Las inyecciones con semaglutida y tirzepatida deben ser prescritas por profesionales y no sustituyen hábitos saludables
El crecimiento del uso de inyecciones para bajar de peso en Argentina instaló un fuerte debate médico y social. Aunque estos tratamientos demostraron eficacia en pacientes con obesidad y enfermedades asociadas, especialistas advierten que no representan una solución mágica ni deben utilizarse sin indicación y seguimiento profesional.
La obesidad es considerada actualmente una enfermedad crónica, multifactorial y progresiva, vinculada a múltiples comorbilidades como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, afecciones cardiovasculares y procesos inflamatorios sistémicos. En ese marco, los tratamientos farmacológicos aparecen como una herramienta terapéutica más dentro de un abordaje integral.
Entre los medicamentos más conocidos se encuentran la semaglutida y la tirzepatida, comercializadas bajo marcas como Ozempic y Mounjaro. Ambos fármacos fueron desarrollados originalmente para tratar la diabetes tipo 2, aunque luego comenzaron a utilizarse por su efecto en la reducción de peso corporal. En Argentina, además, existen alternativas de producción nacional.
Su mecanismo de acción está relacionado con la hormona GLP-1, que regula la sensación de saciedad y el control de la glucosa en sangre. Esto permite reducir el apetito y mejorar parámetros metabólicos. Sin embargo, los especialistas insisten en que su uso debe estar estrictamente supervisado por profesionales de la salud.
No se trata de medicamentos de venta libre ni están indicados para cualquier persona. Generalmente, se prescriben a pacientes con obesidad o sobrepeso asociado a factores de riesgo como prediabetes, hipertensión o antecedentes cardiovasculares.
Además, remarcan que su efectividad depende de que estén acompañados por cambios sostenidos en el estilo de vida, incluyendo alimentación saludable, actividad física y seguimiento médico. Sin estas modificaciones, el riesgo de recuperar peso tras suspender el tratamiento es elevado.
El fenómeno también reavivó la preocupación por la obesidad infantil. Según especialistas, Argentina presenta una de las tasas más altas de América Latina, una problemática atravesada por múltiples factores, entre ellos dificultades de acceso al sistema de salud, hábitos alimentarios inadecuados y falta de prevención temprana.
En este contexto, los expertos coinciden en que estas inyecciones pueden ser una herramienta valiosa cuando están bien indicadas, pero subrayan que su utilización debe enmarcarse en un tratamiento integral, personalizado y sostenido en el tiempo.







