Entre diagnósticos absurdos y situaciones delirantes, la obra explora lo bizarro de la vida cotidiana con una mirada irónica y desopilante (Gentileza de Gisella Sirera y Eliana Villanueva)
Dirigida por Gisella Sirera y protagonizada por Eliana Villanueva —actriz de noche y profesional de Recursos Humanos de día—, En busca del sexo perdido se consolidó como uno de los fenómenos teatrales del verano porteño, combinando humor bizarro, crítica social y una conexión directa con el público.
El teatro no se toma vacaciones en la calle Corrientes. Aun en pleno verano y con temperaturas elevadas, las salas continúan recibiendo espectadores que buscan historias capaces de hacerlos reír, pensar o, idealmente, ambas cosas a la vez. En ese contexto, En busca del sexo perdido logró destacarse como una de las propuestas más convocantes de la temporada, con carcajadas que trascienden la sala y funciones que agotan localidades semana tras semana.

La obra, que se presenta en la Sala Cortázar del Paseo La Plaza, sitúa su acción en la sala de espera de una clínica tan caótica como reconocible. Allí conviven una paciente obsesionada con su salud, médicos atrapados en sus propios conflictos, una visitadora médica atenta a todo y una recepcionista con mínima vocación de servicio. El resultado es una sucesión de situaciones absurdas que, desde el humor, ponen en jaque los mandatos sociales, la identidad y las neurosis contemporáneas.
Detrás de esta comedia bizarra está la mirada de Gisella Sirera, actriz, docente y directora, quien volcó en la obra experiencias personales atravesadas por el dolor y la observación aguda de lo cotidiano. “Toda comedia tiene una tragedia detrás”, reconoce, al contar que la idea surgió durante un período personal difícil, cuando transformar la realidad en humor fue una forma de sanar.
El elenco aporta una energía coral que potencia cada escena, pero una de las historias que más resuena entre el público es la de Eliana Villanueva, actriz que divide su vida entre el escenario y una oficina corporativa. De día trabaja en el área de Recursos Humanos de una empresa de telecomunicaciones; de noche, se transforma en una de las protagonistas de esta clínica delirante. “Es como tener una doble vida”, bromea, convencida de que el humor y la comunicación atraviesan ambos mundos y se retroalimentan.
Para Sirera, dirigir en la calle Corrientes es una recompensa al recorrido y la constancia. Para Villanueva, un sueño cumplido. Ambas coinciden en que el mayor logro es la respuesta del público: espectadores que vuelven, recomiendan la obra y se reconocen en los personajes exagerados, pero profundamente humanos.
Más allá de las risas, En busca del sexo perdido propone algo simple y poderoso: detenerse un rato, olvidarse de los problemas y permitirse reír de uno mismo. Porque, como repiten desde el escenario y fuera de él, el humor no cura todo, pero ayuda —y mucho— a atravesarlo.







