Quién es el experto argentino que impulsa una nueva medicina: “Sanando la microbiota intestinal se pueden curar más de 90 enfermedades”

Es el médico gastroenterólogo argentino Facundo Pereyra, quien explicó por qué la hoy llamada medicina funcional, en un futuro cercano, permitirá conocer más sobre la conexión entre el empobrecimiento de los microorganismos de los intestinos y cura de enfermedades; desde infecciones graves hasta problemas de salud mental.
Dr. Facundo Pereyra

Es bueno aprovechar el impulso de un año nuevo para ponderar e incluso reconfigurar la idea de lo que significa una nueva medicina. Que no implica dejar de lado la medicina tradicional, sino dotarla de las perspectivas en salud de los hombres y mujeres del siglo XXI. Atravesados -y atribulados- por un tiempo que nos propone vivir más, -sociedades más añosas y longevas- pero en donde falta perfeccionar, vivir más y mejor.

En esta línea de pensamiento, el médico gastroenterólogo argentino Facundo Pereyra -oriundo de la ciudad de Cipolletti, provincia de Río Negro- tiene mucho para decir; y no teme afirmar que una parte de su práctica clínica corresponde a la medicina alternativa. Todo se basa en una sólida carrera con especializaciones en los mejores hospitales del país y en el exterior; y también en lo que aprendió de su propio padre, Juan Carlos Pereyra, cirujano y gastroenterólogo y el primer endoscopista que tuvo la Patagonia, y quien fue fundamental en su formación.

A través de su enfoque médico, que incorpora la medicina tradicional con la medicina funcional, el doctor Pereyra aborda los desequilibrios de la microbiota intestinal que generan una amplia variedad de síntomas y enfermedades, relacionadas algunas con el sistema digestivo y otras no. Y aquí es donde se encuentra la originalidad de sus teorías y prácticas, que vienen generando buenos resultados en gran cantidad de pacientes.

“Nunca nadie había tratado a un paciente con enfermedades asociadas a la microbiota. Por ejemplo, nunca nadie tomó a alguien con migraña, con ansiedad, con depresión, con psoriasis, y le hizo un tratamiento dirigido a mejorar la microbiota. Eso es lo que hacemos nosotros en nuestro programa”, remarcó en un diálogo que mantuvo con Infobae el especialista en medicina interna, gastroenterología y endoscopía digestiva.

Pereyra vivenció la medicina en su propia casa y luego realizó los estudios formales en la Universidad del Salvador, donde obtuvo su título de médico. Posteriormente, realizó su residencia en el gran Hospital de Clínicas General San Martín, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, y se especializó en Gastroenterología en el Hospital Bonorino Udaondo, centro de referencia en gastroenterología. “La mayoría de nosotros no sabe que los problemas digestivos causan estragos en todo el cuerpo: afecciones en la piel, cefaleas y migrañas, sobrepeso, enfermedades autoinmunes y la lista sigue…”

El doctor Pereyra asegura que fue su padre quien le “abrió la cabeza”. “Mi padre —contó a Infobae— veía que muchos pacientes de gastroenterología se curaban cuando iban a los médicos naturistas”, tras descubrir que “lo único que hacían era cambiarles la alimentación”, lo puso en práctica y vio que lograba “curar algunas enfermedades”.

“Cuando yo llego a mi tierra patagónica natal Cipolletti, desde Buenos Aires, de una formación muy extensa en clínica gastroenterológica, estuve más de cuatro años en el Hospital de Clínica y seis en el Hospital Udaondo, venía de una formación muy ortodoxa y todo lo que me explicaba mi padre, que le ocurría en el consultorio, no lo creía porque no estaba en ningún paper. Los médicos somos muy cientificistas, lo que no está demostrado no sirve. Pero con el tiempo empecé a ver que sí servía. Algunos pacientes me decían, ‘che, tu papá me curó de la artritis o de la depresión o de la migraña’ y el tratamiento que él hacía era básicamente cambiarles la alimentación”.

