Cada 21 de enero la provincia celebra el Día del Payaso Jujeño, una fecha que cumple dos décadas y que rinde homenaje al arte del clown local y a una figura inolvidable: Pirulín.
La conmemoración reconoce el trabajo de quienes animan escenarios, plazas y eventos sociales, y reúne a artistas y familias en distintos puntos del territorio.
Antes de tener calendario definido, los payasos jujeños festejaban el 10 de diciembre, en coincidencia con el Día Internacional del Payaso, una efeméride que tiene fuerte arraigo en México. Con el tiempo, el colectivo decidió diferenciarse y apostar por una identidad provincial.
La elección del 21 de enero surgió para honrar el natalicio de Pirulín, uno de los clowns más queridos de la provincia. Tras su muerte, los homenajes espontáneos dieron paso al consenso y la fecha quedó instalada en la agenda cultural jujeña.
De la Plaza de los Inmigrantes al estadio de Palpalá
Las primeras celebraciones fueron modestas: intervenciones a la gorra y encuentros comunitarios en la Plaza de los Inmigrantes. Luego, la actividad se trasladó a la peatonal Belgrano para aprovechar el flujo de transeúntes y turistas.
El crecimiento del evento motivó un nuevo cambio de escenario y hoy la fiesta se desarrolla en el estadio olímpico de Palpalá, con espectáculos, recorridas, talleres y actividades abiertas al público.
Pirulín y la huella del clown jujeño
Pirulín dejó un legado que marcó a varias generaciones de artistas. Su presencia en fiestas populares y eventos comunitarios lo convirtió en referente del humor local, apreciado tanto por su estilo escénico como por su cercanía con el público.
El Día del Payaso se inscribe así como gesto de memoria y reconocimiento hacia quienes continúan el oficio en barrios, escuelas, teatros y festividades culturales.
La nariz roja: un símbolo accidental
En diálogo con Canal 4, el payaso Yogurcito repasó una teoría curiosa sobre el origen de la clásica nariz roja. Según relató, el elemento habría surgido tras un golpe en escena que provocó sangrado sobre el maquillaje blanco. La reacción del público ante el contraste cromático derivó en el recurso humorístico que se consolidó como símbolo universal del clown.
Estilos y matices dentro del clown
Yogurcito también distinguió los principales arquetipos del clown tradicional:
Cara Blanca: orden, elegancia y autoridad.
Augusto: caos, torpeza y humor físico.
Vagabundo: melancolía y comicidad sutil.
A estas categorías se suman modalidades contemporáneas como el payaso social, el de fiesta, el mimo, el contra-augusto o incluso el payaso terror, que exploran otros lenguajes y públicos.
Para muchos artistas jujeños, convertirse en payaso no es simplemente crear un personaje, sino expresar una forma de estar en el mundo. Esa vocación sostiene una tradición cultural que hoy forma parte del paisaje comunitario: desde cumpleaños y festivales barriales hasta ciclos culturales y actividades institucionales.







