Operación Narnia: el plan israelí que eliminó en una noche a la cúpula militar y a los cerebros nucleares de Irán

Iraníes

Dos ataques coordinados redefinieron la guerra encubierta entre Israel e Irán. En una acción sin precedentes, la inteligencia israelí ejecutó una doble ofensiva que desmanteló el núcleo del poder militar iraní y neutralizó a sus principales científicos nucleares en una sola noche. El operativo, denominado “Operación Narnia”, tomó su nombre de la saga literaria de C.S. Lewis, y fue ejecutado con un nivel de sigilo y precisión que sorprendió incluso a los principales servicios de inteligencia del mundo.

Una distracción cuidadosamente orquestada
Según reveló The Wall Street Journal, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, utilizó un viaje familiar como cortina de humo mientras se preparaba la ofensiva. El 13 de junio de 2025, simultáneamente a una maniobra bautizada como “Red Wedding”, Israel lanzó dos ataques sincronizados: uno contra altos mandos militares iraníes, a más de 1.600 kilómetros de Tel Aviv, y otro contra nueve científicos nucleares en sus domicilios de Teherán.

Este segundo ataque, la “Operación Narnia”, fue concebido para eliminar de forma simultánea a los especialistas responsables del programa atómico iraní, impidiéndoles ocultarse o dar la alarma. El golpe, considerado improbable incluso por sus planificadores, marcó un antes y un después en la guerra encubierta que Tel Aviv sostiene contra Teherán desde hace décadas.

El engaño que precedió al ataque
Como parte de la estrategia, Israel filtró deliberadamente rumores sobre tensiones con Estados Unidos y sobre la necesidad de coordinación con Washington para cualquier acción militar, mientras avanzaba en secreto con los preparativos. Funcionarios israelíes simulaban esperar el desenlace de negociaciones con Irán, cuando en realidad tropas y aviones ya estaban listos para el despliegue.

Un oficial citado por The Wall Street Journal señaló que esta percepción errónea permitió movilizar unidades sin levantar sospechas. La estrategia se reforzó con declaraciones públicas del expresidente Donald Trump y de líderes israelíes en favor de la vía diplomática, incluso el mismo día de la ofensiva.

Una red de inteligencia forjada durante décadas
Desde mediados de los años 90, Israel documenta con precisión el desarrollo del programa nuclear iraní. A lo largo de los años, construyó una compleja red de espionaje y ejecutó sabotajes selectivos, pero los altos mandos israelíes concluyeron que sería necesario un ataque integral que eliminara tanto infraestructura como personal clave.

La planificación definitiva comenzó en noviembre de 2024, con la participación de más de 120 oficiales de inteligencia y de la Fuerza Aérea. Se elaboró un listado de más de 250 objetivos: científicos, bases militares, radares, instalaciones nucleares y lanzadores de misiles.

Capacidades tácticas y logísticas al límite
El desafío de recorrer más de 1.600 km exigió a los pilotos israelíes entrenarse en vuelos de largo alcance, múltiples recargas de combustible en aire y precisión absoluta. Estos ejercicios se realizaron en el extranjero, como quedó demostrado en 2008 con la «Operation Glorious Spartan» en Grecia.

El nuevo escenario geopolítico facilitó la ofensiva: la caída del régimen proiraní en Siria liberó corredores aéreos y los ataques previos contra hutíes en Yemen sirvieron como ensayo. Además, en 2024, Israel ya había destruido sistemas antiaéreos rusos S-300 en territorio iraní, debilitando las defensas de Teherán.

Drones encubiertos y sabotaje interno
El Mossad infiltró cientos de drones de ataque dentro de Irán, ocultos en maletas y contenedores, listos para ser ensamblados cerca de baterías antiaéreas y bases de misiles. Estos sistemas no tripulados probaron su capacidad en la víspera del ataque, debilitando las defensas iraníes desde dentro.

Ejecución quirúrgica y resultados inmediatos
La ofensiva fue ejecutada en apenas cuatro horas. La aviación israelí neutralizó radares y sistemas defensivos mientras se eliminaba a los principales líderes militares. Un movimiento inesperado de los altos mandos aéreos iraníes obligó a recalcular la operación, pero finalmente todos se reagruparon en una sola base, lo que facilitó su eliminación conjunta.

En paralelo, los domicilios de los científicos fueron atacados de forma sincronizada, asegurando el éxito de la “Operación Narnia”. El resultado fue la eliminación casi total de los objetivos definidos con meses de antelación.

Consecuencias estratégicas
Durante los doce días posteriores, Israel continuó sus bombardeos sobre instalaciones balísticas y centros de investigación nuclear. Aunque el nivel exacto de destrucción aún se debate, el golpe alteró profundamente el equilibrio de poder en la región.

El gobierno israelí sostiene que la ofensiva impidió que Irán siga enriqueciendo uranio a niveles militares, y Netanyahu afirmó que se abrió una oportunidad para ampliar los acuerdos de paz con países árabes.

Sin embargo, analistas advierten que el ataque podría tener un efecto contrario: acelerar el esfuerzo de Teherán por reconstruir su programa nuclear con mayor determinación y sigilo.

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