Aunque durante décadas se creyó que fumar era la única causa del cáncer de pulmón, hoy se sabe que entre el 10% y el 25% de los casos se presentan en personas que nunca fumaron. En algunos grupos, como mujeres asiáticas o asiático-estadounidenses, el porcentaje supera el 50%.
Este tipo de cáncer, aún poco comprendido, está atrayendo la atención de científicos que buscan nuevas estrategias de detección y tratamiento.
Un diagnóstico inesperado
En 2017, Annie Chen, una mujer de 48 años, comenzó a sentir dificultades para respirar. Aunque su padre había muerto de cáncer de pulmón, su médico desestimó la posibilidad de una enfermedad similar porque ella nunca había fumado. Dos años después, fue diagnosticada con cáncer de pulmón en estadio 4. Su caso refleja una tendencia preocupante: cada vez más personas jóvenes, mujeres y personas de ascendencia asiática son diagnosticadas sin antecedentes de tabaquismo.
“La imagen del hombre fumador ya no representa todos los casos de cáncer de pulmón”, advirtió Heather Wakelee, jefa de oncología en la Universidad de Stanford.
Qué se sabe hasta ahora
La ciencia empieza a distinguir diferencias entre el cáncer de pulmón en fumadores y en no fumadores. Estos últimos presentan mutaciones específicas y factores de riesgo diferentes. Un estudio internacional liderado por la doctora María Teresa Landi, del Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU., reveló que ciertas mutaciones son más comunes en personas expuestas a altos niveles de contaminación del aire, como en Hong Kong, Taiwán y Uzbekistán.
Además, otros factores ambientales podrían influir, como la exposición al radón, el asbesto, los vapores de aceites de cocina, el humo de segunda mano o incluso compuestos usados en la medicina tradicional china, como el ácido aristolóquico, hoy prohibido.
También se sospecha de una combinación de genética y entorno. Personas con antecedentes familiares tienen un riesgo mayor, incluso sin haber fumado, como ocurrió con Sandra Liu, de 59 años, diagnosticada tras una tomografía de rutina mientras visitaba China.
¿Quiénes deberían hacerse estudios?
En Estados Unidos, los estudios de detección están dirigidos a fumadores de entre 50 y 80 años con antecedentes prolongados de consumo. Esto deja fuera a los no fumadores, en quienes muchas veces el diagnóstico llega cuando el cáncer ya está avanzado.
Investigaciones recientes, como un estudio piloto en mujeres asiático-americanas realizado por Elaine Shum y su equipo en NYU Langone Health, sugieren que ampliar los criterios podría salvar vidas. Un ensayo similar en Taiwán permitió detectar cáncer en el 2,6% de no fumadores con factores de riesgo, y motivó la inclusión de estas personas en los programas de cribado.
Aun así, persisten los desafíos: aumentar las pruebas podría derivar en falsos positivos y tratamientos innecesarios. “¿Y si estamos extirpando tumores que nunca hubieran causado daño?”, se pregunta Natalie Lui, cirujana torácica de Stanford. Pero también señala que ha visto muchos casos de cáncer agresivo en no fumadores que podrían haberse detectado antes con estudios adecuados.
Nuevos tratamientos, nuevas esperanzas
Aunque el diagnóstico tardío es un problema frecuente, los avances terapéuticos han mejorado la supervivencia de muchos pacientes. Leah Phillips, madre de tres hijos, fue diagnosticada con cáncer de pulmón metastásico a los 43 años. Sin haber fumado nunca, al principio le dieron solo meses de vida. Tras recibir un tratamiento dirigido a una mutación específica, ha superado el pronóstico y celebra hoy los logros escolares de sus hijos.
Hoy, Phillips lidera una organización para concientizar sobre el cáncer de pulmón en personas jóvenes y no fumadoras. “La gente aún se sorprende cuando les digo que tengo cáncer de pulmón, pero nunca fumé”, dice. “Ya no es solo el cáncer de los abuelos”.







