El fenómeno climático podría provocar pérdidas millonarias en el Litoral, afectar el transporte de mercaderías y presionar los precios de los alimentos. Sin embargo, las lluvias también podrían favorecer la próxima cosecha de soja y maíz y aumentar la generación hidroeléctrica.
La llegada de un fenómeno de El Niño que podría alcanzar una intensidad excepcional encendió las alertas en la Argentina. Las inundaciones que ya afectan a distintas localidades del Litoral y las previsiones de nuevas crecidas de los ríos plantean un escenario complejo, con consecuencias que podrían extenderse desde la producción agropecuaria hasta los precios de los alimentos, la energía y el funcionamiento de las empresas.

El Gobierno sigue de cerca la evolución de la situación y coordina tareas con las provincias afectadas, mientras los especialistas advierten que los próximos meses serán determinantes. El período comprendido entre octubre y diciembre aparece como una etapa de especial atención por el volumen de agua que desciende por la cuenca del Plata.
El impacto económico, sin embargo, no será necesariamente negativo en todos los sectores. Mientras las inundaciones pueden ocasionar daños materiales, interrupciones productivas y dificultades logísticas, las lluvias también podrían mejorar las condiciones de los suelos y favorecer los rindes agrícolas de la campaña 2026/2027.
El desafío será determinar si los posibles beneficios para el campo alcanzan para compensar las pérdidas que podrían registrarse en otras actividades.
El campo, entre las oportunidades y el riesgo de inundaciones
Históricamente, El Niño suele beneficiar a buena parte de la producción agrícola argentina porque incrementa las precipitaciones y mejora la disponibilidad de humedad en los suelos. Esto resulta especialmente importante para cultivos como la soja y el maíz, aunque los resultados dependen de la región y de la distribución de las lluvias.
Un análisis de la consultora EcoGo, basado en 15 campañas con presencia del fenómeno desde 1980/1981, determinó que los rindes de la soja se ubicaron, en promedio, un 6,1% por encima de su tendencia, mientras que los del maíz registraron una mejora del 6,4%.
Para la próxima campaña, la consultora proyectó una cosecha total de 155,8 millones de toneladas, un volumen inferior al récord estimado para el ciclo anterior. Si la soja y el maíz repitieran el comportamiento promedio observado durante los años de El Niño, podrían agregarse alrededor de siete millones de toneladas. Se trata de una referencia estadística y no de una previsión confirmada para 2027.
Diego Picardo, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, consideró que el balance para el campo podría resultar favorable, debido a la mejora de las condiciones hídricas. No obstante, advirtió que un episodio demasiado intenso puede provocar anegamientos, pérdidas de producción y dificultades para cosechar y trasladar los granos.
El exceso de agua también puede afectar caminos rurales, frenar actividades en las zonas urbanas y complicar el acceso a los establecimientos productivos.
La Bolsa de Comercio de Rosario, por su parte, evaluó que la intensidad prevista del fenómeno podría moderarse desde una categoría muy fuerte a otra fuerte. Aun así, las perspectivas continúan bajo seguimiento debido a la magnitud de las precipitaciones esperadas.
Uno de los puntos de mayor preocupación es la cuenca del río Salado, que arrastra antecedentes de extensas superficies inundadas o anegadas. En estas condiciones, la distribución de las lluvias puede ser tan importante como su volumen total.
Ganadería y alimentos, bajo presión
La ganadería también podría beneficiarse de una mayor disponibilidad de pasturas. Con más agua y mejores condiciones para el crecimiento del pasto, los productores podrían reducir parte de los costos de alimentación del ganado.
Sin embargo, las inundaciones pueden contrarrestar esas ventajas. Los campos anegados dificultan el manejo de los animales, complican los traslados y pueden reducir la disponibilidad efectiva de superficie productiva.
Las consecuencias podrían trasladarse al mercado de la carne vacuna. En el sector se contemplan posibles aumentos de precios hacia fin de año, en un contexto de oferta limitada y consumo interno debilitado. Todavía no está claro qué proporción de esos incrementos podría atribuirse directamente al fenómeno climático.
La evolución de los precios será relevante para la inflación. Los alimentos y las bebidas representan una porción importante del índice de precios al consumidor, mientras que la carne tiene una incidencia significativa dentro de ese rubro.
Por eso, cualquier alteración de la oferta, los costos de transporte o la distribución comercial puede repercutir en los precios finales. El efecto dependerá de la magnitud de los daños, de la duración de las dificultades logísticas y de la capacidad del mercado para mantener el abastecimiento.
La energía hidroeléctrica podría aportar un alivio
Uno de los posibles efectos favorables se encuentra en el sector energético. Un mayor caudal de los ríos puede permitir un incremento de la generación hidroeléctrica, una fuente que generalmente tiene costos variables inferiores a los de las centrales térmicas que utilizan combustibles.
Daniel Dreizzen, director de Aleph Energy y exsecretario de Planeamiento Energético, explicó que una mayor participación de la hidroelectricidad podría reducir los costos de generación al disminuir la necesidad de recurrir a fuentes más caras.
De todos modos, el aumento del caudal no se traduce automáticamente en un incremento proporcional de la electricidad producida. Las condiciones de funcionamiento de las represas y el nivel de los ríos influyen en el rendimiento de las turbinas.
Además, una eventual reducción de los costos de generación no garantiza una baja inmediata de las tarifas que pagan los usuarios.