“Ahí descubrí una teoría que todavía hoy se la considera una medicina alternativa, pero creo que va a ser la medicina del futuro, que se llama Medicina Funcional. Y que hoy ya tiene un departamento y el epicentro está en la Cleveland Clinic, de Estados Unidos. Ocurrirá en un futuro bastante cercano y ya está teniendo resultados muy buenos, pero todavía la medicina no la acepta del todo”, manifestó. “Ya tenemos cinco papers. Son cinco abstracts que mandé a Estados Unidos. Y estamos con un trabajo muy grande que todavía no se ha publicado”, reveló Pereyra a Infobae.

El especialista explicó que la idea vertebral de la Medicina Funcional es milenaria, “ya lo dijo Hipócrates hace 2300 años, el intestino puede ser fuente de enfermedades”. Esta corriente médica habla —tal como él mismo lo está haciendo ahora— de que el “intestino puede ser permeable y describe al intestino permeable como fuente de enfermedades y síntomas que asociamos a la microbiota, y es lo que vengo observando desde hace muchos años en mis pacientes”, subrayó.

“Nosotros decimos que es una medicina alternativa —agregó— porque el intestino permeable no está aún aceptado científicamente. Pero yo estoy convencido de que sí existe; porque muchos pacientes que tienen síntomas digestivos también tienen otros síntomas”.

“El intestino funciona como un filtro o barrera para controlar lo que se absorbe en la sangre, y un intestino permeable puede generar una cascada de problemas de salud. Así, el desequilibrio de la microbiota puede contribuir a enfermedades que no tienen que ver sólo con el aspecto gastrointestinal”, sino que “la microbiota funciona como un órgano endocrino, es un órgano que tiene un papel casi tan importante como el riñón o el hígado”, precisó el médico.

“Cuando la microbiota empieza a empobrecerse -baja el número de especies, de bichitos, hay menos bacterias, menos hongos, menos virus, menos arqueas- y este órgano empieza a fallar; nosotros empezamos a enfermar en forma silenciosa”, aseguró.

—Doctor Pereyra, comencemos por el principio, ¿Qué es la microbiota intestinal?

—Facundo Pereyra: La microbiota intestinal convive en el intestino y genera sustancias que nos hacen bien al organismo en general. Cuanto más variada es, mejor, hay más cantidad de sustancias que ayudan a nuestra salud. Hablo de sustancias antiinflamatorias, sustancias antidepresivas, ácidos grasos que controlan la enfermedad intestinal, vitaminas y metabolitos que cada vez más la ciencia va descubriendo cómo nos benefician.

—¿Qué ocurre cuando la microbiota empieza a fallar?

—Cuando la microbiota empieza a empobrecerse baja el número de especies, hay menos bacterias, hongos, virus, arqueas, quiere decir que este órgano empieza a fallar; y empezamos a enfermar en forma silenciosa. Algo muy importante, es que “esta baja de microbiota” afecta al sistema inmunológico, porque cuando la microbiota se empobrece, hay menos bichitos, y parte de las sustancias que produce, se llaman ácidos grasos de cadena corta, en especial uno, llamado butirato, que protege la permeabilidad intestinal, se empieza a empobrecer y nuestro intestino empieza a volverse más permeable.

El intestino funciona como un filtro que deja pasar lo bueno, lo que nos nutre; y a la vez, no permite que pase lo malo, como toxinas, alimentos mal digeridos, microorganismos. Entonces ese filtro, cuando la microbiota se empobrece al haber menos ácidos grasos de cadena corta, menos butirato, empieza a haber un goteo, un filtrado, un intestino permeable.

En este punto, el doctor Pereyra describió los problemas derivados del mal funcionamiento de la microbiota intestinal

-Problemas digestivos, que son los más habituales, “como, por ejemplo, distensión abdominal, diarrea, constipación. Estos son los más comunes con los que todo el mundo lo asocia”, dijo.

-Los problemas derivados de un sistema inmunológico cansado o hiperactivo.

-Problemas que afectan al cerebro con diversos síntomas vinculados a la salud mental.

—¿Y qué ocurre cuando el intestino comienza a filtrar toxinas?

—Hace que afecte al sistema inmunológico que vive en gran parte en el intestino. El 70% de las células de la inmunidad -de los leucocitos- viven en el intestino, justamente para estar cuidándonos de que no entren cosas malas y nos enfermen.

