El secreto para que los chicos prueben más verduras: “La caja de vegetales”

Incorporar el consumo de vegetales a la dieta de niñas y niños chiquitos es considerado por muchos padres y madres una batalla perdida
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Está estudiado que los chicos necesitan probar de 8 a 10 veces un vegetal antes de que les guste. Foto ilustrativa Shutterstock.

Es que se trata de una indicación que, si a los adultos les cuesta cumplir (según muestran diversas encuestas a nivel nacional), a los chicos mucho más.

Y sin embargo, es una recomendación fundamental en el marco del avance de la epidemia de obesidad que crece en el mundo asociada a la mala alimentación y al sedentarismo y que, en paralelo, eleva la prevalencia de enfermedades asociadas, como las cardiovasculares, la diabetes y algunos tipos de cáncer.

Se sabe, además, que la primera infancia es un momento clave para incorporar hábitos saludables que se mantengan en el largo plazo. Por eso, investigadores de Países Bajos realizaron un estudio controlado en el que intentaron encontrar estrategias que puedan ayudar en la difícil tarea de lograr que los chicos coman vegetales variados.

Probar de 8 a 10 veces

«Es importante comenzar a comer vegetales a una edad temprana», dijo la investigadora Britt van Belkom, del programa Juventud, Alimentos y Salud de la Universidad de Maastricht, en los Países Bajos.

«Sabemos por investigaciones anteriores que los niños pequeños generalmente tienen que probar una nueva verdura de ocho a diez veces antes de que les guste», añadió durante la presentación de los resultados del trabajo que lideró, en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO), que este año se llevó adelante precisamente en la ciudad de Maastricht.

«Entonces -siguió- analizamos si pedirles repetidamente a los niños que prueben algunas verduras los volvería más dispuestos a comer sus verduras. También nos interesaba saber si proporcionar una recompensa divertida marcaría la diferencia.»

«La caja de vegetales»

Del estudio, bautizado «The Vegetable Box» (La caja de vegetales) participaron casi 600 años de 1 a 4 años que asistían a jardines de infantes de Limburg, en Países Bajos.

Van Belkom y sus colegas los asignaron aleatoriamente a uno de tres grupos: exposición/recompensa, exposición/sin recompensa, o control (sin exposición ni recompensa).

A los integrantes de los dos primeros grupos se les dio la oportunidad de probar una variedad de verduras todos los días que asistieron al jardín durante tres meses.

Los que estaban en el primero recibieron recompensas divertidas y no alimentarias, como una calcomanía o una corona de juguete, cuando probaron algunas verduras.

Conocer y probar

El conocimiento de las verduras y la disposición a probarlas se midió al inicio y al final del estudio.

El conocimiento se evaluó mostrándoles 14 vegetales diferentes y preguntándoles cuántos podían nombrar. La lista estaba integrada por tomate, lechuga, pepino, zanahoria, morrón, cebolla, brócoli, arvejas, coliflor, champignones, chauchas, achicoria, calabaza y espárragos.

El consumo se midió dándoles la oportunidad de probar trozos pequeños de seis vegetales (tomate, pepino, zanahoria, pimiento, rabanito y coliflor) y contando cuántos estaban dispuestos a probar.

En la prueba previa en el grupo de control (sin exposición ni recompensa), los chicos pudieron identificar alrededor de 8 verduras y en la prueba posterior esto aumentó a alrededor de 10.

En los otros dos grupos, en la prueba previa identificaron alrededor de 9 verduras y después, 11.

Para la voluntad de probar verduras, la puntuación máxima fue de 12 (dado que se les ofrecieron 2 bocados de 6 verduras diferentes).

En la prueba previa, en todos los grupos estaban dispuestos a probar alrededor de 5-6 vegetales. Esto disminuyó en el grupo de control, no cambió en el grupo de sin recompensa y aumentó a 7 en el grupo de recompensa.

«Ofrecer vegetales regularmente a niños pequeños en las guarderías aumenta significativamente su capacidad para reconocer varias verduras», dijo Van Belkom.

Y añadió que «recompensarlos por probarlas también parece aumentar su disposición a hacerlo». No obstante, subrayó que «el tipo de recompensa es muy importante: debe ser divertido, pero no comida».

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