Fátima Flórez: “Decían que por ser mujer era incapaz de hacer reir”

Su sensualidad entra por los ojos de cualquiera y su porte de femme fatal llega a incomodar. Tan lejos de importarle el qué dirán como de creerse una diva, Fátima Flórez no le esquiva a las miradas y sabe llevar con soltura y simpatía “ese lomo” por el que tanto la discriminaron en sus años de despegue como artista.

Ella es un combo de cosas y lo sabe, un camaleón, una todoterreno. Pero tras esa actitud apabullante, deja entrever que ha atravesado un largo camino de dificultades para ser hoy una de las humoristas más efectivas del país. Su presente es un éxito, pero acarrea obstáculos y luchas que debió afrontar sola en un ambiente históricamente dominado por el machismo. “Cuando contaba que era imitadora, siempre me decían: ‘¡Con ese lomo! Dejate de joder. Dejá que los capocómicos se encarguen de hacer reír y vos acompañá con tu cuerpo’”, recuerda ante Clarín. En esta nota, revela cómo superó esos escollos y los comentarios degradantes gracias al apoyo de su marido, Norberto Marcos, el primero en descubrir y reconocer su gran capacidad para el complejo arte de imitar.

-¿Pensabas que tu destino era ser imitadora?

-No. Arranqué a los 17 como bailarina, con Pepe Cibrián. Me encantó empezar con él. Fue un fogueo muy grande: baile, canto y actuación. Durante las giras, yo solía bromear con imitaciones y todos se reían, pero nada serio. Terminé de trabajar con Pepe y ahí lo conocí a Norberto Marcos, mi marido. Siempre de chiquita imitaba a mis maestras, profesoras, compañeros y a todos mis artistas preferidos pero era un juego. Un día, estando en Lima, Perú, cuando recién conocía a Norberto, haciéndome la graciosa le hice un par de artistas peruanas y él, ni bien me escuchó, me dijo: “Pará, es buenísimo. Vos te tenés que dedicar a esto. Empezá a practicar y vas a ser una estrella”. Yo pensé: “Éste me lo dice para levantarme”, pero no. Aquí me ves. Terminó teniendo razón. El apostó a mí antes que yo. Vio algo en mí que yo no. Me hizo más fuerte y me ayudó a creer en mi talento. Nunca imaginé terminar siendo una figura de compañía. El me dijo: “Esto es lo tuyo”, después de que imité a Xuxa.

-¿Te costó mucho ganarte un lugar en un rubro dominado casi en su totalidad por hombres?

-Sí, muchísimo. Pensá que yo imitaba para divertirme y terminé en un mundillo de varones. Nunca pensé que podían darme bolilla. Era un ambiente muy machista. Los humoristas e imitadores siempre eran hombres. Y a las mujeres siempre nos costó más, incluso siendo súper talentosas. Yo me preguntaba quién iba a creer en mí. Y fue Norberto, mi gran apoyo. Algunos me decían que las mujeres no éramos capaces de hacer reír. Cuando llegué de Perú y decía que era humorista e imitadora poco más que se me reían en la cara. Me decían: “¡Con ese lomo! No jodas. Dejá que el humor lo haga el capocómico. vos poné el lomo y seguilo´. Pero yo siempre fui rebelde. y muy perseverante. Poco a poco fui abriendo mi camino. Si bien me costó más de la cuenta, no me puedo quejar. Dios me recompensó plenamente. Tuve obstáculos y cosas difíciles pero por suerte pude salir adelante y hacer mi propio espectáculo.

-¿Llegaste a sentirte discriminada?

-Sí, muchas veces. Sobre todo antes de ser reconocida. Tuve que vencer muchos prejuicios y malos momentos. Era otra cultura, otras costumbres y por suerte hoy los tiempos cambiaron, por lo menos en mi actividad. Realmente me considero una pionera y me enorgullezco de ello.

-¿Sentís que pudiste romper el molde ante esos prejuicios?

-Humildemente lo digo, sí. Uno tiene referentes como Niní Marshall, Juana Molina, entre tantas otras talentosísimas. Aún así, siento que a la mujer se le exigió muchísimo más en el humor. Recién ahora, en estos tiempos de crecimiento y evolución que tenemos como sociedad, se nos está dando el lugar que merecemos y estoy feliz por eso.

-Tu trabajo es vertiginoso y en tu espectáculo se nota. ¿Ese ritmo fue buscado?

-Sí, es vertiginoso. Justamente buscábamos eso, el vértigo de que un cuadro supere al otro en puesta en escena, en entrega como actriz y en despliegues de tecnología. Me siento muy orgullosa.

-¿Cómo se hace para imitar sin caer en la burla fácil, en algo que pueda malinterpretarse o resultar ofensivo?

-Si bien hago chistes sobre política, hago más parodias sobre el personaje. Por ejemplo, interpreto a Cristina Kirchner desde el humor y no generando una grieta. Yo creo que el humor une. Por suerte, nunca nadie se lo tomó a mal o me censuró. Vivimos en democracia y somos libres de expresarnos. Además, siempre respeto a las mujeres que interpreto. Lo hago con educación.

-Haces catorce personajes, desde bloques políticos a sketchs musicales con artistas internacionales, divas y conductoras. ¿Cuáles te divierten más?

-No tengo uno preferido, pero me gusta mucho la veta de la cantante o la bailarina que por ahí no lo hago tanto en tevé porque lo guardo para el teatro. Interpretar a Tina Turner, Michael Jackson, Jennifer López, Valeria Lynch o Shakira. La gente se sorprende cuando se encuentra en el teatro con estos personajes y sus vestuarios. Michael y Tina me encantan, permiten que me despliegue. El de Jennifer López está inspirado en el megashow que dio en Las Vegas. Siempre me pongo desafíos de personajes gigantes para trabajarlos mucho y estrenarlos en escena.

-¿Hay personajes que te son más difíciles?

-No hay personajes fáciles. Todos tienen su complejidad. Los más complicados son, seguramente, los que cantan y bailan al mismo tiempo. Requieren esfuerzo físico y coordinación. Pero con todos hay que estar al día, actualizarse. Hago muchos ejercicios aeróbicos para poder rendir en el escenario y no quedarme sin aire. Practico, hago gimnasia, elongo a diario y trabajo la voz y la garganta. Hay mucho esfuerzo y dedicación detrás de todo esto. Y me gusta que así sea.

Fuente: Clarín

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