Cuando el intestino se vuelve demasiado permeable el sistema inmunológico se sobrecarga y se debilita, y se genera una liberación de citoquinas que termina en lo que se llama una inflamación crónica de bajo grado. O sea, por un lado, el sistema inmunológico se deprime, porque está trabajando demasiado, el exceso de trabajo hace que se canse y haya muchas citoquinas inflamatorias, entramos en estado de inflamación crónica que genera muchos síntomas y activa muchas enfermedades.

En este punto, el doctor Pereyra describió una serie de infecciones y síntomas que aparecen por un sistema inmunitario cansado o, —”la otra cara de la moneda”— es el sistema inmunitario hiperactivo. “Cuando las citoquinas van a la sangre generan síntomas inespecíficos que la medicina recién ahora los está empezando a conocer y que hace años que yo vengo estudiando”, reveló.

Estos son algunos de los ejemplos de los “más de 90 cuadros clínicos” que, según dijo Pereyra, pueden curarse a través de la recuperación de la salud de la microbiota.

-Infecciones urinarias a repetición

-Distintos virus

-Faringitis a repetición

-Gastroenteritis

-Candidiasis vaginal

-Herpes

-Dolores de cabeza

-Hormigueos y adormecimientos

-Erupciones en la piel

-Picazón

-Alergias, rinitis

-Hinchazón de manos, pies y cara

-Fatiga crónica

-Adicción a las harinas del azúcar

-Dificultad para bajar de peso

-Cansancio crónico

-Dolor articular y muscular

-Algunas enfermedades autoinmunes pueden verse activadas o empeoradas, en especial Hashimoto, lupus, colitis ulcerosa, Crohn, artritis reumatoidea, psoriasis.

-Problemas hormonales femeninos, como síndrome de ovario poliquístico, endometriosis, los síndromes premenstruales y la infertilidad.

-Caída del cabello

-Visión borrosa

-Niebla mental

-Síndrome de las piernas inquietas

-Dolor en la planta de los pies

El intestino como “segundo cerebro”

El doctor Pereyra explicó también el por qué de la conocida frase que actualmente asegura que “los intestinos son el segundo cerebro del organismo”. “Se le dice así porque hay muchas neuronas en el intestino, hay trillones de neuronas. Los intestinos tienen la misma cantidad de neuronas que la médula espinal o el cerebro de un perro y tienen los mismos neurotransmisores que el cerebro.

El primer cerebro está conectado con el segundo cerebro por el nervio vago, que funciona como una autopista entre ambos órganos. Esa relación se ve cuando, por ejemplo, nos enamoramos y sentimos mariposas en la panza, o nos ponemos nerviosos y aparece diarrea, constipación o colon irritable.

“Lo que descubrió la ciencia, y nosotros estamos trabajando mucho en esto —dijo—, es que algunas personas cuando están mal de la panza están hinchadas porque comieron de más, o mezclaron alimentos, o comieron gluten y son sensibles al gluten, o tomaron cualquier cosa que les hace mal a la panza, esa inflamación del intestino puede generar efectos en el cerebro, como insomnio, ansiedad o depresión”.

–¿Cómo se explica ese vínculo entre el intestino y la salud mental?

—Hay muchos mecanismos que lo explican. Uno es el mecanismo de la neuroinflamación, que es el más popular. Cuando está inflamado el intestino también puede aumentar la permeabilidad por varias cosas, como por ejemplo el gluten y los lácteos en personas predispuestas, la mala dieta, los analgésicos, los antibióticos, haber sido operado de la vesícula, los cambios hormonales por el embarazo y el parto, un virus digestivo, cualquier cosa que hace que el intestino se inflame y se vuelva más permeable hace que se filtren toxinas que generan la hiperactividad del sistema inmunológico y terminan activando mucha producción de las citoquinas que son armas que tienen los leucocitos para matar al enemigo, genera la inflamación del sistema nervioso y genera insomnio, ansiedad, depresión.

Cuando está mal (enfermo) el intestino, la microbiota se empobrece, y entonces hay menos serotonina producida en las bacterias, y en consecuencia habría menos serotonina en el cerebro, que es la hormona de la felicidad, entonces nos ponemos tristes.

—¿Cómo es el tratamiento innovador que usted propone, y que en su libro dio en llamar “resetear los intestinos”?

