El dólar retomó la senda alcista y volvió a ubicarse en niveles que no alcanzaba desde febrero, en un contexto de mayor demanda y cambios en las expectativas del mercado. La cotización minorista en el Banco Nación cerró a $1.440, con una suba de 20 pesos en la jornada, en línea con el avance del tipo de cambio mayorista, que superó los $1.400 por cuarta rueda consecutiva.
El movimiento se dio en un mercado con buen volumen de operaciones —más de USD 575 millones en el segmento contado— y con subas generalizadas en todas las variantes del dólar. También acompañaron los tipos de cambio financieros, con el contado con liquidación por encima de los $1.500, reflejando una mayor presión sobre los activos dolarizados.
Detrás de este repunte aparecen varios factores que ayudan a explicar la dinámica reciente. Por un lado, las tasas en pesos, en torno al 20% anual, comienzan a perder atractivo frente a la expectativa de un dólar en alza. Esto impulsa un progresivo desarme de posiciones de carry trade, estrategia que había contribuido a sostener la calma cambiaria en los primeros meses del año.
A la par, el tipo de cambio venía mostrando cierto atraso en relación con la inflación: aunque en abril registra su primera suba mensual de 2026, todavía acumula una baja cercana al 3% en el año frente a una inflación de dos dígitos. En este escenario, analistas advierten que el dólar aún tiene margen para avanzar sin acercarse al techo de las bandas cambiarias fijadas por el Banco Central de la República Argentina.
Otro elemento que suma presión es el cierre de posiciones de fin de mes, que suele incrementar la demanda de divisas por parte de empresas que ajustan balances. A esto se agrega el comportamiento del sector agroexportador: en plena liquidación de la cosecha gruesa, parte de los pesos obtenidos vuelve a canalizarse hacia la compra de dólares como cobertura.
Finalmente, las compras sostenidas de divisas por parte del Banco Central de la República Argentina, orientadas a reforzar reservas, también inciden en la dinámica del mercado, al convalidar precios más altos.
Con este panorama, el dólar atraviesa una fase de reacomodamiento impulsada por factores financieros y estacionales, mientras el mercado sigue de cerca la evolución de las tasas, la oferta de divisas y la estrategia oficial para sostener la estabilidad cambiaria.







