El sector panadero atraviesa una de sus etapas más complejas en los últimos años. El incremento sostenido en el precio de la harina, las tarifas de servicios y otros insumos esenciales empuja a las panaderías a una situación crítica, mientras las ventas registran una fuerte caída que ya provocó el cierre de miles de comercios en todo el país.
Desde la Federación de Panaderos de Merlo alertaron que el precio actual del pan quedó desfasado frente al aumento de costos y advirtieron que una suba resulta inevitable, aunque reconocen que trasladar ese ajuste al consumidor podría profundizar aún más la crisis.
Martín Pinto, presidente de la entidad y referente de la Cámara de Industriales Panaderos, graficó la delicada coyuntura del rubro con una frase contundente: “Si aumentamos nos fundimos, y si no aumentamos, nos fundimos igual”.
Actualmente, el kilo de pan se comercializa en Merlo a valores que oscilan entre los 2.800 pesos en barrios y los 3.300 pesos en zonas céntricas, aunque desde el sector sostienen que debería ubicarse entre 4.500 y 5.000 pesos para cubrir costos operativos y obtener un margen mínimo de rentabilidad.
La presión sobre la estructura de costos se explica, principalmente, por el fuerte aumento de la harina, que acumuló subas superiores al 20% en los últimos meses. A esto se suman incrementos en grasas, margarinas, alquileres, energía eléctrica y gas, insumos indispensables para la actividad.
A este escenario se suma una fuerte retracción en las ventas. Según datos del sector, durante el primer trimestre del año las panaderías registraron una caída del 45% en las ventas respecto al mismo período del año pasado, mientras que si se toma como referencia los últimos dos años, la baja alcanza el 60%.
La merma no solo afecta al pan, sino también a productos de mayor elaboración como facturas, tortas, masitas y sándwiches de miga, cuyo consumo cayó notablemente como consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo.
Desde el sector aseguran que el impacto social es cada vez más evidente. Muchos clientes reducen las cantidades compradas o directamente dejan de consumir ciertos productos básicos. Incluso, advierten que aumentó la cantidad de personas que se acercan a pedir ayuda en lugar de realizar compras.
En este contexto, desde la Federación señalaron que en los últimos dos años cerraron alrededor de 2.800 panaderías en Argentina, reflejando la gravedad de una crisis que consideran inédita para la actividad.
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