Miércoles 2 de septiembre de 2026

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La ONU advierte que el mundo superará pronto un umbral clave del calentamiento global: “Cada fracción de grado costará vidas”

El límite de 1,5 °C es la barrera que los países fijaron en el Acuerdo de París para evitar los efectos más graves del cambio climático. Un nuevo informe de la ONU advierte que será superado en poco tiempo, aunque todavía es posible limitar el impacto si se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Por María Eugenia Cazeneuve

El mundo está cada vez más cerca de superar un umbral clave de la crisis climática. Un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advierte que el planeta superará pronto los 1,5 °C de calentamiento respecto de la era preindustrial, el límite establecido por los países en el Acuerdo de París para evitar los efectos más graves del cambio climático.

Sin embargo, el diagnóstico no implica que todo esté perdido. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sostiene que todavía existe margen para reducir los daños si los países aceleran sus políticas climáticas, disminuyen drásticamente las emisiones y fortalecen las medidas de adaptación.

Superar los 1,5 °C aumentará los riesgos
El informe parte de una conclusión contundente: con la trayectoria actual de las emisiones, el planeta ya no logrará mantenerse por debajo de los 1,5 °C en el corto plazo.

La meta fue consagrada en el Acuerdo de París de 2015 como un límite destinado a reducir los riesgos asociados al cambio climático. Superarla no significa que se produzca un colapso inmediato, pero sí implica un aumento progresivo de los riesgos, ya que cada fracción adicional de calentamiento puede incrementar la frecuencia y la intensidad de los fenómenos extremos.

El PNUMA advierte que, una vez superado ese nivel, se agravarán los impactos sobre la salud humana, la producción de alimentos, el acceso al agua y la estabilidad de los ecosistemas.

En términos concretos, esto supone olas de calor más peligrosas, inundaciones más destructivas, incendios forestales más difíciles de contener y un deterioro de las condiciones de vida, especialmente en las regiones más vulnerables.

También aumentará la exposición de los pequeños Estados insulares y de las ciudades costeras bajas, amenazados por el aumento del nivel del mar.

El informe señala, además, el riesgo de alcanzar puntos de inflexión que podrían desencadenar cambios difíciles o imposibles de revertir, entre ellos la pérdida parcial de capas de hielo en la Antártida occidental y Groenlandia o la degradación de sectores de la Amazonia.

“Cada fracción de grado costará vidas, destruirá medios de subsistencia, profundizará la desigualdad y acercará a los ecosistemas a daños irreversibles”, afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres.

Todavía es posible limitar el exceso de calentamiento
A pesar de la gravedad del escenario, el informe no plantea que el futuro esté completamente definido. El PNUMA analiza la posibilidad de que el calentamiento supere temporalmente los 1,5 °C y que posteriormente pueda volver a situarse por debajo de ese nivel hacia finales de siglo.

Para que ese escenario sea posible, el exceso de temperatura debería ser limitado y durar el menor tiempo posible. Al mismo tiempo, sería necesario aplicar recortes drásticos de las emisiones y sostener durante décadas las medidas de adaptación.

“Debemos hacer que el exceso sea lo más pequeño y breve posible”, afirmó Guterres al presentar el documento.

Según el secretario general de la ONU, esto requiere acelerar el abandono de los combustibles fósiles y la expansión de las energías renovables, reducir de manera significativa las emisiones de metano y proteger los bosques, las tierras y los océanos.

La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, sostuvo que todavía es posible “volver al buen camino”. Para ello, planteó una estrategia que combine mitigación, adaptación y fortalecimiento de la resiliencia, en lugar de abordar cada una de estas dimensiones de manera aislada.

El informe propone, en ese sentido, actuar simultáneamente en tres frentes: una respuesta inmediata para reducir las emisiones, medidas de adaptación y contención de los daños inevitables, y una estrategia de resiliencia a largo plazo.

