Una investigación argentina identificó un mecanismo de comunicación entre células tumorales que activa la autofagia, un proceso de reciclaje celular que favorece la adaptación a condiciones adversas.
El hallazgo abre nuevas líneas de estudio para desarrollar posibles estrategias terapéuticas, aunque todavía no tiene aplicación clínica.
Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) identificaron un mecanismo que podría contribuir a la supervivencia del cáncer de páncreas en condiciones adversas. El estudio reveló que las células tumorales liberan pequeñas vesículas que transmiten señales a otras células y activan un proceso de adaptación conocido como autofagia.

Un adenovirus modificado ingresa selectivamente en un tumor pancreático, causando la fragmentación de células cancerosas y liberando señales inmunológicas para atraer células del sistema inmune.
El hallazgo aporta información sobre el adenocarcinoma ductal pancreático, el tipo más frecuente de cáncer de páncreas, caracterizado por su agresividad y las dificultades para tratarlo. Los resultados fueron publicados en la revista científica Scientific Reports.
La investigación se centró en cómo las células malignas responden a la escasez de oxígeno y nutrientes dentro del tumor. Estas condiciones dificultan su supervivencia, pero también pueden activar mecanismos que les permiten adaptarse y tolerar situaciones de estrés.
El equipo estuvo integrado por investigadores del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (IDEHU), dependiente del CONICET y de la Universidad de Buenos Aires, junto con científicos de otras instituciones.
Cómo se comunican las células tumorales
Una de las principales características del cáncer de páncreas es su microambiente tumoral, formado por abundante tejido fibroso y una cantidad limitada de vasos sanguíneos. Esta estructura dificulta la llegada de oxígeno, nutrientes y medicamentos al tumor.
Frente a esas condiciones, algunas células activan la autofagia, un mecanismo mediante el cual degradan y reciclan componentes propios para obtener energía y mantener sus funciones vitales.
La novedad del estudio es que esa respuesta puede transmitirse a otras células mediante vesículas extracelulares, pequeñas estructuras que transportan señales y sustancias entre células.
Los experimentos mostraron que las células tumorales sometidas a falta de nutrientes liberan vesículas capaces de activar la autofagia en células vecinas que todavía disponen de recursos suficientes. De esta manera, la respuesta no queda limitada a las células que atraviesan directamente la situación de estrés.
Los investigadores identificaron que el efecto estaba asociado a una subpoblación de vesículas que presenta las proteínas CD63 y CD81 en su membrana. También observaron la participación de la proteína CD9 durante las etapas iniciales de reorganización de estas estructuras.
María Noé García, directora del estudio e investigadora del CONICET, explicó que el objetivo fue comprender cómo las células del adenocarcinoma ductal pancreático se adaptan a las condiciones adversas del tumor y qué mecanismos pueden contribuir a su resistencia.
El papel de KRAS en la adaptación del tumor
El trabajo también analizó la participación de KRAS, un oncogén que presenta mutaciones en la gran mayoría de los casos de adenocarcinoma ductal pancreático.
Según los resultados, las vesículas procedentes de líneas celulares con alteraciones en KRAS indujeron autofagia en otras células tumorales y en células pancreáticas no tumorales. El mismo efecto no se observó con vesículas provenientes de líneas celulares sin esa alteración.
Los investigadores también identificaron la participación de FOXO3a, una proteína que regula la expresión de genes vinculados con la autofagia y que interviene en la respuesta de las células receptoras a las señales transportadas por las vesículas.
Estos resultados sugieren que las alteraciones genéticas del tumor pueden influir en la comunicación entre células y en su capacidad para adaptarse a un entorno con pocos nutrientes.
La investigación también plantea que estas señales podrían modificar el comportamiento de células del tejido pancreático no tumoral, aunque todavía es necesario determinar el alcance de ese mecanismo en organismos vivos y en pacientes.
Un posible camino para nuevas terapias
El descubrimiento abre nuevas líneas de investigación sobre la posibilidad de intervenir en la comunicación celular que favorece la adaptación del tumor.
Una alternativa sería estudiar tratamientos capaces de bloquear selectivamente las señales transportadas por determinadas vesículas. Otra posibilidad es investigar cómo modular la autofagia en las células cancerosas sin afectar las funciones esenciales de los tejidos sanos.
Los investigadores, sin embargo, advirtieron que el hallazgo no representa todavía un tratamiento disponible. La autofagia es un proceso fundamental para el funcionamiento normal de las células, por lo que inhibirla de manera general podría provocar efectos adversos.
Daniel Grasso, primer autor del trabajo e investigador del IDEHU, señaló que aún falta avanzar en el desarrollo de estrategias que permitan actuar sobre este mecanismo de forma selectiva.
El equipo continuará estudiando los componentes de las vesículas y las señales que transportan, con el objetivo de determinar si pueden convertirse en blancos terapéuticos.
Los resultados aportan nuevas claves para comprender cómo el cáncer de páncreas logra adaptarse a condiciones desfavorables y refuerzan la importancia de investigar los mecanismos de comunicación entre las células tumorales. No obstante, serán necesarios nuevos estudios antes de establecer si estos hallazgos pueden traducirse en tratamientos para los pacientes.







