El mercado argentino de teléfonos celulares enfrenta un escenario de aumentos de precios impulsado por una fuerte suba en los costos internacionales de componentes clave, especialmente memorias y semiconductores. Aunque en los últimos meses el Gobierno redujo aranceles e impuestos para favorecer una baja de precios, el encarecimiento global de los insumos amenaza con neutralizar ese efecto y trasladarse a los consumidores.
Según fuentes del sector, las memorias DRAM y NAND registraron incrementos de entre 150% y 200% desde diciembre, una situación que golpea con mayor fuerza a los teléfonos de entrada de gama. En algunos equipos de alrededor de 100 dólares, el costo de las memorias ya supera el valor total del dispositivo, alterando la estructura de costos de los fabricantes.
La presión proviene principalmente del mercado internacional. El crecimiento de la inteligencia artificial llevó a los grandes productores de chips a destinar buena parte de su capacidad a la fabricación de componentes para centros de datos, un segmento más rentable que la electrónica de consumo. Como consecuencia, la oferta disponible para la industria de smartphones se redujo y los precios de los semiconductores se dispararon.
A este escenario se suman dificultades logísticas globales, mayores costos de transporte y el encarecimiento de insumos estratégicos, factores que mantienen bajo tensión a toda la cadena de suministro tecnológica.
En la Argentina, la situación se ve agravada por un mercado en retracción. Las ventas de celulares cayeron durante el primer trimestre de 2026 y las proyecciones indican que este año se comercializarán cerca de 5,3 millones de unidades, por debajo de los 6,2 millones registrados en 2025. La pérdida de poder adquisitivo y la competencia del contrabando limitan, además, la capacidad de las empresas para trasladar plenamente los aumentos al consumidor.
Frente a este panorama, fabricantes e importadores comenzaron a ajustar inventarios y a priorizar modelos con menores requerimientos de memoria o dispositivos de gama alta, donde el impacto de los chips representa una porción menor del costo total. También se evalúan alternativas para ampliar la capacidad de almacenamiento mediante tarjetas externas o servicios en la nube.
Desde la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (AFARTE) descartan por ahora una suba inmediata del 30% en los precios finales, aunque reconocen que los insumos continúan encareciéndose y que las listas de precios evolucionan en esa misma dirección. Las empresas sostienen que el traslado de los aumentos dependerá de la estrategia comercial de cada marca, de la evolución de la demanda y del contexto impositivo.
En este contexto, el segmento más vulnerable es el de los celulares económicos, donde el peso de los componentes afectados es mayor. Los modelos premium, en cambio, cuentan con más margen para absorber parte de los incrementos. Mientras tanto, las consultoras internacionales anticipan una caída histórica en las ventas globales de smartphones durante 2026, lo que confirma que la crisis de costos no es exclusiva de la Argentina sino parte de una tendencia que afecta a toda la industria tecnológica.







