Argentina y Chile, los abastecedores de litio a Estados Unidos

Litio

La guerra por el ‘oro blanco’, China y Estados Unidos posan sus ojos en la zona del Triángulo del Litio (Archivo DEF)

El litio volvió al centro de la escena geopolítica y económica global. Según el informe Mineral Commodity Summaries 2026 del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la Argentina y Chile abastecen el 97% del litio que importa Estados Unidos, consolidando el peso estratégico del Cono Sur en el mercado del llamado “oro blanco”.

En detalle, el documento precisa que Argentina explicó el 43% de las importaciones estadounidenses y Chile el 54%, en un contexto en el que el litio figura entre los minerales cuya importación supera el 50% del consumo interno de EEUU. El dato cobra especial relevancia en medio de la nueva estrategia sobre minerales críticos lanzada por el presidente Donald Trump, que busca asegurar suministros mediante acuerdos bilaterales, precios mínimos y acumulación de reservas estratégicas.

Fuerte crecimiento de la demanda y recuperación del precio
El informe del USGS destaca que la demanda global de litio continuó en expansión durante 2025, impulsada principalmente por el mercado de baterías para vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético.
La producción mundial —excluyendo la de EEUU— creció 31%, pasando de 222.000 toneladas de litio metálico en 2024 a 290.000 en 2025. El consumo, en tanto, aumentó 20% y los precios repuntaron en la segunda mitad del año, tras el fuerte ajuste bajista registrado entre 2023 y 2024.

En China, el precio spot del carbonato de litio subió 11% hacia noviembre de 2025, mientras que el espodumeno (litio de roca) avanzó 21%. De acuerdo con la consultora Trading Economics, en los últimos doce meses el precio del litio acumuló una suba del 88%, superando incluso el rendimiento del oro en el mismo período.

Argentina, el país que más creció
Dentro del ranking global, la Argentina fue el país con mayor expansión productiva. Pasó de 13.800 toneladas de litio metálico en 2024 a 23.000 en 2025, un salto superior al 66%. En términos de carbonato de litio —la unidad habitual del sector— equivale a más de 120.000 toneladas.
Si bien todavía se ubica detrás de Australia, China, Chile y Zimbabue en volumen total, las proyecciones indican que podría escalar posiciones en 2026 y los años siguientes, gracias al ramp-up de proyectos ya operativos y al ingreso de nuevos desarrollos.

En cuanto a reservas, Argentina y Chile concentran en conjunto el 36% de las reservas mundiales, por encima de Australia (22,7%) y China (12,4%). Si se amplía la mirada a “recursos” —depósitos aún no plenamente explotables— el denominado “Triángulo del Litio” (Argentina, Chile y Bolivia) reúne 64 millones de toneladas, más de seis veces el volumen estimado para China.

La disputa con China y la “narrativa” del sodio
Aunque China domina más del 60% de la capacidad global de procesamiento de litio, su posición es más débil en la etapa primaria de extracción y reservas. Esto explica el interés estratégico de Washington en fortalecer vínculos con países productores sudamericanos.
En paralelo, Beijing impulsa una alternativa tecnológica: las baterías de ion de sodio desarrolladas por CATL, el mayor fabricante mundial de baterías. Este mes, la empresa lanzó junto a Changan Automobile el primer vehículo eléctrico equipado con batería de sodio.

Las ventajas que promocionan son menor costo —el sodio es más abundante—, menor inflamabilidad y mejor desempeño a temperaturas extremadamente bajas. Sin embargo, la principal limitación sigue siendo su menor densidad energética, lo que implica una autonomía significativamente inferior respecto de las baterías de ion de litio.

Para analistas del sector, la apuesta por el sodio funciona también como herramienta de presión sobre el mercado, en lo que algunos denominan la “narrativa china” destinada a moderar expectativas de escasez y, con ello, influir sobre los precios internacionales del litio.

Un mineral clave en la transición energética
Hoy, el 88% del litio producido en el mundo se destina a la fabricación de baterías. El resto se reparte entre cerámica y vidrio, grasas lubricantes, tratamiento de aire y aplicaciones médicas.
En este escenario, la combinación de crecimiento de la demanda, recuperación de precios y tensiones geopolíticas confirma que el litio seguirá siendo uno de los minerales estratégicos de la transición energética. Y en esa disputa global, la Argentina —junto a Chile— ocupa un lugar decisivo.

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