Gabriel Romanelli, cura argentino en Gaza
El sacerdote argentino Gabriel Romanelli, responsable de la Iglesia de la Sagrada Familia en Gaza, ofreció un duro testimonio sobre la situación humanitaria en la Franja tras los recientes enfrentamientos entre Israel y el grupo terrorista Hamas. “Gaza está triturada, hay ciudades enteras que ya no existen”, afirmó en diálogo con Infobae en Vivo, donde describió la devastación y el sufrimiento de millones de civiles atrapados en el conflicto.
Romanelli, quien vive hace seis años en Gaza y forma parte del Instituto del Verbo Encarnado, relató que la guerra destruyó zonas completas como Rafah, Beit Lahia, Jabalia y Shuja’ia, y remarcó que “una injusticia no se subsana con otra”. “La gente está harta, quiere vivir. Gaza está en ruinas, y la presión internacional recae sobre los más indefensos”, lamentó.
El sacerdote explicó que su parroquia, ubicada en el barrio de Beit Un, funciona como refugio para cientos de desplazados. “Gracias a un pozo antiguo, abastecemos de agua a unas 450 personas y a todo el barrio. También asistimos a más de 13 mil familias con alimentos”, señaló.
Consultado sobre las imágenes de ejecuciones públicas atribuidas a Hamas, Romanelli fue contundente: “Es una barbaridad injustificable. Hay niños que ven esas escenas. ¿Cuánto tiempo llevará enseñarles otro camino?”. También expresó dudas sobre los acuerdos de paz en curso, mediado por Estados Unidos: “Nadie sabe realmente qué se firmó ni cuándo se implementará. Todo es muy incierto”.
Respecto al futuro político de la región, el sacerdote destacó la necesidad de renovar los liderazgos: “Con los mismos autores no se lograrán efectos distintos. Como dice el patriarca de Jerusalén, hay que formar nuevos líderes que construyan paz, justicia y reconciliación”.
Romanelli recordó además su vínculo cercano con el papa Francisco, con quien mantiene comunicación frecuente. “Siempre se mostró muy preocupado por Gaza y nos brindó su apoyo espiritual. Es un pastor muy cercano, incluso en los peores momentos”, contó.
Finalmente, el misionero argentino dejó un mensaje esperanzador: “Que Dios conceda la paz a Palestina, a Israel y a todos nosotros. Este mundo lo necesita”.






