trágico final en Recoleta: los días de Guy Williams, el Zorro, en la ArgentinaArchivo

Le encantaba tomar café en La Biela y luego caminar por el barrio de regreso a su semipiso de Ayacucho y Alvear, en Recoleta. Sentía pasión por Buenos Aires, por la Argentina en general y por algunas mujeres de estas tierras que lo enamoraron…

Si bien se llamaba Armando Joseph Catalano, para todos nosotros fue Guy Williams, el hombre que le puso rostro a El Zorro, la serie que hoy todavía sigue logrando buen rating en los mediodías de eltrece. Nació un 14 de enero de 1924 en el barrio de Washington Heights, se crio en Little Italy en Manhattan, Nueva York y amaba este país desde que lo pisó por primera vez a comienzos de la década del 70.

Ya a los siete años comenzó su curiosidad por la esgrima de la mano de Attilio, su padre, quien junto a Clara, “su mamma”, se vieron obligados a buscar nuevos horizontes desde Mesina, su ciudad de origen, una población de Sicilia en Italia, de donde tuvieron que partir escapándole al hambre y la pobreza. Por tradición familiar Attilio había heredado esa capacidad para manejar el florete y se la transmitió a su hijo sin pensar que le estaba proporcionando la herramienta que marcaría su futuro artístico para siempre.

Él soñaba y se ilusionaba con ser actor, por eso más allá de intentar con varios oficios y lograr ingresar a la academia militar Peeskill, un día decidió abandonarlo todo, envió sus fotos a una agencia de modelos y así logró dar inicio a su carrera. Sus retratos empezaron a aparecer en publicidades de revistas y diarios, algunas marcas lo contrataron como modelo y así conoció lo que significaba ser medianamente famoso para bien y para mal, ya que un director decidió rechazarlo para una producción por su aspecto latino. Entonces a Henry Wilson, su agente de aquel momento, se le ocurrió que debía cambiar su nombre por otro que sonara más artístico. Nacía Guy Williams.

Su primer amor

Corría 1948 y de la mano de un comercial llegó su primer y gran amor: Janice Cooper, una bellísima modelo publicitaria, con la que debió esquiar para una marca de cigarrillos. Se enamoraron en el set de la producción fotográfica, decidieron casarse de regreso a Nueva York un 8 de diciembre de ese mismo año, y fruto de esa relación llegaron dos hijos, Steve y Anthony. La boda y el crecimiento de la familia lo hicieron más popular, llegaron los primeros comerciales para tevé, y decidió mudarse a Hollywood hasta que lo contrató Universal Studios para protagonizar algunos roles en sus producciones.

Hasta que en 1957 llegó su gran oportunidad como star de la serie El Zorro, que terminó teniendo dos temporadas con 78 episodios. El mismísimo Walt Disney en persona entrevistó a Guy -cosa nada frecuente- y le sugirió que se dejará un bigote no muy grueso.

Cuando terminó el ciclo, Williams realizó dos películas y luego llegó su participación en cinco episodios de Bonanza como primo de Will Cartwright, en 1964. Un año más tarde se convirtió en el profesor John Robinson en el programa de ciencia ficción Perdidos en el espacio.

El Zorro llega a la Argentina

Ya en 1968, Canal 13 comenzó a emitir El Zorro durante las tardes a partir de las 19 horas, y fue tal el furor y el rating que causó –donde se presentaba la medición alcanzaba los 40 puntos-, que decidieron invitarlo a viajar a Buenos Aires. Llegó a la Argentina un 1° de abril de 1973 y al otro día fue presentado en el programa Teleshow que conducía Víctor Sueiro.

Resultó tan atractivo para el público que concurrió también a Porcelandia, el envío del cómico Jorge Porcel. El rival para una exhibición de esgrima fue nada menos que un muy joven Fernando Lupiz, campeón argentino de esgrima, de quien terminó haciéndose muy amigo.

En julio volvió a visitar el país junto a Janice, su mujer, y el actor y barítono Henry Calvin —el famoso sargento Demetrio López García-. Un año más tarde llegó solo y por poco tiempo, y entre 1977 y 1978, ya separado, comenzó a presentarse con Fernando Lúpiz en un circo en Mar del Plata y resultó otro boom: más de 250 mil personas presenciaron esos shows.

Allí fue donde conoció a la actriz y periodista argentina Araceli Lizaso, su primer amor en la Argentina, amiga de Lúpiz, quien los presentó cuando fue a verlos al circo. El flechazo fue instantáneo. Ella tenía 24, y él 54, pero la diferencia de edad no importó. La relación funcionó con idas y vueltas. En 1983 Guy decidió volver a Los Ángeles para formar parte de varios programas de la televisión estadounidenses. Ese mismo año padeció un serio problema de salud, una embolia, de la que luego se recuperó.

Un año más tarde descubrió a Patricia, su segundo gran romance en estas tierras –hubo otro touch and go con una mujer de nombre Johanna- que duró hasta el día de su muerte, con alguna que otra separación, pero siempre regresaban. Cuando Guy interrumpía su relación con Patricia, solía volver a ver a Araceli, quien se había casado con otro hombre, pero luego aseguró que lo terminó dejando por las promesas de boda que le hizo Williams.

A fines de abril de 1989, mientras llevaba una vida tranquila en su departamento de Recoleta, nadie supo de él por unos días. Hasta que el 6 de mayo una vecina percibió un olor putrefacto frente a su puerta, dio aviso a Hugo, el encargado, y llamaron a la policía. El final fue trágico: lo hallaron muerto en la bañera producto de un aneurisma cerebral.

Por esas cosas extrañas que tiene el destino en el semipiso que alquilaba Guy en la calle Ayacucho vivieron con posterioridad Gustavo Cerati y la modelo Chloé Bello; hoy en día reside el diseñador César Juricich, expareja del modisto Carlo Di Doménico, fallecido en 2018.

Los restos de El Zorro descansaron en el panteón de la Asociación Argentina de Actores del cementerio de la Chacarita, hasta que Steve, su hijo varón, dos años más tarde, retiró sus cenizas y las trasladó a su país natal. Nacía la leyenda…

Miguel Braillard

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