El Ejecutivo apunta a fortalecer el mercado interno mediante una mayor disponibilidad de crédito, la expansión monetaria y la recuperación de los ingresos, aunque persisten obstáculos para que la mejora de la actividad llegue al consumo cotidiano.
El Ejecutivo apunta a fortalecer el mercado interno mediante una mayor disponibilidad de crédito, la expansión monetaria y la recuperación de los ingresos, aunque persisten obstáculos para que la mejora de la actividad llegue al consumo cotidiano.
El Gobierno nacional puso el foco en la recuperación del mercado interno ante las dificultades que todavía atraviesan distintos sectores de la economía. Si bien las proyecciones oficiales y privadas contemplan un crecimiento del Producto Bruto Interno durante este año, el consumo continúa mostrando señales de debilidad y la recuperación no alcanza de manera uniforme a todos los sectores.
En este escenario, el equipo económico apuesta principalmente a tres herramientas: una mayor disponibilidad de crédito, la remonetización de la economía y la mejora de los ingresos reales de los hogares. Sin embargo, cada uno de estos mecanismos enfrenta limitaciones que podrían demorar el impacto sobre la actividad.
Una de las últimas medidas fue la flexibilización de las condiciones para que los bancos otorguen créditos en dólares a empresas que no generan divisas de manera directa. El Banco Central habilitó a las entidades a destinar hasta el equivalente al 15% de sus depósitos en moneda extranjera a este tipo de financiamiento.
Los depósitos privados en dólares superan actualmente los 40.000 millones de dólares, mientras que los bancos mantienen préstamos por unos 24.000 millones. La intención oficial es aprovechar parte de esa liquidez para ampliar el financiamiento y favorecer la inversión y la actividad empresarial.
El crédito en moneda estadounidense viene mostrando un fuerte crecimiento, especialmente entre las compañías vinculadas a las exportaciones. No obstante, trasladar ese dinamismo al consumo de las familias resulta más complejo. Los bancos mantienen una postura más cautelosa frente al financiamiento de hogares debido al aumento de la morosidad, una situación que limita las posibilidades de impulsar las ventas de bienes durables, como electrodomésticos, productos electrónicos y automóviles.
A esto se suma el comportamiento de los préstamos en pesos. Mientras las financiaciones en moneda nacional crecen a un ritmo interanual del 32,3%, la inflación acumulada en los últimos doce meses se ubica en torno al 33,8%, por lo que el crédito todavía no logra expandirse por encima de la evolución de los precios.
Otro de los objetivos planteados por el Banco Central es avanzar en una mayor remonetización de la economía, es decir, incrementar gradualmente la cantidad de dinero disponible para las transacciones. El proceso podría darse mediante la compra de dólares o a través de una menor absorción monetaria asociada al financiamiento del Tesoro.
Sin embargo, el avance se presenta gradual. En la última licitación de deuda, el Gobierno logró renovar la totalidad de los vencimientos, evitando una nueva contracción de la base monetaria, aunque sin generar todavía una expansión significativa del dinero en circulación.
El tercer factor es la evolución de los ingresos. En este punto, el panorama también presenta diferencias. Mientras algunos sectores vinculados a transferencias sociales muestran una mejora frente a la inflación, los salarios privados avanzan con mayor dificultad y, según distintos análisis, no consiguen recuperar de manera significativa el poder adquisitivo.
El aumento de las tarifas también constituye un factor de presión sobre los ingresos familiares. A esto se suma la situación de las jubilaciones, que continúan enfrentando dificultades para recomponer el poder de compra frente a la evolución de los precios.
La inflación registrada en julio agrega otro elemento de incertidumbre. Una aceleración de los precios puede retrasar la recuperación de los ingresos reales y reducir la capacidad de consumo de los hogares, especialmente en aquellos sectores que cuentan con menor margen para absorber aumentos.
De esta manera, el desafío para el Gobierno pasa por conseguir que la recuperación de algunos sectores de la economía se traduzca en una mejora más extendida de la actividad cotidiana. La disponibilidad de crédito, la evolución de la cantidad de dinero y la recuperación de los ingresos aparecen como herramientas centrales, aunque por el momento avanzan a un ritmo desigual.
El escenario también adquiere relevancia de cara a los próximos meses, cuando el comportamiento del consumo y del poder adquisitivo podría convertirse en uno de los principales indicadores para medir hasta qué punto la recuperación económica consigue llegar a los hogares y a los sectores que todavía permanecen rezagados.
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