El nivel de endeudamiento de los hogares argentinos muestra señales de alerta. Durante enero de 2026, la morosidad en créditos otorgados por fintechs y entidades no bancarias se ubicó cerca del 25%, evidenciando un deterioro sostenido en la capacidad de pago.
De acuerdo con informes de consultoras privadas, como EcoGo y 1816, la irregularidad en este segmento alcanzó el 23,9% y superó el 27% en algunas estimaciones, cifras que duplican e incluso cuadruplican los niveles registrados en el sistema financiero tradicional.
El fenómeno no se limita a casos aislados: afecta de manera generalizada a todo el universo de crédito no bancario, que incluye billeteras virtuales y financieras. En este contexto, la proporción de préstamos en situación regular cayó de 92,1% en diciembre de 2024 a 76,1% en enero de 2026, lo que implica una baja de más de 16 puntos porcentuales en poco más de un año.
Además, los créditos catalogados como “irrecuperables” treparon al 8%, casi triplicando el nivel observado a fines de 2024.
Uno de los factores centrales detrás del deterioro es el alto costo del financiamiento. Según el análisis de 1816, las tasas de interés en entidades no financieras han sido históricamente más elevadas que en los bancos, llegando a ser hasta un 90% superiores.
En febrero de 2026, los préstamos personales en el sistema financiero registraron una tasa efectiva anual cercana al 96,8%, mientras que en el segmento no bancario las tasas reales podrían superar el 140%, lo que incrementa significativamente el riesgo de incumplimiento.
Si bien el crédito no bancario representa una porción menor del total (13,3%), su peso dentro del financiamiento al consumo alcanza el 17,1%, lo que amplifica su impacto sobre la economía doméstica.
En paralelo, la banca tradicional también evidencia un deterioro. Datos del Banco Central muestran que la mora en bancos llegó al 9,3% en diciembre y continuó en ascenso durante enero, alcanzando el 10,6% en préstamos a familias, el nivel más alto en más de dos décadas.
Los informes coinciden en que el aumento de la morosidad es un fenómeno de carácter macroeconómico, impulsado por tasas de interés elevadas, mayor volatilidad financiera y condiciones más restrictivas para acceder a refinanciaciones.
Desde la calificadora Moody’s advierten que la calidad de los activos será el principal desafío para el sistema financiero en el corto plazo. La entidad prevé que la morosidad seguirá en aumento en los próximos meses antes de estabilizarse hacia mediados de 2026.
En este escenario, el endurecimiento de las condiciones crediticias y el encarecimiento del dinero continúan complicando a los hogares, en un contexto donde el acceso al financiamiento se vuelve cada vez más limitado y riesgoso.
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