Reducir las emisiones sigue siendo la prioridad
Uno de los autores del informe, el investigador Andy Reisinger, describió el documento como “una llamada de atención a gobiernos e industrias”, pero aclaró que no constituye una razón para abandonar el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 °C.

La adaptación será cada vez más necesaria a medida que aumenten los impactos climáticos, pero tiene límites. Por eso, la reducción de emisiones continúa siendo la condición fundamental para limitar el calentamiento futuro.

El PNUMA insiste en que la prioridad debe ser avanzar hacia emisiones netas cero, acelerar la transición fuera de los combustibles fósiles, ampliar el uso de energías renovables y reducir de manera drástica las emisiones de metano.

El informe también contempla la necesidad de retirar dióxido de carbono de la atmósfera para contribuir a revertir la tendencia de calentamiento. Entre las alternativas menciona la restauración de ecosistemas y la forestación, además de tecnologías destinadas a capturar directamente el carbono del aire y almacenarlo.

No obstante, el organismo advierte que estas herramientas no pueden sustituir la reducción de emisiones. Su utilización a gran escala también requerirá marcos de gobernanza sólidos que permitan evitar efectos ambientales y sociales negativos.

Cada fracción de grado importa
Las conclusiones del informe coinciden con las advertencias de distintos especialistas. Richard Betts, profesor de impactos climáticos de la Universidad de Exeter, señaló que el mundo debe trabajar para limitar los daños, acelerar las medidas de adaptación y fortalecer la resiliencia de las poblaciones y los ecosistemas más vulnerables.

En la misma línea, el investigador Raffaele Bernardello, del Barcelona Supercomputing Centre (BSC), destacó que “cada fracción de grado y cada año por encima de 1,5 °C importan” y deben reducirse al mínimo.

Según Bernardello, las tres etapas planteadas por el informe —respuesta inmediata, contención y resiliencia a largo plazo— deben entenderse como partes de una misma estrategia, en la que mitigación y adaptación avancen de manera simultánea.

El meteorólogo Ernesto Rodríguez, presidente de la Asociación Meteorológica Española, consideró que el escenario todavía puede ser “factible y esperanzador” si el sobrepaso se limita a unas pocas décimas de grado y se mantiene durante un período relativamente breve.

Sin embargo, advirtió que volver a situar la temperatura por debajo de los 1,5 °C requerirá no solo una reducción urgente de las emisiones, sino también métodos capaces de retirar carbono de la atmósfera a gran escala.

Una ventana que todavía está abierta, pero se achica
La advertencia de la ONU llega después de meses marcados por récords de temperatura, incendios, inundaciones y otros fenómenos extremos que evidencian hasta qué punto el cambio climático dejó de ser una amenaza lejana.

Lo que está en juego ya no es únicamente el cumplimiento de una meta diplomática. También está en juego la capacidad de las sociedades para limitar las pérdidas humanas, económicas y ambientales que se producirán durante las próximas décadas.

Andy Reisinger advirtió que el fracaso en reducir las emisiones ya se traduce en muertes relacionadas con el calor, alteraciones en la producción de alimentos, pérdida de hielo en regiones montañosas y polares y episodios recurrentes de blanqueamiento masivo de corales.

Además, los impactos no se distribuyen de manera uniforme. Las comunidades más vulnerables, las regiones costeras, los pequeños Estados insulares y las poblaciones con menor capacidad de adaptación serán las que enfrenten mayores costos.

El mensaje final del informe es contundente, pero no resignado: el mundo probablemente no llegará a tiempo para evitar por completo el sobrepaso de los 1,5 °C, pero todavía puede decidir cuánto se superará ese límite, durante cuánto tiempo y qué parte de los daños será posible evitar.

La ventana de oportunidad permanece abierta, aunque se estrecha rápidamente. Cada décima de grado que pueda evitarse significará menos riesgos, menores pérdidas y mayores posibilidades de adaptación para las generaciones futuras.

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