Colón derrotó brillantemente a Racing y logró el primer título de su historia

En San Juan, el equipo de Eduardo Domínguez superó por 3-0 a Racing con goles de Aliendro, Bernardi y Castro y se consagró campeón de la Copa de la Liga Profesional.

Llegó, Colón. Un día, al fin, llegó. Tuvieron que esperar 116 años, pero ya no les importa a los hinchas sabaleros.

Aquí, al borde del cordón cordillerano en donde las hazañas históricas de liberación no entienden de utopías, aquí mismo Colón gritó campeón por primera vez al golear por 3-0 a Racing en la final de la Copa de la Liga Profesional en San Juan y se liberó de una maldición que le quitaba al sueño desde siempre. Ya no.

Bajo el mando de Eduardo Domínguez, que se transformó en el general libertador de este club que todavía tenía clavada en el corazón las astillas de la Sudamericana perdida en 2019, el conjunto de Santa Fe le torció la mano a los gigantes con buen juego y valentía.

Con Luis Miguel Rodríguez como símbolo, que aunque no haya brillado en esta final quedará como ídolo sin dudas, Colón lideró su zona, la ganó y en la etapa de los mano a mano fue el único que no se achicó, que no demostró temor en su propuesta sobre el césped. Los campeones no se discuten, dicen. Y este Colón mucho menos, porque fue el mejor desde el juego y desde el carácter.

Con varias bajas, incluida la de Facundo Farías por coronavirus, Colón no se cayó ni miró para otro lado. Mantuvo la convicción y logró imponerse también contra Racing, que llegaba con una racha de siete cotejos sin goles en contra, pero que esta vez estuvo muy lejos de merecer coronarse. Y ahora, el Sabalero estará en la Libertadores 2021 y disputará el Trofeo de Campeones ante el ganador del próximo Torneo de la Liga.

Esta final impensada por la realidad de sus protagonistas hasta hace muy poco tiempo atrás no regaló las grandes emociones que hasta aquí tampoco se vieron en los duelos anteriores de cuartos y semifinales. Había una esperanza de que el verdadero espectáculo futbolístico libre de temores se estuviera reservando para la gran cita en Cuyo. Pero no, Colón y Racing no se soltaron y entregaron más de lo mismo, en el primer tiempo.

En ese contexto de pobreza de fútbol, Colón fue, como lo vino siendo a lo largo de este semestre, quien tuvo el coraje de asumir la responsabilidad de agarrar una pelota siempre caliente en las finales y tratar de juntar a sus mejores piernas en el medio. Y así desnudó también la pálida imagen de un Racing que se olvidó que estaba disputando un cruce definitorio.

Cristian Bernardi, apostado como un enlace clásico detrás de los delanteros Cristian Ferreira y Pulga Rodríguez, resultó el encargado de elaborar y protagonizar las poquitas aproximaciones en una primera parte en la que los arcos parecieron lindos cuadros de adorno del Estadio del Bicentenario.

Una conexión por derecha con Alexis Castro, que lo habilitó cuando Bernardi tiró la diagonal. Y otra que el propio Bernardi cedió para la subida de Rodrigo Aliendo fueron los intentos, poco profundos de un equipo santafesino que manejaba los tiempos aunque no tenía la claridad para acelerar en los metros finales.

Racing, como en sus últimas presentaciones, optó por ofrecerle gentilmente a su rival la tenencia. Pizzi se mantuvo en su plan que le venía dando resultado; no quiso dominar con la posesión y se sentía mayormente cómodo agazapado en mitad de cancha, donde recién allí empezaba a apurar a los jugadores adversarios. Le venía saliendo bien, hasta que se topó con un equipo que apostó por jugar hacia adelante.

Esperar, robrar y ejecutar el contraataque fue la planificación blanquiceleste en la fresquita noche sanjuanina. Y la punta de lanza de La Academia en ese sentido fue Tomás Chancalay, el ex Colón que se jugó un encuentro muy especial. Chancalay elaboró las dos únicas maniobras que hicieron entrar en calor a los poquitos presentes en la cancha. Primero, a pura gambeta, hizo una apilada messiánica por el medio aunque legó un punto en que no logró avanzar más. Y luego comandó una contra que terminó en un mano a mano de Ignacio Piatti contra Gonzalo Piovi, quien quitó limpio y firme.

Ninguna de las dos situaciones pudo derivar en una jugada de riesgo de gol ante Leonardo Burián. Racing no pateó al arco en esos 45 minutos. Algo que atenta contra las intenciones de todo equipo que pretende campeonar.

Pizzi buscó mover alguna pieza para intentar cambiar una historia muy previsible, al menos de mitad de cancha hacia adelante. Aníbal Moreno entró por un Darío Cvitanich pintado, e Ignacio Piatti, de producción intrascendente, se adelantó varios metros para acompañar a Enzo Copetti y Chancalay. Igual nada cambió.

Colón mantuvo la postura dominante y en una de esas aventuras por la derecha encontró el premio que merecía. Antes del desborde de Facundo Mura, el centro y el gol de Federico Lértora, hubo una buena combinación colectiva iniciada por el propio Lértora y que tuvo la intervención de Alexis Castro y de Cristian Ferreira también.

La salida del Pulga Rodríguez, extenuado, podría haber sido un envión para levantar a un Racing que no se inmutó, siguió igual: pasivo, improductivo. Entonces apareció Bernardi que de la mano de su enorme calidad armó el golazo que quedará en la historia grande de Colón al picarla sobre Chila Gómez, sentenciar la suerte de los de Avellaneda y despejar la recta final de minutos hacia ese título que se aseguró con el tercero de Castro y se festeja desde San Juan hasta Santa Fe.

San Juan, enviado especial (Clarín)

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