El auge petrolero transformó a Añelo y atrajo a miles de trabajadores de todo el país. La producción de hidrocarburos crece y genera expectativas de mayores exportaciones, aunque también persisten dudas por el impacto ambiental, el costo de vida y la falta de empleo fuera del sector energético.
En medio del desierto patagónico, una nueva postal comienza a definir el paisaje económico argentino. Las torres de perforación avanzan sobre los yacimientos de Vaca Muerta y, detrás de ellas, miles de trabajadores llegan a la zona con la expectativa de encontrar una oportunidad laboral y mejorar sus ingresos.
El epicentro de este fenómeno es Añelo, una localidad neuquina que en los últimos años experimentó una transformación acelerada al ritmo de la expansión petrolera. Según datos aportados por el intendente Fernando Banderet, su población se duplicó en apenas dos años y alcanzó los 12.000 habitantes.
La llegada de trabajadores modificó por completo la dinámica del lugar. Hoteles, viviendas prefabricadas, comercios, restaurantes y nuevas construcciones aparecen junto a las rutas por las que circulan permanentemente camionetas vinculadas con la actividad hidrocarburífera.
Algunos llegan desde distintos puntos del país con pocas pertenencias y una carpa. Es el caso de trabajadores que abandonaron empleos mal remunerados o directamente zonas donde no encontraban oportunidades para probar suerte en la llamada “fiebre de Vaca Muerta”.
Sin embargo, el crecimiento también tiene límites. Banderet advirtió que la oferta laboral no alcanza para todos los que llegan a la localidad en busca de empleo.
El petróleo gana protagonismo
Vaca Muerta se convirtió en uno de los principales activos económicos de la Argentina. La formación posee enormes reservas de petróleo y gas no convencional y, gracias a nuevas inversiones y tecnología, su explotación alcanzó niveles que modificaron el perfil energético del país.
La producción petrolera argentina ya supera los 850.000 barriles diarios, frente a unos 500.000 de hace una década, según los datos citados en el informe. El crecimiento permitió que el país pasara de registrar un importante déficit energético a alcanzar un superávit.
El petróleo también desplazó este año a la harina de soja como principal producto de exportación de la Argentina, una señal del peso creciente que adquirió el sector en la generación de divisas.
El Gobierno de Javier Milei apuesta fuertemente por esta actividad y busca facilitar las inversiones, las exportaciones y el desarrollo de infraestructura vinculada con el transporte de gas y petróleo.
Para empresarios y funcionarios, Vaca Muerta puede convertirse en un punto de inflexión para una economía acostumbrada durante décadas a las crisis cambiarias y a la falta de dólares.
El otro lado del boom
Pero el crecimiento petrolero no se traduce automáticamente en una mejora para todos los sectores de la economía.
La actividad hidrocarburífera y la minería requieren grandes inversiones y generan empleos especializados, pero tienen una capacidad limitada para absorber a todos los trabajadores que pierden sus puestos en sectores como la industria, el comercio o los servicios.
Esa diferencia se hace evidente en otras regiones del país, donde empresas cerraron o redujeron su actividad en medio de la caída del consumo interno y de una mayor competencia de productos importados.
Incluso en Neuquén existen trabajadores que quedan al margen del auge. Docentes y empleados municipales enfrentan un fuerte aumento del costo de vida, mientras que la eliminación de algunos subsidios elevó las tarifas para determinados sectores de la población.
Las advertencias ambientales
El desarrollo de Vaca Muerta también genera resistencia entre comunidades mapuches y organizaciones que cuestionan los efectos ambientales de la explotación mediante fractura hidráulica.
Los reclamos apuntan principalmente al manejo de residuos, las emisiones asociadas a la actividad y el elevado consumo de agua. Los sectores críticos sostienen que la expansión petrolera puede ejercer una presión adicional sobre recursos hídricos que ya enfrentan los efectos del cambio climático.
Para las comunidades que habitan la zona, el debate no se limita a cuánto dinero puede generar Vaca Muerta, sino también a quiénes reciben los beneficios y quiénes deben afrontar las consecuencias de la actividad.
La tensión quedó resumida en una frase de una referente mapuche citada en el informe: mientras las empresas extraen el petróleo y lo trasladan a los mercados, las comunidades permanecen en el territorio.
Una oportunidad con interrogantes
El desarrollo de Vaca Muerta representa una de las principales apuestas económicas de la Argentina. El crecimiento de la producción, el aumento de las exportaciones y la posibilidad de generar un flujo sostenido de dólares alimentan la expectativa de que los hidrocarburos puedan contribuir a estabilizar la economía.
Pero el desafío será transformar esa riqueza en desarrollo más amplio, capaz de generar oportunidades fuera de los yacimientos y mejorar las condiciones de vida de las comunidades donde se concentra la actividad.
La imagen de Añelo refleja esa contradicción: mientras las torres petroleras multiplican su actividad y llegan trabajadores de todo el país en busca de mejores salarios, otros sectores de la población sienten que el crecimiento ocurre a su alrededor sin alcanzarles de la misma manera.
Vaca Muerta puede convertirse en uno de los grandes motores económicos de la Argentina. La discusión, cada vez más presente, pasa por determinar si ese crecimiento logrará beneficiar al conjunto del país o si profundizará las diferencias entre quienes están dentro y quienes quedan fuera del nuevo boom energético.







