Wanda Nara regresó al país tras varias semanas en el exterior y volvió a quedar en el centro de la escena mediática. La empresaria arribó a la Argentina junto a Martín Migueles, luego de un extenso recorrido por Europa y Asia, en el que combinó descanso con gestiones vinculadas a su separación de Mauro Icardi.
El dato que más llamó la atención fue la cantidad de equipaje: 18 valijas que reflejan tanto la magnitud del viaje como el complejo contexto personal que atraviesa. Sin embargo, más allá de la logística, lo que marcó su llegada fue su actitud ante la prensa. Pese a las reiteradas preguntas de los cronistas, Wanda optó por el silencio absoluto y evitó cualquier tipo de declaración, una postura que también replicó Migueles.
El regreso no fue inmediato ni sencillo. Durante su estadía en el exterior, Wanda permaneció varios días a la espera de la entrega de pertenencias que aún se encontraban en la vivienda que compartía con Icardi en Estambul. Este punto, según trascendió, se convirtió en un nuevo foco de tensión dentro del proceso de divorcio, ya que incluye no solo objetos de valor económico, sino también elementos personales y pertenencias de sus hijos.
En paralelo a estas gestiones, la empresaria mantuvo una agenda de viajes que incluyó escalas en Milán —por cuestiones judiciales—, luego un paso por las Islas Maldivas como instancia de descanso, y finalmente una estadía en Japón, donde combinó turismo y actividades recreativas.
La imagen de su llegada, rodeada de valijas y sin emitir palabra, sintetiza el momento que atraviesa: una etapa de transición marcada por disputas legales, reorganización familiar y una fuerte exposición mediática.






