La campaña de vacunación en Argentina atraviesa un momento de tensión. En distintas provincias, municipios comenzaron a reportar faltantes de dosis clave y demoras en la entrega, una situación que impacta directamente en la cobertura de niños, adultos mayores y grupos de riesgo, justo cuando comienza la temporada de enfermedades respiratorias.
Las dificultades se registran principalmente en distritos de Buenos Aires y Córdoba, donde el personal sanitario advierte sobre la escasez de vacunas esenciales como la antigripal, la BCG, hepatitis B y varicela, entre otras. En algunos casos, los stocks disponibles apenas alcanzan para cubrir una parte de la demanda, lo que obliga a postergar esquemas de vacunación o reprogramar turnos.
Desde el Ministerio de Salud de la Nación reconocieron las demoras, aunque llevaron tranquilidad al señalar que la situación comenzaría a normalizarse en los próximos días. Según explicaron, los inconvenientes responden a problemas logísticos a nivel regional vinculados a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en un contexto internacional complejo que afectó el transporte de insumos médicos.
Sin embargo, la preocupación crece en el ámbito sanitario. El infectólogo Eduardo López fue contundente al analizar el escenario y advirtió que la vacunación debe ser considerada una prioridad. “Es una inversión, no un gasto”, remarcó, al tiempo que subrayó la necesidad de garantizar la compra y distribución de dosis en tiempo y forma.
El especialista puso el foco en el inicio de la temporada de gripe, donde la vacuna antigripal adquiere un rol central para prevenir complicaciones en los grupos más vulnerables. Adultos mayores, niños pequeños, embarazadas y personal de salud dependen de esa cobertura para reducir riesgos, especialmente en contextos de alta circulación viral.
Pero el problema no se limita a una vacuna. López también alertó sobre el impacto de las demoras en otras inmunizaciones clave del calendario, como la destinada a embarazadas contra el virus sincitial respiratorio, cuya aplicación tiene una ventana muy acotada. “Si se retrasa, hay personas que directamente quedan afuera”, explicó.
Las consecuencias de estas interrupciones pueden ser profundas. No solo aumentan las probabilidades de contraer enfermedades prevenibles, sino que también se incrementa la presión sobre el sistema de salud, con más consultas, internaciones y costos asociados.
A este escenario se suman dificultades estructurales en el acceso. Un relevamiento reciente indicó que el 66% de las familias no logró vacunar a sus hijos en tiempo y forma. Entre las principales razones aparecen los horarios restringidos de los vacunatorios, la falta de dosis y las largas esperas, obstáculos que desalientan la concurrencia, especialmente en hogares donde los adultos trabajan.
“El problema no es solo que falten vacunas, sino que tampoco estamos facilitando el acceso”, advirtió López. En ese sentido, insistió en la necesidad de fortalecer tanto la logística de distribución como las condiciones de atención, para evitar que la cobertura siga cayendo.
Mientras tanto, en los centros de salud la incertidumbre continúa. Equipos sanitarios y pacientes esperan que la prometida normalización llegue en los próximos días, en un contexto donde cada demora puede traducirse en una oportunidad perdida para prevenir enfermedades.







