Un BCRA que agoniza en reservas y un Gobierno que quiere vengarse contra la clase media

Claramente se están metiéndose con el fruto del trabajo ajeno. Se ha decidido que los dólares son del Gobierno y de prepo quieren que la gente use un peso totalmente devaluado

La decisión del Banco Central de establecer una nueva restricción a la compra de dólares vía la prohibición de comprar pasajes de avión y cualquier otro servicio de turismo en el exterior con financiamiento en cuotas sin intereses, demuestra varias cosas.

Por: Roberto Cachanosky

En primer lugar, la crítica situación de las reservas netas del BCRA, tema sobre el que venimos advirtiendo hace tiempo. Las reservas líquidas ya son negativas, esto quiere decir que toda intervención del BCRA en el mercado de cambios debe ser en base al uso de los encajes en dólares que no son de su propiedad o porque activó el crédito con el BIS.

Lo concreto es que mientras Guzmán dice que no va a devaluar, terminan ajustando el mercado por cantidad frenando la compra de dólares.

La disparada del riesgo país también muestra que el gobierno argentino está a un paso de entrar en default. Por más que arreglen con el FMI, no van a conseguir fondos frescos para hacer frente a los vencimientos de bonos en dólares en el primer semestre del año que viene que suman US$ 6.400 millones.

El segundo punto es que claramente el Gobierno está metiéndose con el fruto del trabajo ajeno. Acá se ha decidido que los dólares son del Gobierno y de prepo quiere que la gente use un peso totalmente devaluado.

La gente tiene derecho a comprar lo que desee con el fruto de su trabajo, y eso incluye dólares. Pero en su afán intervencionista el gobierno se apropia del fruto del trabajo ajeno. Por ejemplo, si alguien produce trigo y lo exporta, el trigo que entrega es suyo y, por lo tanto, los dólares que recibe por venderlos al exterior, también son del productor de trigo. Sin embargo, el Estado, en una clara violación a los derechos de propiedad, le dice al que produce trigo que el BCRA se queda con los dólares y el productor tiene que quedarse con pesos que nadie quiere. Pero encima, por cada dólar exportado el productor de trigo recibe menos pesos por cada dólar que los que le correspondería si los vendiera en un mercado libre.

Es decir, primero le confisca su trabajo y le entrega pesos devaluados y encima lo confisca con el tipo de cambio artificial. En tercer lugar, lo confisca con impuestos de todo tipo. Esto hace que los estímulos por exportar sean escasos y siempre falten dólares.

Basta con ver las estadísticas de comercio exterior con volúmenes exportados y se puede ver que las cantidades exportadas por Argentina están estancadas hace 16 años. Esto quiere decir que cuando algún año suben las exportaciones es porque subieron los precios externos. Dicho en otras palabras, suben no por mayor productividad interna, sino por suerte de viento de cola.

El ataque a las exportaciones lleva a restringir el ingreso de divisas. El control de cambios lleva a restringir el control de divisas. Y dado el control de divisas, en vez de dar marcha atrás en su locura intervencionista, el gobierno mete más intervencionismo violando derechos de transacción, ahora prohibiendo que la gente pueda comprar servicios de turismo al exterior en cuotas sin intereses.

Dos puntos finales. En primer lugar, el BCRA se arroga el derecho de decir a quién puede financiar una persona con el fruto de su trabajo. Si alguien quiere financiar a otro sin cobrarle intereses, el estado, en forma arbitraria, decide que prohíbe que ese préstamo se lleve a cabo.

En segundo lugar, todo parece indicar que, además de tener un serio problema con las reservas, el Gobierno parece estar vengándose de una clase media, que es la que suele viajar al exterior con el fruto de su trabajo, por no haberlos votado en las elecciones de medio término. No me votás, te castigo, aunque con la nueva restricción que establezca el BCRA no resuelva el problema de la falta de reservas.

En síntesis, tenemos un Gobierno que se apropia de los capitalistas dólares que genera el sector privado y quiere forzar a la gente a usar los devaluados pesos que nadie quiere porque es una moneda de pésima calidad.

Un control lleva a otro, hasta que se termina ahogando por completo la actividad privada o el Gobierno termina hundiéndose en una catástrofe económica, social y política.

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