Lollapalooza: Miley Cyrus, la versión más rockera y contundente de una ídola pop

La cantante brilló en la primera noche de Lollapalooza con un show que no dio respiro; brilló con sus canciones, con los covers y con los guiños que intercaló con astucia y precisión

Miley Cyrus creció, creció tanto que ahora hace rock. Y lo hace muy bien. Desde lo técnico, su show en Lollapalooza 2022 fue eso: un show de rock de alta factura.

Con una banda de sonoridad plena, un repertorio que fue desde lo más actual a los clásicos iniciáticos y una puesta en escena que dejó de lado el confeti multicolor por las infinitas combinaciones de negro. La popstar que ahora se planta como rockstar dio inicio al set que la tuvo como headliner del festival con “We Can’t Stop”, que incluyó un fragmento de un tema de los Pixies.

De ahí en adelante, las citas y reversiones de clásicos del cancionero norteamericano tendría sus paradas obligadas por Blondie y Dolly Parton. Canciones de rock para la era de la madurez que también hablan del lugar del género en la cultura global hoy: Miley creció, ahora hace rock. ¿No era el rock la música de la juventud? En la tabla etaria, está claro, siempre vendrá después del pop.

Un catsuit negro, anteojos del mismo color y una garganta a la que le queda muy bien lo explícito de los excesos en un cuerpo que todavía no cumplió 30 pero ya vivió todo lo que una diva puede vivir. La puesta en escena no incluyó mucho más que eso y sin embargo pareció no faltar nada, una reducción de elementos al mínimo vital y móvil de quien en otras épocas disfrutaba de hacer de sus shows un despliegue de cualquierismo pop magnífico.

Después de “Plastic Hearts”, el tema que le da nombre a su último disco (ese que marcó esta etapa rocker), “Heart of Glass” fue el primer cover de la noche. De todas las tributadas, de hecho, Debby Harry parece ser la más referenciada. Podrá discutirse, es cuestión de preferencias, si la Miley que reactualiza a la líder de Blondie puede competirle a la Miley Cyrus que, en su frenesí pop, solo reactualizaba a la propia Miley Cyrus. Pero ese dilema, y todos los que puedan surgir, quedan para el después. Porque su show fue puro nervio en tiempo presente, y allí su contundencia pop.

Detrás de los anteojos, hay un delineado glitter. Y el repertorio fue hacia allí también. Una visita a Cher (“Bang Bang”), el paso por Dolly Parton con “Jolene” junto con el rescate de “Fly on the Wall”, un tema que no tocaba en vivo desde 2011, marcaron el recorrido a los clásicos de factura propia. Porque sí: Miley Cyrus ya tiene clásicos. La generación que creció viéndola como Hannah Montana se apiló con celulares en lo alto para registrar un cierre que tuvo todo lo que tenía que tener: “Wrecking Ball” y “Party in the U.S.A.”.

Miley, también con su celular y envuelta en una bandera de la comunidad LGBTIQ+, devolvía desde el escenario la misma sonrisa que se dibujaba en cada una y cada uno de sus fans. “Ustedes esperaron todo el día para volver a verme, yo esperé un montón de años”, había dicho al comienzo del show. Tal vez allí estaban, incluso, los que fueron invitados por ella tras enterarse vía Twitter que no tenían plata para ir a verla.

Esperar días, esperar años. Esperar. Con paciencia y ansiedad. En esa tensión Miley Cyrus encontró un nuevo equilibrio, una cualidad que no le era propia cuando se convirtió en una estrella pop y se llevó a sus antecesores por delante sin necesidad de negarlos ni matarlos. Ahora les rinde tributo de manera explícita e implacable. Porque el rock, ya es hora, como el tango, te espera. Y Miley ya vivió lo suficiente como para llegar a él.

Sebastián Chaves

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