Las cabinas de bronceado triplican el riesgo de melanoma y provocan daños severos en el ADN

Bronceado

Una persona en una cabina de bronceado. (Adobestock)

El uso de cabinas de bronceado con rayos UVA triplica el riesgo de desarrollar melanoma, el cáncer de piel más agresivo, según reveló una investigación realizada en Estados Unidos. El estudio, encabezado por Northwestern Medicine junto a la Universidad de California, demostró por primera vez de manera directa cómo la radiación artificial provoca mutaciones en el ADN que favorecen la aparición de lesiones cancerígenas en amplias zonas del cuerpo.

Los resultados, publicados en la revista científica Science Advances, confirman que el bronceado artificial no solo incrementa el riesgo de melanoma, sino que lo hace de una forma más extendida que la exposición solar natural. El melanoma es el cáncer de piel más mortal y causa más de 55.000 muertes al año en el mundo, cerca de 1.000 de ellas en España.

La investigación analizó los historiales médicos de 32.315 pacientes atendidos en la clínica dermatológica de Northwestern University. De ese total, 7.474 personas reconocieron haber utilizado camas solares y 2.932 presentaban un uso cuantificable. Al compararlos con un grupo de control de 2.925 pacientes que nunca recurrieron al bronceado artificial, los investigadores detectaron una diferencia significativa: el 5,1% de los usuarios de cabinas desarrolló melanoma, frente al 2,1% del grupo sin exposición.

Además, el estudio encontró una relación directa entre la cantidad de sesiones y el riesgo de padecer la enfermedad: a mayor número de exposiciones a rayos UVA, mayor probabilidad de desarrollar melanoma.

Uno de los hallazgos más preocupantes es que la radiación ultravioleta artificial afecta zonas del cuerpo que normalmente reciben poca luz solar, como la espalda baja, los glúteos o el tronco. En estos pacientes, los melanomas aparecieron con mayor frecuencia y en múltiples localizaciones, un patrón similar al observado en casos de melanoma familiar, asociado a predisposición genética.

Para profundizar el análisis, el equipo liderado por el dermatólogo Pedram Gerami realizó biopsias de piel sana en la espalda de 11 usuarios intensivos de camas solares —con más de 50 sesiones— y las comparó con muestras de dos grupos de control. Los resultados mostraron que los melanocitos de quienes se bronceaban en interiores tenían el doble de mutaciones genéticas que los demás grupos.

“Incluso en piel aparentemente normal, sin lunares visibles, encontramos mutaciones precursoras que predisponen al melanoma. Esto nunca se había demostrado antes”, explicó Gerami. Según detalló, mientras la exposición solar al aire libre suele afectar de manera más intensa a alrededor del 20% de la superficie corporal, en los usuarios de cabinas solares se detectaron mutaciones peligrosas en casi toda la piel.

El estudio concluye que la radiación de las camas solares aumenta la carga mutacional de los melanocitos y amplía el campo de células afectadas, incrementando significativamente el riesgo de cáncer.

Ante este escenario, los investigadores advirtieron sobre la necesidad de reforzar las políticas de prevención. Gerami sostuvo que el bronceado artificial debería contar con advertencias sanitarias similares a las del tabaco y remarcó: “Como mínimo, el uso de camas solares debería estar prohibido para menores de edad”.

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