Cinco nutrientes respaldados por la ciencia muestran potencial para ralentizar el envejecimiento, según un informe avalado por la SEMAL
La búsqueda de estrategias para vivir más y mejor ha dejado de ser solo un interés filosófico o cultural: en la última década se transformó en un campo de investigación médica con fuerte respaldo académico. En ese contexto, un reciente informe avalado por especialistas en medicina antienvejecimiento identificó cinco nutrientes que presentan la evidencia más sólida para retrasar procesos biológicos asociados al envejecimiento y la aparición de enfermedades crónicas.
El análisis fue acompañado por el médico Ángel Durántez Prados, referente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL), quien remarcó que buena parte de los hallazgos proviene de estudios animales, aunque los primeros ensayos en humanos muestran resultados alentadores. El especialista sostiene que una nutrición adecuada puede influir sobre la velocidad con la que envejecemos y sobre el riesgo de desarrollar patologías vinculadas al deterioro metabólico, inmunológico o cardiovascular.
A continuación, los nutrientes señalados por los científicos y qué se sabe hasta ahora sobre su efecto.
- Resveratrol: el polifenol más observado por la ciencia
De entre los compuestos considerados “geroprotectores”, el resveratrol es el más investigado. Se encuentra naturalmente en uvas, frutos rojos y algunas plantas y destaca por sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias e inmunomoduladoras.
Los estudios preclínicos sugieren que podría mejorar parámetros cardiovasculares y metabólicos a través de la activación de vías relacionadas con las sirtuinas –proteínas clave en la regulación del envejecimiento celular–. Sin embargo, los trabajos clínicos muestran una eficacia más moderada y todavía no permiten afirmar que prolongue la longevidad humana. Tampoco existe consenso sobre dosis ni sobre protocolos de suplementación.
- Quercetina: un flavonoide con potencial senolítico
La quercetina está presente en alimentos cotidianos como cebolla, manzana, brócoli y cítricos. Harvard Health la destaca por su capacidad antioxidante y antiinflamatoria, pero en los últimos años cobró especial interés por su posible efecto senolítico —la eliminación de células envejecidas que acumulan daño y contribuyen al deterioro de los tejidos—.
Investigaciones en modelos animales y en humanos apuntan a beneficios sobre el colesterol LDL, la presión arterial y marcadores celulares asociados al envejecimiento. En algunos ensayos se utiliza combinada con fármacos para potenciar su acción. Sus posibles aplicaciones se estudian en enfermedades pulmonares, metabólicas y cardiovasculares.
- Vitamina B3 y derivados: impacto sobre el metabolismo y el ADN
La vitamina B3 —y sus formas niacina, ribósido de nicotinamida (NR) y mononucleótido de nicotinamida (NMN)— se obtiene principalmente de carnes, pescados, legumbres y cereales. Su rol central es mantener los niveles celulares de NAD+, un cofactor esencial para la producción de energía, la reparación del ADN y la actividad de las sirtuinas.
Los estudios en animales mostraron mejoras musculares, cognitivas y cardiovasculares, mientras que los ensayos en humanos confirmaron que tanto el NMN como el NR elevan el NAD+ sin efectos adversos relevantes. Se investigan además sus posibles beneficios sobre la presión arterial, el metabolismo energético y la composición corporal. La comunidad científica espera resultados de estudios a largo plazo para determinar su alcance real en la longevidad.
- Vitamina D: un clásico que vuelve al centro del debate
Conocida por su papel en la salud ósea, la vitamina D también cumple un rol crucial en la respuesta inmunitaria. Se obtiene del pescado azul, los huevos, algunos lácteos y las setas, aunque la síntesis cutánea por exposición solar sigue siendo la principal fuente.
El déficit es frecuente en la población adulta mayor y se asocia con mayor riesgo de osteoporosis, osteosarcopenia, infecciones y cuadros autoinmunes. Sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes la convirtieron en un aliado en la prevención del deterioro inmunológico vinculado al envejecimiento. Los especialistas recomiendan asegurar niveles adecuados y, de ser necesario, recurrir a suplementación bajo supervisión médica.
- Glicina: un aminoácido con impacto en la función mitocondrial
La glicina es un aminoácido no esencial presente en carnes y pescados, especialmente en el tejido conjuntivo. Estudios recientes mostraron que su combinación con N-acetil-cisteína —conocida como GlyNAC— favoreció la longevidad y mejoras cardiovasculares en modelos animales, además de un mejor rendimiento físico y aumento de la eficiencia mitocondrial.
Si bien la evidencia clínica todavía es preliminar, su papel en la reducción del estrés oxidativo y en la modulación del sistema inmune despierta interés entre los investigadores.
Un aporte, no una solución mágica
Los especialistas coinciden en que estos nutrientes no reemplazan los pilares clásicos de la salud —actividad física, buen descanso, dieta equilibrada y control médico—, sino que podrían funcionar como complementos dentro de estrategias de prevención del envejecimiento biológico.
Durántez Prados recomienda individualizar el uso de suplementos, evitar la automedicación y esperar los resultados de los ensayos avanzados antes de generalizar su consumo.







