Luis Caputo, ministro de Economía
El Gobierno argentino había decidido avanzar con cautela en su retorno a los mercados de capitales tras casi ocho años de ausencia. El primer paso era limitado y estratégico: una colocación local de un Bonar 2029, de vencimiento corto y con un cupón alto del 6,5% anual para garantizar atractivo. Pero un factor inesperado alteró el clima financiero: la turbulencia política en Brasil.
El anuncio inicial generó entusiasmo. Los ADR argentinos en Wall Street saltaron con fuerza y los bonos en dólares acompañaron con mejoras. Sin embargo, el impulso se desinfló rápidamente: las acciones cerraron con bajas superiores al 3% y los títulos quedaron casi sin cambios.
El giro estuvo del otro lado de la frontera. Jair Bolsonaro, actualmente detenido, confirmó su apoyo a la candidatura presidencial de su hijo Flávio, desoyendo la preferencia del mercado, que apostaba por el gobernador paulista, Tarcisio de Freitas. La reacción fue inmediata: el Bovespa cayó más del 5% y el dólar subió. Con un año entero por delante para las elecciones, la campaña se anticipó y la volatilidad también.
Ese ruido externo complica el plan argentino de lograr un debut lo más prolijo posible con el Bonar 2029, una prueba clave antes de volver a buscar financiamiento en el exterior.
El desafío: lograr una tasa razonable
La licitación comenzará el miércoles y el Gobierno apunta a conseguir un rendimiento en torno al 9%–9,5% anual. Hoy, el AL29 —el instrumento más comparable— rinde 9,8% en dólares. Su versión bajo ley extranjera (GD29) paga menos, cerca de 7,5%, por su mayor percepción de seguridad.
Más allá del monto que se capte, la emisión tiene un propósito central: acelerar la baja del riesgo país, que se mantiene firme cerca de los 600 puntos. Una caída hacia los 450 puntos sería el punto de inflexión para un regreso más sólido a los mercados internacionales. En paralelo, el Tesoro también negocia con bancos internacionales, que —según confirmó Caputo— ofrecieron hasta USD 7.000 millones en financiamiento fresco.
El FMI vuelve a presionar y la inflación marca límites
En los últimos días, el Fondo Monetario renovó el reclamo de acumulación de reservas, el flanco más débil del programa económico. Caputo señaló que el Banco Central podría comprar hasta USD 7.000 millones en 2026 como parte de la remonetización, pero esas compras requieren respaldo: sin financiamiento externo, acumular reservas sin recalentar la inflación es un riesgo.
Justamente, los precios vuelven a tensarse. Consultoras como Econviews y LCG detectaron fuertes aumentos en alimentos y bebidas en el arranque de diciembre, con subas de casi 4% en cuatro semanas. Eso coloca al índice general del mes por encima del 2%. Pese a esto, el Relevamiento de Expectativas de Mercado mantiene su pronóstico optimista: inflación por debajo del 2% en enero y un posible 1,5% hacia mayo.
Tasas en retroceso y un ojo puesto en la actividad
La calma cambiaria ayudó a que las tasas en pesos se derrumbaran. Algunos bancos ya pagan entre 21% y 22% anual, la mitad de lo que ofrecían semanas atrás. Para empresas, los costos financieros de corto plazo también bajaron hacia el 30%, lo que podría impulsar tímidamente el crédito y el nivel de actividad.







