José Escamilla, Jessica González de Cosío, Selma Talha Jebri, Michael Fung, Mercedes Mateo Díaz y Javier Guzmán
La educación superior atraviesa un punto de inflexión. Ese fue el consenso que atravesó el panel de apertura de la 11ª edición del IFE Conference, que comenzó en el Tecnológico de Monterrey con la participación de referentes internacionales que debatieron cómo deben transformarse las universidades para no perder relevancia frente a los cambios demográficos, tecnológicos y sociales.
El encuentro se desarrolló en un contexto inusual para la ciudad: una ola de frío extremo obligó a suspender clases presenciales y modificó la logística del evento. Sin embargo, el clima fue apenas una anécdota frente al debate central: el modelo universitario tradicional ya no responde a las demandas actuales.
La conferencia de prensa reunió a José Escamilla, director asociado del Instituto para el Futuro de la Educación (IFE), junto a Mercedes Mateo Díaz (BID), Selma Talha Jebri (WISE), Michael Fung (IFE), Javier Guzmán (Tec de Monterrey) y Jessica González de Cosío (Tec de Monterrey).
El fin del modelo rígido
Jessica González de Cosío abrió el debate señalando que las universidades están migrando lentamente desde esquemas tradicionales hacia modelos más flexibles, impulsados por la transformación digital y la inteligencia artificial. El foco, sostuvo, debe estar en el desarrollo de habilidades para un mercado laboral en permanente cambio y en políticas que reduzcan brechas de acceso e inclusión.
También planteó un desafío transversal: el cambio climático. “Las universidades deben decidir si serán espectadoras o actores que generen soluciones y lideren procesos de regeneración ambiental”, afirmó.
Flexibilidad para estudiantes reales
Desde WISE, Selma Talha Jebri puso el acento en los estudiantes no tradicionales: quienes trabajan, tienen familia o provienen de contextos vulnerables. Para ellos, explicó, el fracaso académico no suele deberse a falta de capacidades, sino a sistemas pensados para una disponibilidad de tiempo completo.
Entre las propuestas destacó trayectorias educativas flexibles, modalidades híbridas, evaluaciones adaptables, reconocimiento de saberes previos y sistemas de apoyo académico y emocional. Además, subrayó la necesidad de supervisión humana de la IA para evitar sesgos que profundicen desigualdades.
Aprender durante toda la vida
Michael Fung, director ejecutivo del IFE, planteó que el impacto tecnológico obliga a pensar a la universidad como un centro de aprendizaje permanente. Si bien la innovación educativa existe, advirtió que no logra escalar por la falta de enfoques sistémicos.
“Después de la Iglesia, las universidades siguen siendo de las instituciones más confiables”, afirmó, y remarcó su rol clave en la validación de saberes y en la articulación con el mundo productivo.
Recuperar el humanismo
Desde el BID, Mercedes Mateo Díaz llamó a repensar el rol humano en un mundo atravesado por la inteligencia artificial. Alertó sobre los déficits del sistema educativo en América Latina y sostuvo que el desafío no pasa por ajustes menores, sino por una transformación profunda.
“La universidad debe volver a ser un centro humanista de pensamiento, capaz de liderar la reflexión sobre cómo convivimos con tecnologías que superan nuestro potencial cognitivo”, planteó.
Investigación con impacto social
El cierre estuvo a cargo de Javier Guzmán, vicepresidente de Investigación del Tec de Monterrey, quien cuestionó la lógica de rankings y publicaciones sin impacto real. Defendió una investigación aplicada, orientada a resolver problemas concretos y vinculada al emprendedurismo y la innovación interdisciplinaria.
“El conocimiento no puede quedar encerrado en papers”, afirmó.







