PABLO BIZÓN

Supongamos por un momento que un día anda por allí, turisteando por las colinas de la península de Kola, bien al norte de Rusia. Que pasa por una pequeña ciudad llamada Zapoliarni y sigue unos 12 km por un camino de ripio hasta un sitio bastante desolado en el que probablemente le llamen la atención un par de grandes edificios semiderruidos y montones de hierros y cañerías retorcidos. Y una pequeña tapa redonda de hierro oxidada y sellada por 12 remaches.

¡Cuidado, no intente abrirla! Es la tapa del “pozo del infierno”.

Quienes tengan algunos años quizás recuerden una historia que circuló hacia fines de los 80: en alguna zona de la Siberia soviética, se decía, habían cavado un pozo tan profundo que habían llegado al mismísimo infierno.

Y se daban detalles: que era una misión científica, que la perforación había superado los 14.400 metros, y que habían encontrado una misteriosa cavidad subterránea. Que entonces habían hecho descender un micrófono resistente al calor y -¡horror!-, lo que escucharon fueron gemidos, gritos y lamentos: “los gritos de los condenados en el infierno”.

La “noticia” pronto se extendió a Estados Unidos, y aparecieron las grabaciones de los “gritos de los condenados”. La radio religiosa TBN -hoy una red de canales evangélicos- afirmó que era una “prueba” de la existencia del infierno, y difundió también una historia inventada por un profesor noruego enojado con tanta credulidad, que citó un supuesto informe -falso- que decía que un extraño ser con alas de murciélago había surgido del pozo gritando “¡He vencido!”

Puede que esta historia le resulte atrapante, pero la realidad es menos espectacular. El “pozo del infierno” no está en Siberia sino en la península de Kola, bien al norte de la Rusia europea.

Su existencia se debe a aquella carrera entre potencias típica de la Guerra Fría: Estados Unidos había iniciado en 1961 el proyecto Mohole, que exploraría el centro de la Tierra desde el fondo del océano Pacífico, donde la corteza terrestre es más delgada.

Pero lo abandonó en 1966 por falta de financiamiento.

La Unión Soviética tomó la posta e inició la perforación del “Pozo Superprofundo de Kola” el 24 de mayo de 1970, y entre varios pozos iniciales, el SG-3 alcanzó, en 1989, los 12.262 metros, la mayor profundidad -en línea vertical- perforada hasta el día de hoy.

Poco más de 12 km. Es muy profundo, sí, pero también bastante poco, si consideramos que sólo la corteza terrestre tiene unos 35 km de espesor, y que para llegar al centro de la Tierra habría que perforar otros 6.300 km.

Lo cierto es que las temperaturas allí abajo se hicieron muy altas: previamente calculaban que habría unos 100 grados, pero se encontraron con más de 180.

Es decir, se elevaron tanto como los costos, lo que llevó a detener el proyecto, que se cerró definitivamente tras la caída de la URSS.

Y aunque se lograron hallazgos científicos interesantes, y hasta se instaló un laboratorio geológico a 8.578 metros de profundidad, no hubo -al menos que se sepa- ningún encuentro sobrenatural. Eso sí, si pone en Youtube “pozo del infierno de Kola”, o algo similar, podrá escuchar los terroríficos lamentos de quienes arden en el infierno.

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