Martes 29 de septiembre de 2026

Economía

Inflación y caída del consumo: restaurantes y hoteles enfrentan una fuerte presión sobre sus márgenes

El IPC de julio subió 2,1% y el rubro de restaurantes y hoteles registró un incremento del 2,8%. Empresarios advierten por el aumento de los costos, la menor cantidad de clientes y las dificultades para trasladar las subas a los precios.

La aceleración de la inflación volvió a sumar presión sobre las empresas vinculadas a la gastronomía y la hotelería. En julio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba del 2,1%, por encima del 1,9% de junio, mientras que la variación interanual llegó al 33,8%.

Dentro del índice, el rubro de restaurantes y hoteles fue uno de los que más aumentó, con una suba del 2,8%. El dato expone una de las principales dificultades que atraviesan los empresarios del sector: los costos continúan creciendo, pero trasladar esas subas completamente a los precios puede significar perder clientes en un contexto de consumo retraído.

La situación fue planteada por Miguel Martínez Allué, empresario gastronómico de Mar del Plata que administra 24 locales y un hotel. Según explicó, los salarios se actualizan de acuerdo con la inflación, pero el consumo y la cantidad de operaciones muestran un comportamiento más débil.

“El consumo abajo, el ticket medio abajo, los servicios arriba”, resumió el empresario al describir el escenario que enfrentan sus establecimientos.

A la presión salarial se agregan los aumentos de servicios, alquileres e insumos. Para las empresas gastronómicas, estos costos tienen un impacto directo sobre los márgenes de rentabilidad y dificultan la posibilidad de financiar nuevas inversiones mediante créditos.

Uno de los principales obstáculos es justamente la posibilidad de trasladar los mayores costos al consumidor. En un escenario de menor poder adquisitivo, los aumentos de precios pueden reducir todavía más la frecuencia con la que los clientes concurren a restaurantes y cafeterías.

De acuerdo con el empresario, las transacciones en sus locales disminuyeron alrededor de un 4,5%, mientras que en otros establecimientos del sector las bajas pueden llegar al 15%. Para sostener la actividad, las empresas recurren a promociones, descuentos, beneficios con tarjetas y estrategias comerciales destinadas a atraer nuevamente a los consumidores.

Las modificaciones en los hábitos de consumo también son visibles en la frecuencia de las visitas. Clientes que anteriormente concurrían varias veces al día ahora reducen sus visitas y controlan con mayor atención cuánto gastan en cada salida.

En este contexto, la competencia ya no se limita al precio. La calidad del servicio, la atención, los tiempos de espera, el ambiente y las condiciones de los establecimientos aparecen como factores que pueden determinar la decisión de los consumidores.

La necesidad de mejorar la eficiencia interna se convirtió así en otro de los desafíos para el sector. La incorporación de tecnología, la renovación de los locales y la búsqueda de nuevos formatos comerciales aparecen entre las estrategias utilizadas para sostener los negocios sin depender exclusivamente de aumentos de precios.

El escenario también alcanza a la hotelería. En Mar del Plata, el empresario señaló que la ocupación durante las vacaciones de invierno estuvo alrededor del 70%, por debajo del 90% que, según indicó, era habitual en ese período. Para los fines de semana largos, las proyecciones también muestran niveles inferiores a los registros históricos.

La menor demanda refleja un comportamiento similar al observado en la gastronomía: los consumidores administran sus ingresos y deben elegir entre diferentes gastos. Una familia que realiza un viaje durante las vacaciones puede reducir otras salidas durante el año, mientras que quienes mantienen sus actividades cotidianas también recortan la frecuencia de sus consumos.

La combinación de inflación, costos crecientes y menor demanda deja a restaurantes y hoteles frente a un escenario complejo. Aumentar precios puede afectar la cantidad de clientes, mientras que mantenerlos sin modificaciones reduce los márgenes de rentabilidad.

Por eso, el desafío para las empresas del sector pasa cada vez más por encontrar un equilibrio entre precios, calidad, eficiencia y volumen de ventas, en un mercado donde los consumidores tienen menos margen para gastar y comparan con mayor atención antes de decidir.

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