Recibido por una multitud en suelo mendocino, el equipo de Gallardo juega otro partido por un título tras el golpe con Flamengo. Enfrente, tendrá a Central Córdoba y se juega el acceso directo a la Libertadores…

Por: Ariel Cristófalo

El mejor equipo del continente en los últimos seis años. Un equipo en el que absolutamente todos los jugadores son o fueron de selección en sus respectivos países. El equipo que marcó una era. El equipo de un juego tan sofisticado como apabullante y demoledor. El que representa a un club con un presupuesto anual de $6.000.000.000. El equipo de quien fue elegido el mejor técnico de América, el que lideró este año el ranking mundial de entrenadores, uno de los preferidos de Messi y de Guardiola. El que hace poco más de un año ganó el título más importante de todos los tiempos en el fútbol argentino y sudamericano ante la mirada de todo el planeta. El de los millones y millones de hinchas a lo largo y ancho de todo el país. La pesadilla de un ya ex presidente de la Nación. El especialista en partidos mano a mano, el que en esta Copa Argentina acumula 22 partidos sin perder en los 90’. El campeón más poderoso de la historia. El que pisó Mendoza y fue recibido por una multitud de fanáticos.

Del otro lado estará Central Córdoba de Santiago del Estero.

Es lo lindo del fulbo: las diferencias son a las claras abrumadoras y así y todo da la sensación de que el de este viernes en Mendoza es un partido de riesgo para River. No sólo por el legendario axioma que ya hemos decretado como cliché de oro de este deporte, eso de que son 11 contra 11 con una pelota, sino porque River se enfrentará ante un equipo que no le teme a lo desconocido, que no tiene absolutamente nada para perder sino más bien absolutamente todo para ganar, un equipo que se jugará literalmente el partido de sus vidas y que sabe perfectamente a lo que juega. Y en un contexto algo incómodo: más allá del bálsamo que representó el esperado anuncio de Gallardo sobre su continuidad, River tiene mucho más para perder que para ganar, como casi siempre en esta Copa Argentina que iguala hacia arriba.

Perder representaría un dolor de cabeza con múltiples implicancias para el futuro: es perder una final, es perder una final contra un rival sin historia, es perder la última posibilidad de utilizar un atajo para acceder directamente a la fase de grupos de la Libertadores 2020, la chance de jugar por otro título contra Racing y, peor aún, disminuir evidentemente sus aspiraciones de ganar una Superliga que hoy lo tiene como potencial puntero y que por primera vez en mucho tiempo parece estar al alcance: el efecto dominó haría que un calendario que ya era apretado para principios del año que viene vaya a ser aún más estrecho por la sumatoria de posibles partidos de repesca de Copa. Eso es perder. ¿Y ganar? Poco menos que una obligación, que se celebrará como todos los títulos que se ganaron en el ciclo más brillante de la historia pero que, como en 2017 en esta misma ciudad, puede quedar como un consuelo después de un golpe muy duro (allá Lanús, aquí Flamengo).

Para el humilde Central Córdoba de Coleoni, que quiere ser el David de esta historia de dos equipos dicotómicos que por 90 minutos diluirán o estirarán sus diferencias en un campo de juego, es el partido más importante de toda la historia. Los santiagueños jugarán en el Bernabéu de Mendoza, por la gloria eterna: quieren tener su propia fecha conmemorativa en diciembre. Un equipo que hace dos años nomás arrancaba a escalar el Federal A y que ahora puede llegar a América si supera al rival de todos los rivales. Sin jugadores de selección, con un presupuesto anual (216 millones de pesos) que es 28 veces menor al de River, con un plantel que tiene una cotización 16 veces inferior (10.430.000 euros contra 163.650.000: sólo Palacios vale bastante más, por ejemplo), sin títulos en Primera contra el más ganador de todos, siete millones de pesos de sponsors por año contra apenas 1.678.000.000, nueve mil socios contra 160 mil, un estadio para 14 mil personas contra otro mundialista para 70 mil.

Las diferencias, literalmente, son miles de millones. Pero en la cancha pueden no ser tantas. Por el contexto, por un fútbol argentino que es acaso el más competitivo del mundo, al punto de que todos los grandes menos River fueron cayendo en esta Copa ante equipos más o menos menores.

POSIBLES FORMACIONES:

River: Armani; Montiel, Martínez Quarta, Pinola, Casco; Enzo Pérez; Nacho Fernández, Palacios, De la Cruz; Borré y Scocco y Pratto.

Central Córdoba: Diego Rodríguez; Quilez, Salomón o Vera, Nani, Bay; Galeano, Meli, Vega, Alzugaray, Núñez y Herrera.

Hora: 21.10. Arbitro: Facundo Tello.

Si hay empate en los 90 minutos, se define por penales.

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