3 diciembre 2020 23:35

La mente brillante detrás de la vacuna de Oxford-AstraZeneca devela detalles sobre uno de los desarrollos más prometedores contra el coronavirus

En el marco del evento BioArgentina Virtual 2020, Sarah Gilbert, la científica detrás de la vacuna de Oxford, y Per Alfredsson, de AstraZeneca, revelaron detalles sobre esta vacuna
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Desde el inicio de la pandemia, cuando comenzaron a conocerse las particularidades de este nuevo coronavirus, se supo que la vacuna sería la única salida para que el mundo retome su ritmo, aquel que tenía antes de que el SARS-CoV-2 se adueñara del planeta.

Detrás de la búsqueda de una cura que termine con la pandemia se encuentran los científicos. Una de las más nombradas estos tiempos es sin dudas Sarah Gilbert, la mujer detrás de la vacuna de Oxford-AstraZeneca.

“A pesar de que trabajo en la universidad, siempre me interesó llevar adelante investigaciones que provoquen un cambio importante en la vida y en la salud de las personas. Esta es una vacuna que la necesita en todo el mundo, no lo podemos hacer solos, por eso necesitamos trabajar con distintos agentes que estén comprometido para que todo el mundo tenga acceso global a la misma, y me enorgullece haber compartido con Astrazeneca este proceso para poder hacer un cambio en el mundo y no solo en algunos países”, explicó Sarah Gilbert en el marco de BioArgentina Virtual 2020, una jornada organizada por la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB), con el objetivo de sostener el impulso del desarrollo de la biotecnología, actor clave en la economía del conocimiento y más aún en este contexto de pandemia.

En este sentido, la especialista que lleva 15 años dedicada al desarrollo de vacunas contra la influenza y otros patógenos emergentes, entre ellos el MERS, un miembro de la familia de los coronavirus, no dudó en intentar buscar una solución. Por ese motivo, Gilbert explicó que cuando se conoció la secuencia genética del nuevo virus, un equipo del Instituto Jenner, de la Universidad de Oxford, comenzó a trabajar en un desarrollo que pudiera proteger al organismo contra la infección pero con una ventaja: ya conocían la plataforma para poder llevarlo a cabo.

La fórmula, que está siendo desarrollada a una velocidad sin precedentes, está hecha a base de un virus genéticamente fabricado que ocasiona el resfriado común en chimpancés. Los científicos lo han modificado de forma que no pueda ocasionar infecciones en personas y para que se asemeje más al coronavirus. Lo han hecho transfiriendo las instrucciones genéticas para la llamada “proteína del pico” del coronavirus -la herramienta clave que este emplea para invadir las células de humanos- a la vacuna que están desarrollando.

De esta manera, esta vacuna se parece al nuevo coronavirus y el sistema inmune puede aprender a luchar contra él. Al estar basada en un adenovirus modificado, que no se replica, es más segura, en especial para los pacientes más frágiles.

“En julio, ya teníamos los primeros resultados de la fase I que indicaban que los 1077 participantes del estudio evoluionaron favorablemente. Las reacciones locales y sistémicas transitorias eran comparables con los ensayos anteriores y otras vacunas de vectores adenovirales. Los efectos adversos incluyeron dolor y sensibilidad en el lugar de la inyección temporal, dolor de cabeza de leve a moderado, fatiga, escalofríos, fiebre, malestar y dolor muscular. No se informaron eventos adversos graves y las reacciones disminuyeron con el uso de paracetamol profiláctico, un analgésico, y ocurrieron con menos frecuencia después de una segunda dosis”, comentó Gilbert.

En siete meses de intenso trabajo, la especialista explicó que mientras el mundo iba contando los casos de contagios y fallecidos en el mundo, desde Oxford y con el apoyo de Aztrazeneca trabajan incansablemente para buscar una solución segura y efectiva: “A medida que se iban conociendo más y más casos fuimos elaborando una respuesta rápida”.

De acuerdo a los últimos resultados, todo parece indicar que los voluntarios elaboraron respuestas inmunes de anticuerpos y células T que pueden combatir el virus. “Produce una respuesta muy fuerte ante el COVID-19. Esto fue debido a que antes del 2020 ya usábamos esta tecnología, por ende, ya teníamos mucha información sobre esto. Lo más importante es que no hubo evidencia de que la vacuna provocara ningún daño, sino que cumplía con su función: proteger. La vacuna va a ser segura”, enfatizó Gilbert.

Actualmente se está llevando a cabo la fase III en Reino Unido, Brasil, Sudáfrica y Estados Unidos. Países como Rusia y Japón comenzarán en breve. La mayoría de los voluntarios recibe dos dosis, ya que las respuestas inmunológicas fueron más elevadas en aquellos que recibieron una segunda dosis.

Pero ¿cómo garantizar que será accesible y llegará a todo el mundo? De acuerdo a Per Alfredsson, vicepresidente senior de operaciones biológicas globales en AstraZeneca, existen cuatro pilares para asegurar el acceso de forma equitativa: “Trabajamos con los gobiernos para expandir el acceso, desarrollamos pruebas de ensayo en distintas partes del mundo para desarrollar un proceso a gran escala, estamos en contacto con organizaciones multilaterales para asegurar la distribución de la misma y buscamos socios para aumentar la producción y distribución de la vacuna”.

Con la capacidad de producir tres mil millones de dosis de vacunas, AztraZeneca tiene acuerdos en todo el mundo para poder llevar a cabo la distribución. Desde regiones como Latinoamérica hasta países como China y Japón y más de 20 alianzas en 15 países para garantizar su distribución.

“En tiempos así la industria demostró un gran accionar en la lucha contra la pandemia y todos queremos asegurarnos de que esta vacuna llegue a todo el mundo. Mucho ha pasado en siete meses; fue una experiencia fantástica y hemos continuado trabajando muy cerca con Oxford y ahora tenemos que seguir viendo como se desarrolla la fase III”, concluyó Alfredsson.

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