Octavio Argüello, Jorge Sola y Cristian Jerónimo, más Gerardo Martínez, luego de la proclamación del triunvirato de la CGT (
En la Casa Rosada destacan el perfil dialoguista de la nueva conducción sindical y evalúan abrir una instancia de consulta antes de enviar el proyecto al Congreso.
En plena redacción del proyecto de reforma laboral, el Gobierno nacional evalúa convocar a los nuevos titulares de la Confederación General del Trabajo (CGT) antes de presentar oficialmente la iniciativa en el Congreso, prevista para las sesiones extraordinarias de diciembre.
En los despachos de Balcarce 50 reina la expectativa por la nueva conducción de la central obrera, encabezada por Octavio Argüello (Camioneros), Jorge Sola (Seguros) y Cristian Jerónimo (Vidrio), a quienes en el entorno presidencial califican como “una renovación positiva” dentro del sindicalismo.
De acuerdo con fuentes cercanas al Ejecutivo, la idea de un nuevo encuentro con la cúpula sindical “está sobre la mesa”, aunque aún en etapa preliminar. La eventual convocatoria seguiría la línea de los contactos previos mantenidos con el entonces jefe de Gabinete Guillermo Francos y el asesor presidencial Santiago Caputo.
Un intento de acercamiento con la CGT
Mientras avanza la redacción del texto que el oficialismo define como una “modernización del sistema laboral”, el Gobierno busca incluir al sindicalismo en la discusión, aunque aclara que la última palabra la tendrá la Casa Rosada. El Consejo de Mayo, que sesiona mensualmente en el Ministerio del Interior, funciona como uno de los espacios de articulación. En ese ámbito, la CGT está representada por el titular de la UOCRA, Germán Martínez.
Sin embargo, el propio Martínez fue categórico respecto de las diferencias existentes. En un comunicado reciente, afirmó que la central mantiene un “rechazo contundente” a cualquier intento de reforma inspirado en el Decreto 70/23, y remarcó que no hay consenso en los borradores discutidos hasta el momento.
Los ejes de la reforma
Aunque el Gobierno aún no reveló la letra final del proyecto, el ministro de Economía Luis Caputo adelantó algunos lineamientos: reducción de cargas patronales, creación de un fondo de cese en reemplazo de las indemnizaciones tradicionales y la implementación de un nuevo régimen de empleo para incentivar la formalidad. También se analiza una disminución de las deducciones del Impuesto a las Ganancias.
Uno de los puntos que genera mayor inquietud en la CGT es la posible inclusión de un control previo para la realización de asambleas en las empresas, medida que —según dirigentes sindicales— podría limitar el derecho a la protesta y el llamado a medidas de fuerza.
Expectativas y límites del diálogo
Desde la Casa Rosada destacan el perfil de los nuevos dirigentes y creen posible reabrir canales de diálogo. No obstante, Jerónimo aclaró en declaraciones recientes que “no habrá negociación ciega sobre la reforma laboral”, aunque sí manifestó disposición para sentarse a debatir. “Estamos dispuestos a dialogar, también tenemos nuestras propuestas”, afirmó.
La CGT, por su parte, propone la creación de mesas tripartitas que incluyan al Ejecutivo y al sector empresario, para construir consensos en torno a las modificaciones. Esa idea había sido parte de acuerdos previos que nunca se concretaron.
Si finalmente se concreta la convocatoria, el Gobierno buscará reeditar el diálogo que meses atrás mantuvieron Carlos Acuña (Estaciones de Servicio) y Héctor Daer (Sanidad) con Francos y el secretario de Trabajo Julio Cordero, quienes habían comenzado a discutir el capítulo de la reforma referido a los bloqueos sindicales.
La Casa Rosada apuesta a que el nuevo escenario sindical, más abierto al diálogo, permita descomprimir tensiones y avanzar en la discusión de una reforma clave para el programa económico del presidente. Sin embargo, en el movimiento obrero advierten que no avalarán retrocesos en los derechos laborales y que cualquier intento en ese sentido encontrará una firme resistencia.