En un escenario de mayores necesidades energéticas y presión sobre las cuentas públicas, la posibilidad de contar con más generación hidroeléctrica representa una oportunidad, aunque sus efectos concretos dependerán de la evolución hidrológica y del sistema eléctrico.
El Paraná y la Hidrovía, dos puntos sensibles
La situación de los ríos constituye una de las principales preocupaciones para la actividad económica. El Paraná registró en los últimos días caudales superiores a los 26.000 metros cúbicos por segundo, un volumen que obligó a reforzar las medidas preventivas en la región.
La represa de Yacyretá debió operar sus vertederos ante la magnitud del agua que circulaba por el sistema. Mientras tanto, las autoridades siguen la evolución de las crecidas y sus posibles consecuencias aguas abajo.
Uno de los sectores expuestos es la Hidrovía, corredor fundamental para el comercio exterior argentino por el que se moviliza una proporción mayoritaria de las exportaciones del país.
Las variaciones extraordinarias del caudal pueden complicar la navegación, modificar las condiciones operativas y generar dificultades para el transporte de mercaderías. La dimensión de esos efectos dependerá de la evolución de los niveles de los ríos y de las medidas que deban adoptarse para garantizar la circulación.
Cualquier interrupción prolongada tendría consecuencias sobre los costos logísticos y los tiempos de entrega, especialmente para las cadenas vinculadas con los productos agroindustriales.
Pérdidas millonarias y empresas expuestas
El costo de las inundaciones no se limita a las viviendas dañadas o a las hectáreas afectadas. Las empresas también pueden sufrir pérdidas de mercadería, interrupciones de la producción, dificultades para recibir insumos y demoras en el cumplimiento de contratos.
Roberto Lynch, director general de Globaim Argentina, advirtió que las consecuencias económicas pueden extenderse durante semanas o meses después de que el agua comienza a bajar. En algunos casos, la imposibilidad de operar puede generar pérdidas superiores al costo de reparar los daños materiales.
Las pequeñas y medianas empresas aparecen entre las más vulnerables, especialmente cuando no cuentan con recursos suficientes para afrontar una interrupción prolongada de sus actividades.
De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial difundidas en 2021, las inundaciones provocaban en la Argentina pérdidas anuales de activos por unos 1.000 millones de dólares, con un rango estimado de entre 500 y 1.400 millones. El organismo también advirtió que el cambio climático podía incrementar considerablemente esos costos.
Para América Latina, las estimaciones regionales citadas en el informe económico ubican las pérdidas potenciales asociadas a las inundaciones en torno a los 60.000 millones de dólares.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe también alertó sobre las consecuencias de un episodio extremo de El Niño. Entre los riesgos señalados figuran las pérdidas de actividad económica y el aumento de la pobreza, además de los costos que deben afrontar los Estados para atender las emergencias y reconstruir la infraestructura dañada.
El Gobierno sigue de cerca la evolución del fenómeno
La Agencia Federal de Emergencias trabaja desde mayo con las provincias potencialmente afectadas y con organismos científicos y técnicos para evaluar escenarios y coordinar respuestas.
Su titular, Santiago Hardie, señaló que la situación en el Litoral está marcada principalmente por el desborde de los ríos y las evacuaciones, particularmente en Corrientes y Chaco. También explicó que la interacción de El Niño con otros fenómenos climáticos dificulta la elaboración de pronósticos precisos.
Las autoridades consideran que el período entre octubre y diciembre será especialmente importante. La evolución de las lluvias en Brasil y el volumen de agua que desciende por la cuenca del Plata serán factores determinantes para establecer la magnitud de las crecidas.
La posibilidad de nuevas inundaciones vuelve a poner en discusión la necesidad de invertir en obras de infraestructura, sistemas de drenaje, defensas contra las crecidas y mecanismos de prevención. Estas medidas pueden reducir los daños y los costos posteriores, aunque requieren planificación y recursos sostenidos.
Un balance económico que se definirá en los próximos meses
Las consecuencias del Súper Niño podrían sentirse en distintos momentos. Las pérdidas por inundaciones, las dificultades para transportar mercaderías y los daños sobre la actividad comercial pueden aparecer de inmediato, mientras que los eventuales beneficios agrícolas se conocerán con mayor claridad durante la cosecha de 2027.
Si las lluvias mejoran los rindes sin provocar daños generalizados, el sector agropecuario podría aportar más producción y divisas. Pero si predominan los excesos hídricos, las pérdidas en los campos, los problemas logísticos y las interrupciones de la actividad podrían reducir parte de esas ventajas.
La carne, los costos de transporte y el funcionamiento de las empresas serán otros factores que habrá que seguir de cerca. En paralelo, una mayor generación hidroeléctrica podría ofrecer cierto alivio en el sistema energético, aunque no necesariamente se refleje de forma directa en las facturas de los consumidores.
Por ahora, el resultado sigue abierto. La Argentina enfrenta un fenómeno que puede ofrecer mejores condiciones para una parte de su producción agropecuaria, pero que también amenaza con profundizar los daños en las zonas más expuestas a las inundaciones.
La clave estará en la intensidad y la distribución de las lluvias, la capacidad de respuesta del Estado y la posibilidad de evitar que las consecuencias inmediatas sobre las familias, las empresas y la infraestructura terminen neutralizando los beneficios que podrían llegar con la próxima cosecha.







