Obesidad: un estudio identificó 4 tipos, que podrían tratarse de manera diferente

Conocer el fenotipo casi duplica las chances de perder peso, y permitiría personalizar los tratamientos
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Obesidad

La obesidad es un problema prioritario de salud pública en el mundo. En Argentina, 3 de cada 10 adultos tiene obesidad y casi 7 de cada 10 sobrepeso según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR).

 

En Estados Unidos, la obesidad alcanza al 40% de la población, y en muchos países de Latinoamérica ronda el el 30%.

Al registrar aumentos cada vez más elevados y alarmantes a nivel mundial, los recursos destinados a investigar cómo abordarla van cada vez más lejos. En ese marco, un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista Obesity halló que, según sean sus causas, existen cuatro fenotipos distintos, y descubrir cuál presenta cada persona puede ser de gran ayuda a la hora de tratarla.

En un encuentro con periodistas del que participó Clarín, Andrés Acosta, gastroenterólogo y líder del Laboratorio de Medicina de Precisión para la Obesidad de la Clínica Mayo (Estados Unidos) y autor del estudio, hizo hincapié en la complejidad del problema, al destacar que la obesidad conduce a enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2, cáncer y muerte prematura.

“A pesar de tener una dieta nueva cada semana, cinco medicinas aprobadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), dispositivos endoscópicos y cirugías, sigue aumentando su prevalencia, y para 2030 será del 50% en EEUU”, advierte.

Y apunta contra la idea de que se trate de una cuestión ligada meramente a la fuerza de voluntad: “La obesidad es una enfermedad, como la hipertensión o el colesterol, pero desgraciadamente se suele seguir pensando que es algo que la gente puede curar sola. De hecho muchas personas intentan de 4 a 5 dietas al año, pero solo el 1% tiene éxito”, se lamenta.

Por eso, el médico gastroenterólogo agrega: “Se necesita una solución, y uno de los mayores problemas es que las medicinas y los tratamientos actuales no funcionan para todos. Tenemos que abordarlo de una forma distinta”, introduce, antes de explicar en qué consisten los 4 tipos de obesidad identificados recientemente, luego de una investigación publicada en 2015 sobre la cual siguieron trabajando.

1. Cerebro hambriento: se trata del tipo de obesidad que presentan personas que, a pesar de comer, no sienten saciedad, por lo que continúan comiendo.

2. Hambre emocional: en este caso, se come para poder apaciguar sentimientos indeseados, siendo lo más común ingerir alimentos como consecuencia del estrés. ​

​3. Intestino hambriento: hay saciedad luego de comer de manera inmediata, pero al rato se tiene nuevamente hambre. “Esto ocurre porque el intestino no se comunica con el cerebro para indicarle que se siente satisfecho como para digerir lo ingerido”, indica Acosta.

4. Combustión lenta: consiste en una disminución de la tasa metabólica, por lo que se queman menos calorías.

Los resultados del estudio luego de la aplicación de tratamientos diferenciados son alentadores. «La proporción de pacientes que perdieron más de 10% a los 12 meses fue del 79% en el grupo de tratamiento guiado por fenotipo en comparación con el 34% del grupo de tratamiento no guiado por fenotipo», sostiene el estudio.

La investigación mediante la cual fueron identificados estos fenotipos se hizo con 450 pacientes, y para llegar a determinarlos se utilizó la inteligencia artificial.

De todas las personas estudiadas, el 85% fue catalogado según un fenotipo. Respecto si a cada paciente le puede corresponder uno o más clases de obesidad, Acosta detalla que en realidad el 27% de los pacientes estudiados tenían más de uno, por lo que en esos casos se requerirá de tratamientos combinados.

Personalización de tratamientos

Según explica el médico, la importancia de este estudio radica en la posibilidad de atacar la obesidad según el fenotipo del que se trate, ya que sus causas son distintas, por lo que también implica un abordaje diferenciado.

“Hemos hecho un sinnúmero de estudios y ahora podemos tener un tratamiento de obesidad específico para cada uno, tanto a nivel de dieta, ejercicio, y comportamiento, como de medicaciones, dispositivos endoscópicos y cirugías”, se entusiasma.

Además, Acosta destaca la diferencia en el porcentaje de peso perdido en uno y otro caso: “Cuando aplicamos eso en la clínica, demostramos que en los pacientes que sabemos su fenotipo y le damos un tratamiento basado en él, bajan el 16% de su peso, en comparación del 9% de pacientes tratados sin que sepamos su fenotipo”.

La identificación del fenotipo podría ayudar, también, a implementar estrategias de control de peso que perduren en el tiempo.

«Para mí lo que más funciona es poder entender la causa, y eso es lo que podemos lograr con los fenotipos, ya que las personas empiezan a comprender dónde tienen que hacer sus cambios importantes: decirles a todos que tienen que hacer todo es muy dificil, en cambio, decirles que tienen que hacer algo específico hace que el efecto perdure a largo plazo”, se explaya.

En este sentido, el profesional pone ejemplos de cómo conocer el fenotipo podría ayudar al éxito del tratamiento, como en el caso de la recomendación de ejercicio en el fenotipo de metabolismo lento.

“Es el que más va a ayudar a que crezca la masa muscular, entonces en este caso es importante que hagan ejercicio, porque la masa es metabólicamente más activa. A estos pacientes les indicamos ir al gimnasio, que trabajen con un experto en terapia física para que aumenten su masa muscular y de esa forma aumenten su metabolismo”, detalla.

“En cambio, a quienes padecen cerebro hambriento les solemos decir que caminen, que aumenten la cantidad de pasos que hacen por dia, pero no necesariamente que vayan al gimnasio, porque nuestros estudios han demostrado que tanto en esos y en quienes tienen intestino hambriento, el ejercicio les da más hambre, y es bien difícil combatir el hambre con una actividad que te da más hambre”, plantea.

“Entonces en esos pacientes lo que preferimos es que solo cuando hayan bajado una cantidad significativa de peso se introduzca el ejercicio como una herramienta importante para mantener el peso que hayan bajado”, expone.
Cómo determinar el fenotipo

Respecto a la forma de determinar el fenotipo, Acosta explica que no resulta sencillo, ya que hoy día implica practicarles a los pacientes una serie de estudios que toman entre 8 y 9 horas, entre los que se incluyen una medición del gasto energético basal, una densinometría ósea, un almuerzo para determin​ar cuánto alimento se requiere para lograr la saciedad y responder cuestionarios.

En relación a las pruebas que hoy en día realizan, Acosta explica que son en realidad las mismas que se vienen usando por investigadores de todo el mundo hace más de 40 años, pero que lo que hicieron fue reunirlas en un sólo estudio.

“Ideamos una prueba multidisciplinaria, que incluye médicos, enfermeros, nutricionistas, cirujanos, psicólogos, endoscopistas; todas las áreas involucradas en el manejo de obesidad”, resume.

Sin embargo, la posibilidad de acceder a este diagnóstico a nivel global es aún una cuenta pendiente: “¿Qué podemos hacer respecto al acceso, habiendo un billón de personas en el mundo con obesidad? En este momento resulta imposible que todas accedan a esta prueba”, admite que se plantearon.

Por eso, detalla que en la Clínica Mayo están trabajando para desarrollar un análisis de sangre que de forma sencilla permita conocer el fenotipo del paciente, y creen que podría llegar a estar disponible en Estados Unidos el año que viene.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
error: Contenido protegido !!