—Lo que se necesita para poder revertir un intestino inflamado y curar el sistema inmunológico, el sistema neurológico y todos los síntomas de enfermedad que esto conlleva, es poner a descansar al intestino.

Diseñar una dieta a medida, y esto lo aprendí también de la medicina alternativa. El naturismo dice que hay que poner a descansar los órganos para que se autosanen. Entonces fusionamos la dieta FODMAP, que la dan casi todos los gastroenterólogos.

Pero a la dieta FODMAP le faltaba un poquito más porque permite avena, que tiene un poquito de gluten; carne roja, que a algunos pacientes les hace mal; permite productos deslactosados que, aunque se saque la lactosa, el paciente sigue comiendo la caseína, un producto que también es inflamatorio. Entonces, fusioné la dieta de eliminación de la medicina funcional con la dieta FODMAP.

A esto también le agregamos algunos suplementos que pueden ser útiles, siempre previa consulta médica. Usamos mucho el magnesio, el omega 3, que son antiinflamatorios, que producen cambios muy sorprendentes en muchas personas, y le agregamos prácticas de gestión del estrés para que el intestino esté lo más tranquilo posible.

El combo que yo describí para curar al intestino, al sistema inmunológico y al sistema neurológico es una dieta de eliminación fusionada con suplementos y gestión del estrés. Y en ese combo al día siete, más o menos, el paciente ya se empieza a sentir muy bien; y al día ocho o nueve ya empezamos a reintroducir alimentos y vamos agregando un alimento por día de forma controlada y viendo cuál es el alimento que genera el síntoma.

En muchas personas, el síntoma es retardado. Come una chocotorta hoy y la migraña tarda tres días en volver a aparecer. Hasta que no se hace este proceso de eliminar, evaluar, reintroducir y comparar, la persona no logra entender lo que le está pasando.

Luego, para mantenerlo, la clave es haber detectado antes cuáles son los alimentos perjudiciales. Una vez que se mejoraron los síntomas, se vuelve a la vida normal, pero el alimento que se descubrió que hace mal hay que eliminarlo, o tal vez, solo hay que dosificarlo.

—¿El estrés, cómo entra dentro de este esquema?

—En nuestro plan es muy importante. Por eso nosotros, para poder curar y poner a reposar el intestino, resetearlo, hay que brindarle un spa al intestino.

Por eso, no solamente le sacamos todos los alimentos que le hacen mal y le ponemos todos los alimentos que hacen bien. También hacemos todo lo posible para que el paciente esté lo más relajado posible. Le pedimos que todos los días haga ejercicio y le mandamos clases virtuales filmadas para principiantes y que todos los días medite. Y el que nunca meditó, aunque sea que haga la prueba, porque hay dos cosas activas muy importantes que podemos hacer para gestionar el estrés: la meditación y el ejercicio.

—¿Qué ocurre cuando la persona no se cura?

—Por supuesto que hay personas que no se curan con el reseteo. Tenemos calculado que el 20% de las personas no mejora nada y casi siempre son personas que tienen un estrés muy severo y nosotros mismos los orientamos, le damos un seguimiento, tenemos un protocolo. Por ejemplo, si la persona tiene demasiada ansiedad, le damos tratamiento para la ansiedad, usamos hongos adaptógenos, 5-HTP, teanina o mandamos al paciente a un médico que le dé un neuromodulador si hace falta.

—¿Superar las enfermedades derivadas del mal funcionamiento de los intestinos está vinculado con aumentar la longevidad?

—Si bien no hay una relación directa, cada vez se habla más del concepto de inflamación de la edad. Se sabe que muchos de los eventos que precipitan la muerte y eventos de la vejez tienen que ver con que nuestro cuerpo se va inflamando, el sistema inmunológico se pone hiperactivo. No necesariamente por un intestino permeable, sino también por el paso de la edad. Ahí hay muchos factores, puede ser la mala dieta, un intestino permeable, sedentarismo, obesidad, estrés crónico, alcoholismo, tabaquismo. No hay una relación muy directa estudiada por la ciencia entre intestino inflamado y permeable y longevidad, pero los conceptos son muy similares se debe gestionar el estrés, hacer una dieta saludable y ejercicio.

Por: Daniela Blanco

Facebook
Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio