Rodrigo Paz asumió la presidencia de Bolivia con una economía al borde del colapso

Rodrigo Paz

Rodrigo Paz, durante su discurso ante la Asamblea (Luis Gandarillas/Pool via REUTERS)

Rodrigo Paz Pereira juró este sábado como nuevo presidente de Bolivia en una jornada cargada de simbolismo político. La ceremonia en la Asamblea Legislativa Plurinacional marcó el inicio de una nueva etapa tras más de dos décadas del Movimiento Al Socialismo (MAS) en el poder, y dejó en claro el diagnóstico del mandatario sobre la situación nacional: “El país que recibimos está devastado”.

Con la banda presidencial recién colocada, Paz no tardó en lanzar una crítica frontal a sus predecesores Evo Morales y Luis Arce. “Nos dejan una economía quebrada, las reservas internacionales más bajas en 30 años, inflación, escasez, deuda, desconfianza y un Estado paralizado”, enumeró. Y en un tono más enérgico, preguntó: “¿Qué carajo hicieron con la bonanza?”.

El nuevo jefe de Estado apeló a la unidad y llamó a “despojarse de ideologías” para reconstruir el país. “Bolivia decidió despertar y lo hizo de pie, con el arma más poderosa que existe: el voto y la democracia”, sostuvo, ante un Parlamento que lo escuchó entre aplausos y murmullos.

Un giro político y diplomático

A la investidura asistieron los presidentes Javier Milei (Argentina), Gabriel Boric (Chile), Santiago Peña (Paraguay), Yamandú Orsi (Uruguay) y Daniel Noboa (Ecuador), además de una delegación de Estados Unidos encabezada por Christopher Landau, secretario del Departamento de Estado. La amplia representación internacional reflejó el cambio de rumbo que pretende imprimir el nuevo gobierno: “Nunca más una Bolivia aislada del mundo”, proclamó Paz.

El gesto simboliza el fin de una era de aislamiento diplomático. Tras 17 años sin relaciones formales con Estados Unidos y más de 40 con Chile, el mandatario prometió “reinsertar a Bolivia en el mundo” y abandonar la línea antiimperialista que caracterizó al MAS.

Un presidente con apellido histórico

Economista de 58 años, Rodrigo Paz es hijo del ex presidente Jaime Paz Zamora (1989-1993). Nacido en Santiago de Compostela durante el exilio de su padre, desarrolló una carrera política constante: fue diputado, concejal, alcalde y senador antes de alcanzar la Presidencia.

Su victoria en las elecciones fue tan sorpresiva como contundente. Contra los pronósticos, superó en el balotaje al ex presidente conservador Jorge Quiroga, con el 54% de los votos y triunfos en seis de las nueve regiones del país. Los analistas coinciden en que una parte clave de su éxito se debe a su compañero de fórmula, Edmand Lara, ex policía y figura mediática en redes sociales por sus denuncias de corrupción.

“Capitalismo para todos” y promesas de reconstrucción

Durante la campaña, Paz apostó por un discurso dirigido a los trabajadores informales —que representan cerca del 80% de la fuerza laboral— con mensajes simples y efectivos como “capitalismo para todos”. Su propuesta logró conectar con un nuevo sector popular: una clase media emergente de origen indígena que prosperó durante los años del MAS y hoy busca modernidad y ascenso social.

En su discurso inaugural, el mandatario ratificó su plan económico basado en descentralizar recursos públicos, fomentar la producción nacional y eliminar trabas burocráticas. Anunció también una futura reforma tributaria y programas de crédito accesible para reactivar la economía.

De la austeridad al pragmatismo

Paz prometió en campaña que no buscaría financiamiento externo hasta “ordenar la casa”. Sin embargo, como presidente electo, cambió de rumbo: viajó a Estados Unidos, se reunió con representantes del FMI, el BID, el Banco Mundial y la CAF, y consiguió un crédito millonario. Ese giro pragmático calmó a las élites empresariales, que inicialmente lo observaban con cautela.

En los días previos a su asunción, mantuvo reuniones con emprendedores de El Alto y empresarios de Santa Cruz, las dos regiones más influyentes del país. Les habló de unidad y de abrir las puertas del comercio internacional para “salir juntos de la crisis”.

Un país en emergencia económica

El flamante presidente inicia su gestión en medio de una tormenta: déficit fiscal, inflación, recesión, escasez de combustible y reservas al límite. Prometió un gabinete técnico para “llevar a buen puerto” al país y propuso al Parlamento alcanzar un “Acuerdo Nacional del Bicentenario” que permita trabajar con todas las fuerzas políticas.

“No se transforma la patria, se transforma el Estado tranca. Ese es mi compromiso con ustedes”, aseguró, antes de cerrar con un mensaje de esperanza: “Estamos de pie, firmes por la patria y decididos a reconstruirla. Vamos a salir de esta”.

El desafío, enorme, pondrá a prueba tanto su liderazgo como la paciencia de un país agotado por la crisis.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×
Scroll al inicio