La dificultad para llegar a fin de mes, el aumento de los alquileres y el crecimiento del endeudamiento están redefiniendo el mapa social en Argentina. Lo que antes marcaba una diferencia clara entre clase media y sectores más vulnerables hoy aparece cada vez más difuso: ambos comparten preocupaciones y estrategias de supervivencia frente a una economía que no da respiro.
Durante una entrevista en Infobae, la exministra porteña María Migliore planteó que el problema no es una confrontación entre clases, sino una realidad común atravesada por la incertidumbre. La sensación de “intemperie” —no saber si se llega a fin de mes, si se podrá sostener el alquiler o cómo enfrentar gastos básicos— se volvió transversal.
En ese escenario, las mudanzas forzadas se multiplican. El encarecimiento de los alquileres empuja tanto a familias de ingresos medios como bajos a desplazarse hacia zonas más alejadas, con el consiguiente impacto en tiempos de traslado, calidad de vida y vínculos cotidianos. Tener trabajo ya no garantiza estabilidad: muchos hogares con ingresos formales también atraviesan dificultades para sostener su nivel de vida.
Los datos refuerzan esta percepción. Según cifras citadas del INDEC, el 40% de los hogares tuvo que vender bienes o usar ahorros para cubrir gastos en el último año, mientras que el 25% recurrió a préstamos. Además, casi la mitad de los argentinos reconoce preocupaciones económicas similares, independientemente de su nivel socioeconómico.
Esto no implica que todas las situaciones sean iguales —no es lo mismo no poder acceder a alimentos que ajustar gastos para pagar un alquiler—, pero sí revela un punto en común: la fragilidad económica se extendió y dejó de ser patrimonio exclusivo de los sectores más vulnerables.
Migliore también cuestionó la forma en que se plantea el debate público, muchas veces en términos de enfrentamiento entre clases. Según su mirada, esa lógica no solo distorsiona el diagnóstico, sino que dificulta la construcción de soluciones estructurales. “La pregunta no es quién está peor, sino por qué se sostienen condiciones que afectan a tantos al mismo tiempo”, planteó.
En ese marco, el desafío pasa por revertir una tendencia que achica la clase media y amplía la sensación de inestabilidad. La coincidencia en los problemas podría ser, al mismo tiempo, una oportunidad: si las demandas son compartidas, también podrían serlo las respuestas.
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