La genética al estrado: ¿la ciencia puede modificar una sentencia judicial?

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Cuatro bebés hermanos fallecen sin explicación. La Justicia responsabiliza a la madre y la condena a 40 años de prisión. 20 años después de la sentencia, ella recupera su libertad gracias a nueva evidencia científica sobre las muertes de los infantes.

Fuente: Agencias de Noticias Científicas UNQ · 19 SEPTIEMBRE, 2023

Por Ayelén Milillo*

La historia es famosa por lo perversa e inusual. La protagonista es Kathleen Folbigg, una mujer australiana condenada en 2003 a 40 años de prisión por el asesinato de sus cuatro bebés, todos menores a dos años, entre 1989 y 1999. Fue catalogada por la prensa y la opinión pública como la peor asesina en serie del país. Luego de 20 años en prisión, el gobernador de Nueva Gales firmó el indulto y ordenó la liberación inmediata de Kathleen, a partir de evidencias aportadas por un equipo de científicos y científicas que probaron su inocencia.

Una condena, mucho ruido y pocas evidencias
En un principio, los fallecimientos de los infantes (dos niñas y dos niños) fueron atribuidos a causas naturales: epilepsia en el primero y síndrome de muerte súbita en el resto. Sin embargo, en 2003, el entonces marido de Kathleen, Craig Gibson Folbigg, presentó ante la justicia una prueba en contra de su esposa que parecía ser contundente: el diario íntimo de Kathleen incluía anotaciones sospechosas como “con Sarah todo lo que quería era que se callara. Y un día lo hizo”, refiriéndose a una de sus niñas. Comenzó así un juicio contra la madre de los bebés que duraría 7 semanas.

Basado en esas pruebas, el jurado la encontró culpable de homicidio de Caleb (su primer hijo) y del asesinato de sus otros tres bebés (Sarah, Laura y Patrick). El juicio incluyó aspectos que no conformaron a las amigas y familiares de Kathleen. En 1999, una eminencia en pediatría, especialista en abuso infantil, Sir Roy Meadow, estableció que “una muerte súbita en el infante es una tragedia, dos muertes súbitas son sospechosas y tres muertes súbitas implican un asesinato, excepto que se demuestre lo contrario”. El pediatra no conocía que, si existe algún defecto genético, la probabilidad de muerte súbita de hermanos muertos por esa misma razón aumenta casi 90 veces, siendo incluso más probable que dos infanticidios seguidos.

Sir Roy Meadow sería retirado del registro médico profesional de Londres en 2005, por ser hallado culpable de otorgar evidencia alterada en el juicio de la inglesa Sally Clark quien, en un caso similar al de Kathleen, fuera acusada de asesinar a sus dos niños y liberada después de una segunda apelación (ver cuadro al final).

Las pruebas mencionadas y las pericias psiquiátricas de Kathleen -que indicaban un estrés post traumático desde la niñez por haber presenciado el asesinato de su madre por parte de su padre- fueron suficientes para encontrarla culpable. Sin embargo, no había registros de abuso, ni señales físicas de asfixia en los cuerpos de los bebés, ni testigos ni motivos aparentes.

“Ya he tenido que sufrir enormemente en las manos de Craig y su habilidad para transformar lo simple en relatos exagerados” y “ahora tengo que enfrentar ser la mujer más odiada…”, fueron algunas de las frases que escribió Kathleen en una carta luego de recibir la condena.

¿La genética es la culpable y Kathleen inocente?
En marzo de 2021, principalmente a raíz de un trabajo publicado en la revista Europace de la European Society of Cardiology, como consecuencia de un hallazgo en el material genético de dos de las bebés muertas, un grupo de noventa científicos y científicas junto a familiares y amigos firmaron una petición para exigir la liberación de Kathleen. También aclamaron la existencia de nuevas evidencias psiquiátricas y psicológicas sobre su diario personal.

El equipo científico halló que las dos niñas y Kathleen poseían una variante (nunca antes descripta) en el gen que codifica una proteína -llamada calmodulina– que cumple una función clave en la regulación de la contracción cardíaca. Las mutaciones (es decir, cambios en la secuencia) en los genes que codifican esta proteína pueden causar afecciones cardíacas como arritmias y muertes súbitas. Sin embargo, hubo discrepancias en cuanto a la gravedad de estos nuevos hallazgos. Por ejemplo, un grupo de científicos en Sydney -que también analizó las muestras- sostuvo que la variación no tenía riesgo para la vida.

Por otro lado, en el caso de los hijos varones, se hallaron variantes en otro gen (BSN) asociadas a ataques de epilepsia letal en ratones. En noviembre de 2022, en la segunda instancia de apelación, se presentaron estas nuevas evidencias.

El beneficio de la duda
La mayor parte de los sistemas legales del mundo adoptan el concepto del beneficio de la duda o in dubbio pro reo”, explica el abogado argentino Emmanuel Schillaci, consultado sobre este caso. “Esto significa que el acusado se presume inocente excepto que haya evidencia suficiente en su contra. Es trabajo del fiscal demostrar la culpabilidad del acusado”.

En la nueva instancia de investigación (poner año entre paréntesis para que no se pierda tanto quien lee) sobre la condena de Kathleen, el juez a cargo dio permiso a la Academia Australiana de Ciencia para que actúe como consejero científico. Muchos clínicos y científicos internacionales dieron su opinión al respecto de las nuevas evidencias. Si se revisa la jurisprudencia de otros países, hubo casos de revocación de condenas, particularmente a madres, que fueron acusadas de matar a sus infantes y que luego, gracias a evidencia científica, se las halló inocentes (ver cuadro). Vale aclarar que estos casos ocurrieron en el mismo período en que Sir Roy Meadow expuso su controversial regla.

Tras 20 años en prisión, en junio de 2023, gracias a las nuevas evidencias científicas, y faltando tan sólo 5 años para que pueda solicitar la libertad condicional, la gobernadora del estado australiano de Nueva Gales del Sur firmó el indulto de Kathleen. Habrá que esperar para conocer si las penas finalmente se anulan y si ella decide demandar al Estado australiano. Mientras tanto, y gracias a la ciencia, se hizo justicia; y el caso podría convertirse en una luz de esperanza para otras mujeres que han sido acusadas injustamente.

*Investigadora Asistente de CONICET, docente de la Universidad Nacional de Río Negro y estudiante de la Especialización en Comunicación, Gestión y Producción Cultural de la Ciencia y la Tecnología (cohorte 2022), Universidad Nacional de Quilmes.

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