El precio de los combustibles en Argentina volvió a ubicarse en el centro de la escena económica, con subas que superan ampliamente la inflación general y golpean de lleno el bolsillo de los consumidores.
En el último año, la nafta súper de YPF pasó de $1.173 a $1.920 en la Ciudad de Buenos Aires, lo que representa un incremento del 63,6%. Se trata de una suba que prácticamente duplica el avance del Índice de Precios al Consumidor, que en el mismo período acumuló alrededor de 33,1%.
Subas generalizadas en todos los combustibles
El aumento no se limitó a la nafta súper. En el mismo lapso:
La nafta premium subió de $1.449 a $2.145 (+48%).
El diésel premium trepó de $1.448 a $2.128 (+46,9%).
En otras compañías, la tendencia fue similar. En Axion Energy, la nafta súper pasó de $1.214 a $1.937 (59%), mientras que en Shell el salto fue de $1.238 a $1.990 (60,7%).
Si bien en las últimas semanas hubo presión adicional por el conflicto en Medio Oriente, con aumentos cercanos al 15%, la escalada de precios en Argentina responde en gran medida a factores internos que vienen desde hace tiempo.
La nafta súper, en el centro de la estrategia
Un dato clave ayuda a entender el fenómeno: la nafta súper es el combustible más demandado. Según datos oficiales, uno de cada dos metros cúbicos vendidos en CABA corresponde a este producto.
Esa alta demanda explica por qué las petroleras concentraron allí los mayores incrementos. Sin embargo, la estrategia empieza a mostrar efectos:
Las ventas de nafta súper cayeron 3% interanual.
La nafta premium creció 2%.
El gasoil común retrocedió 11%, mientras que el diésel premium subió 4%.
Esto sugiere un cambio en los hábitos de consumo, donde algunos usuarios migran a combustibles de mayor calidad o reducen directamente el consumo.
Un escenario abierto hacia adelante
Con precios liberados y definidos por cada estación de servicio según su estrategia comercial, el comportamiento del mercado en los próximos meses dependerá de múltiples factores: la evolución del tipo de cambio, los costos internos, la demanda y el contexto internacional.
Lo cierto es que, por ahora, cargar combustible sigue aumentando muy por encima del promedio de la economía, consolidándose como uno de los rubros con mayor presión sobre el gasto cotidiano.







