La tercera bomba retumbó cerca de las 17:30 y desató la escena más esperada: el descenso por el Cerro Blanco. Cientos de diablos coparon las calles de Uquía ante una multitud que llegó desde distintos puntos de la provincia y el país para vivir a pleno el Carnaval 2026
Con la cobertura minuto a minuto, la tarde del sábado 14 de febrero se transformó en una verdadera postal quebradeña, con talco en el aire, música ancestral y una energía colectiva que convirtió al pueblo en una fiesta sin fronteras.
Bombas, cerro y una marea de diablos
Como marca la tradición, las bombas fueron anunciando la cuenta regresiva a lo largo del día. La última detonación, ya entrada la tarde, fue la señal definitiva: desde lo alto del cerro comenzó a descender una marea de trajes multicolores, máscaras imponentes y cascabeles que resonaban al compás de cajas y bombos.

La organización había anticipado la participación de entre 350 y 400 diablos, además de una convocatoria estimada en 10 a 15 mil visitantes por jornada. Sin embargo, distintos reportes señalaron cifras aún mayores en el momento del descenso, cuando vecinos y turistas colmaron los alrededores del pueblo para acompañar el rito.
Una celebración que se vive desde adentro
El rasgo distintivo del desentierro en Uquía es que no hay espectadores pasivos: la comparsa se mezcla con el público y el espectáculo se construye entre todos. No existen límites claros entre quienes bajan del cerro y quienes esperan en las calles; la celebración es colectiva y envolvente.
Al ritmo de erkes, cajas y bombos, en plena Quebrada de Humahuaca, la Bajada de los Diablos volvió a reafirmar su identidad como uno de los momentos más emblemáticos del carnaval jujeño.
Además de Los Alegres de Uquía, también participó la comparsa Los Puyaya, de perfil más tradicional y familiar. La previa incluyó festivales y encuentros culturales que calentaron motores para un fin de semana largo que promete seguir vibrando al ritmo del carnaval.







