La exboxeadora jujeña Alejandra «Locomotora» Oliveras atraviesa una lenta pero alentadora recuperación luego de haber sufrido un accidente cerebrovascular isquémico hace 14 días. Internada en el Hospital José María Cullen, en Santa Fe, su estado clínico comenzó a mostrar mejoras significativas, especialmente en su capacidad respiratoria, lo que abre nuevas expectativas para su rehabilitación
El jefe de Terapia Intensiva del nosocomio, doctor Néstor Carrizo, confirmó este lunes que Oliveras avanza en el proceso de desvinculación del respirador artificial. “Cada día logra mantener la respiración espontánea con menor asistencia”, precisó el profesional, destacando que se trata de “un paso muy importante” en su evolución.
Neurológicamente, la deportista de 47 años responde con intermitencia a estímulos, abre los ojos por momentos y puede ejecutar algunas órdenes motoras con el lado derecho de su cuerpo. En cuanto al resto de sus signos vitales, el cuadro es estable. Sin embargo, se prevé que podría enfrentar secuelas motoras permanentes en el hemicuerpo izquierdo, afectado por el ACV.
El proceso de recuperación, ahora centrado en fortalecer su autonomía respiratoria, permitirá incorporar ejercicios de kinesioterapia con mayor intensidad. El equipo médico subraya que la ex campeona mundial cuenta con un físico privilegiado gracias a años de entrenamiento, lo que contribuye favorablemente a su rehabilitación.
El impacto en la familia y la fuerza de una luchadora
Sus hijos, Alejandro y Alexis, han acompañado de cerca el proceso. “Al principio fue un desconcierto total. No sabíamos lo que estaba pasando. Pero ahora estamos más tranquilos y esperanzados. Mi mamá es una guerrera”, expresó Alejandro, quien también agradeció las muestras de afecto y cadenas de oración recibidas.
La familia reconoció que los primeros informes médicos fueron duros, pero celebran los pequeños avances. “Cuando nos dicen ‘puede respirar por sí sola’, para nosotros es una victoria enorme”, remarcó.
Qué le ocurrió a Oliveras
El ACV ocurrió mientras dormía, lo que impidió que se activara la llamada “ventana terapéutica”, el periodo clave para aplicar tratamientos eficaces como la trombólisis o angioplastía. La demora en la atención complicó el abordaje inicial, y al llegar al hospital presentaba un severo déficit motor en el lado izquierdo.
Fue derivada desde Santo Tomé, donde se encontraba con su familia, al hospital Cullen, donde los estudios confirmaron la obstrucción de una arteria cerebral. Ante un edema que comprometía zonas críticas del cerebro, el 16 de julio se le realizó una craneotomía descompresiva, que permitió estabilizar la presión intracraneana.
Desde entonces, permanece en terapia intensiva bajo seguimiento constante. Aunque aún no ha recuperado movilidad en la mitad izquierda del cuerpo, los médicos valoran positivamente que su estado no haya empeorado y destacan su fortaleza física como un factor clave para su recuperación.







