Con dos goles de Solari, River remontó el marcador ante el Inter brasileño en el Monumental

Fue decisiva la entrada del wing, autor de los dos goles, para quebrar la resistencia del arquero Rochet

La figura era el imponente Sergio Rochet, nadie de River había podido con él… Hasta que entró Pablo Solari, el único que encontró grietas en el muro impenetrable que era el arquero uruguayo. El ingreso del extremo, a los 18 minutos del segundo tiempo, cambió el resultado en 15 minutos, fue el matador de un River que apuntaba y disparaba, sin dar en la diana.

Los octavos de final de la Copa Libertadores arrancaron de manera volcánica para River. Por lo que propone futbolísticamente y por lo mucho que está en juego. Un cóctel para escenificar una auténtica noche de copa. Con emociones, lamentos, lucha, broncas, empuje, euforia. Después de ser campeón de la Liga Profesional, River se tira de cabeza a la Libertadores, con el espíritu de los últimos años, el que instaló Marcelo Gallardo y al que Martín Demichelis le da continuidad.

El 15° triunfo oficial consecutivo de local, para seguir estirando el récord. Una victoria ajustada en los números, pero muy valiosa porque remontó un 0-1, y en el segundo tiempo lo hizo pareciéndose al River que cosecha elogios. Voraz por convicción y porque también lo exigía el guion del encuentro. Ahora se jugará la clasificación el martes próximo en Porto Alegre, con la certeza de que ya fue superior a Inter.

Una primera media hora complicada le demandó a River una precisión y serenidad que no tuvo. Llegó al arco de Rochet, pero de manera espaciada, sin el volumen ofensivo que se impone por su estilo y características. Demichelis optó por la fórmula de los cinco volantes, sin Solari, con Nacho Fernández como compañía más cercana para Beltrán.

Inter tuvo el mérito de moverse en bloque, achicó espacios entre las líneas, sin meterse atrás. Plantó a sus zagueros 10 metros fuera del área, lo obligó a River a estar muy fino en las combinaciones.

Aun en un desarrollo arduo, River generaba ocasiones. Un cabezazo de Nacho Fernández, al borde del área chica, se fue por arriba del travesaño. Por la exigencia del rival, no era una noche para tener la puntería desviada. De la Cruz también tuvo un doble remate dentro del área, uno de los cuales rebotó en Nacho Fernández.

Cuando rompía la última línea de presión rival aparecían los espacios que tanto necesitaba. El arquero Rochet, un refuerzo recientemente contratado a Nacional de Montevideo, despejó una definición de Beltrán, tras una buena asistencia de De la Cruz. Inter pagó 1.450.000 euros por su pase. Lo que atajó anoche vale una fortuna. Cinco veces le negó goles cantados a River.

Progresivamente, el desarrollo se hizo más trabado y cortado, del gusto de Inter, que cometía pocos errores y no se dejaba impresionar por el ambiente ni por los ramalazos de River. El equipo del Chacho Coudet fue llevando el partido hacia donde más le convenía, aun cuando River conseguía armar alguna llegada de peligro.

Inter también tenía sus cartas preocupar a Armani. Sobre todo a Enner Valencia, el goleador de Ecuador en el Mundial de Qatar. Un delantero con el suficiente recorrido internacional, hecho para paradas de este tipo. Primero cortó el aliento del Monumental con una chilena que salió apenas desviada. La estocada llegó pocos minutos después, en otra acción que expuso la debilidad de River para defender las jugadas con la pelota detenida. El tiro libre de Patrick desde la izquierda fue conectado con un cabezazo cruzado por Valencia, que aprovechó muy bien la desorientación local.

A esas alturas, River y sus hinchas ya estaban jugando un partido aparte con el árbitro Valenzuela, muy celoso para sancionar los foules. El fastidio bajaba de las tribunas y en la cancha se transformaba en constantes protestas de los jugadores. Fueron amonestados Nacho Fernández y González Pirez. La ofuscación fue grande porque el foul del tiro libre del gol de Inter fue después de que Valenzuela hiciera el gesto de que iba a sancionar una infracción sobre Barco. A River no le convenía ponerse nervioso porque el encuentro ya le consumía mucha energía y atención.

River se encontró yendo al descanso con el castigo de una derrota, cuando, por situaciones de gol, merecía una mayor recompensa. La serie se le ponía cuesta arriba, le iba a exigir fútbol y temple. Con esas dos virtudes estuvo cerca del empate antes del primer cuarto de hora de la segunda etapa. Pero se topó con un Rochet inmenso, una conjunción justa de reflejos y buena ubicación. Se estiró como un felino para desviar dos definiciones de Barco y otra de De la Cruz. Cuando no pudo entrar en acción Rochet, a Enzo Díaz le faltaron cinco centímetros para conectar un centro en la boca del arco. No parecía la noche de River…

River bullía, el estadio era una caldera. Por primera vez en la noche, Inter se veía atropellado, ya no podía cortar lejos de su área. Solari había ido al banco más por imposiciones del esquema que eligió Demichelis que por bajos rendimientos. Todo lo contrario. Venía de ser uno de los mejores contra Rosario Central y Racing. Venía encendido, punzante. Lo refrendó en la primera pelota que tocó, al reemplazar a Enzo Pérez. De la Cruz le puso una asistencia al vacío, limpita para el pique del wing, que sí pudo con el invencible Rochet al sacar un derechazo cruzado.

A los 20 minutos del segundo tiempo, mucho más tarde de lo merecido, River ponía el partido en tablas. También había conseguido el subidón anímico para ir a buscar la victoria. Y a esa ola se montó otra vez Solari, esta vez tras un pase de Beltrán, para el 2-1. Solari, el que dio más asistencias (9) en el año, ahora fue el dueño del último tiro, el nombre de la victoria.
Claudio Mauri

Facebook
Twitter
Scroll al inicio